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Estreno

Una parodia de la televisión más hortera con un sorprendente Raphael La gran noche de Raphael

El cantante es lo más sorprendente y divertido de 'Mi gran noche', la última película de Alex de la Iglesia.

Que Alex de la Iglesia es un genio de la comedia más bestia y bizarra no puede ponerse en duda. Que sea un director con vis cómica es otro cantar. De la Iglesia nos gana habitualmente por K.O. visual, por originalidad y porque su ingeniosa imaginería es como un castillo de fuegos artificiales: por muchos que veamos es casi imposible abstraerse de su poder hipnótico. Pero que riamos a carcajadas con sus chistes no es algo que haya sucedido frecuentemente en ninguna de sus películas. Mi gran noche, su último trabajo, pretende ser una comedia, digamos, algo más tradicional. Y no es que Alex de la Iglesia haya renunciado ni al humor negro, ni al esperpento, ni al gag violento. Es sencillamente que todo eso está algo más medido aquí, en un fallido intento por resultar menos bruto y más gracioso. El resultado es, en consecuencia, también más tibio. Nada de lo que vemos en Mi gran noche nos aburre, pero tampoco nos divierte ni nos interesa demasiado. Lo mejor es verla como lo que es: una inofensiva parodia de la televisión más hortera con un sorprendente Raphael y con un desfile de estrellas que ni Torrente.

Mi gran noche es la película más coral de Alex de la Iglesia. Por ella desfilan rostros tan conocidos como los de Mario Casas, Blanca Suárez, Santiago Segura, Hugo Silva, Carmen Machi, Terele Pávez, Pepón Nieto, Carlos Areces, Ana Polvorosa, Eduardo Casanova, Antonio Velázquez, Luis Fernández, Enrique Villén, Carmen Ruiz, Tomás Pozzi, Carolina Bang, Toni Acosta o Luis Callejo. Pero está, indudablemente, hecha al servicio de un Raphael que termina siendo el gran descubrimiento de la cinta. El cantante no es ni un gran cómico ni un gran actor, pero los momentos más divertidos son suyos. Es cierto que tiene las mejores frases del guión y que en casi todas sus escenas le da la réplica ese grandísimo comediante que es Carlos Areces. Pero, sea como fuere, el resultado es que Raphael se lleva el gato al agua con un delirante personaje de divo elevado al infinito que mucho y muy poco tiene a la vez de si mismo.

La última ocurrencia de Alex de la Iglesia transcurre durante el accidentado rodaje de un especial de Nochevieja para la televisión. Todo el mundo implicado, desde el director de la cadena y sus empleados, hasta los presentadores, los artistas invitados y los extras que hacen de público, tienen tanto de normal como un ciempiés con alas. De la Iglesia se burla de esa televisión casposa que sigue teniendo su hueco en pleno siglo XXI, del maltrato laboral, de la corrupción, de los divos de ayer y hoy y de las oportunistas de extraradio. Tal vez demasiados ingredientes para un mismo plato. El resultado es una comedia azul oscura más que negra, mucho menos subversiva de lo que pretende y con un argumento que no tiene ningún interés porque también es lo que menos importa en la película. Queda, eso sí, un filme que se deja ver, que se sigue sin bostezar, que a ratos sorprende y que nos regala un par de momentos entre Raphael y Areces realmente divertidos. Solo por este par de escenas Mi gran noche merece la pena.

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