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Estreno

El mexicano Amat Escalante nos invita a una sesión de cine salvaje con su nueva películaLa región salvaje (2016), el cine asilvestrado de Amat Escalante

El director de las polémicas 'Los bastardos' y 'Heli' regresa agitando retinas y ánimos con una inclasificable mezcla de drama social, terror y ciencia ficción.

Películas abruptas, desgarradas y muy violentas como Sangre (2005), Los bastardos (2008) y, sobre todo, Heli (2013) pusieron a Amat Escalante en el punto de mira del circuito festivalero. Su combinación de retrato social crítico con la exhibición de escenas de impacto llega a una nueva dimensión con La región salvaje (2016), donde se atreve con una insólita incursión en el género fantástico.

Si obviásemos su prólogo, los primeros compases de La región salvaje parecen retrotraernos al universo que Amat Escalante ya componía en sus películas Los bastardos y Heli. Nada más lejos de la realidad. El dibujo de un México donde los más bajos instintos y la perversidad se revelan a poco que se rasque en su superficie va dando paso a una relato que propondrá, con la irrupción del elemento fantástico, no ya un giro copernicano en la trama, sino un complemento a la crítica de contornos tremendistas (que no hiperrealistas) que su autor viene practicando desde el desazonador cortometraje Amarrados (2002).

El relato se centra en una familia tradicional que apenas oculta sus “trapos sucios”. El marido, maltratador consumado, oculta su homosexualidad a su retraída esposa, de cuyo hermano es amante. Todo cambiará cuando una joven, de procedencia incierta, traba contacto con cada uno de ellos y les presenta una realidad que liberará todas sus pulsiones, al tiempo que impondrá entre ellos una particular forma de justicia. Hasta aquí podemos leer si no queremos mitigar la sorpresa que aguarda, agazapada, en una zona campestre (¿la región del título, quizás?).

Los espectadores neófitos en las maneras de Amat Escalante encontrarán en La región salvaje una película que desbordará expectativas y que a más de uno  impactará. Precisamente la intención de un realizador que se precia de levantar el escándalo en los festivales donde su criatura se ha estrenado, como Venecia o San Sebastián. La indudable potencia que desprende el conjunto, que agarra al respetable y no le suelta hasta su cortante final, y el endiablado ritmo de la historia sirven como muestra, para la mirada prejuiciada, de que el cine mexicano es bastante más que una cinematografía especializada en facturar filmes de problemática social para consumo occidental. La región salvaje abraza desprejuiciadamente el cine de género, mutándolo en una metáfora social y en un alegato contra la represión y el puritanismo sexual.

Los referentes manejados son, claramente, otros popes de la provocación y el juego con las expectativas cinéfilas, como Carlos Reygadas y Lars von Trier (el director de fotografía, Manuel Alberto Claro, así como los encargados de los efectos especiales, forman parte del equipo habitual del cineasta danés). Precisamente ahí reside el mayor inconveniente de una película que es menos novedosa de como se presenta.

La confluencia entre la deconstrucción familiar y la disrupción pasional y  fantástica está de sobra tratada no solo en estos autores (predilectos del mundillo de los festivales más prestigiosos), sino en ilustres precedentes como Posesión, la obra maestra de Andrzej Zulawski con la que la película que nos ocupa guarda no pocas concomitancias argumentales e iconográficas. A la luz de estas referencias (cuya influencia Escalante, para ser justos, no oculta) La región salvaje pierde bastante de la ambigüedad que caracterizaba a aquellas. La película es demasiado literal y repite argumentos ya muy tratados. Su búsqueda del impacto y la imagen escandalizadora, aunque alabable, sabe también a operación muy meditada. Por mucho que se esté contando una historia de impulsos irreprimibles, nunca desaparece la sensación de asistir a un prototipo de provocación de arte y ensayo diseñado con escuadra y cartabón. Para que la película fuese más kamikaze, quizás le sobraba tanta planificación y literalidad.

Queda pese a todo La región salvaje como un intento remarcable por marcar las distancias con la ya mencionada obligación realista del cine latinoamericano. Y como una propuesta que, con sus calculados excesos, es de lo más estimulante que nos podremos echar a las pupilas en, probablemente, mucho tiempo. Si no se amedrentan fácilmente, ándenle y denle una oportunidad.

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