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Estreno

La señal, una superproducción de saldo

Esta película logra crear una atmósfera lo suficientemente inquietante como para enganchar y no aburrir.

Tras su críptico, hipnótico y prometedor debut en 2011 con Love, el joven realizador estadounidense William Eubank regresa al género de la ciencia-ficción con La señal, su segundo largometraje. Esta vez, sin embargo, Eubank ha optado por contarnos una historia con menos reminiscencias filosóficas y bastante más entretenida y comprensible, a pesar de los muchos interrogantes que deja sin respuesta en el camino. La señal no es una película redonda ni especialmente original, pero es una propuesta más que interesante, llena de imágenes y momentos tan poderosos como fascinantes. Eubank maneja muy hábilmente el suspense y saca un gran partido a recursos como la fotografía o la música. Pero lo mejor, sin duda, es su talento para rentabilizar los apenas tres millones de euros que ha tenido como presupuesto y con los que ha logrado rodar un filme lleno de epatantes efectos visuales (fueron reconocidos con un premio en el Festival de Sitges) y con hechuras, casi, de gran superproducción.

Hay que reconocerle a Eubank su talento para atraparnos en la maraña de una trama desconcertante y confusa, que no llegamos a comprender del todo hasta la secuencia final. Su historia arranca cuando dos estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la novia de uno de ellos, de viaje en coche a California, deciden desviarse del camino para encontrarse con un hacker que lleva tiempo retándoles. La pista del pirata informático les lleva hasta una cabaña abandonada donde son atacados. Después, sin explicación aparente, despiertan en unas enigmáticas instalaciones científicas (muy inspiradas en la mítica Área 51 del desierto de Nevada) de las que no se les permite salir. A partir de ahí, lo que en principio se nos prometía como una peli más de terror juvenil pasa a convertirse en un claustrofóbico y trepidante thriller a caballo entre la ciencia ficción, el drama y el cine de acción. Eubank, y ahí está uno de los mayores méritos de esta cinta, logra mantenernos pegados a la silla sin saber nunca que está ocurriendo exactamente. Y al final, cuando ya sabemos lo que ha pasado, nos deja las suficientes dudas como para que La señal siga permaneciendo en nuestra cabeza durante algún tiempo.

Es posible que William Eubank prime a ratos el envoltorio visual sobre el argumento. Y es que, a pesar del abuso de recursos tan manidos como la cámara lenta o los primeros planos, la estética es seguramente el elemento más logrado de La señal. Aún así, este rompecabezas lleno de enigmas, sorpresas y giros tan inesperados como de desigual interés logra crear una atmósfera lo suficientemente inquietante y misteriosa como para enganchar y no aburrir. Probablemente, a algunos espectadores les decepcione tanto cabo suelto o una estética y un argumento que, a priori, podrían parecer dirigidos a un público muy joven. Sin embargo, La señal es un filme mucho más inteligente que la media en su género y está resuelto con algo más de talento del habitual por estos lares. El reparto también cumple con su cometido. Brenton Thwaites, Olivia Cooke y Beau Knapp, tres prometedores jóvenes con carreras incipientes, dan la réplica más que correctamente al veterano Laurence Fishburne, la única estrella del elenco.

Una respuesta a La señal, una superproducción de saldo

  1. Pablo dijo:

    Si el cine es espectáculo, nada como la ciencia ficción para hacer cine.

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