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Conviene enfrentarse a la película de Rita Azevedo Gomes como si de un duelo a vida o muerte se tratara‘La venganza de una mujer’, un melodrama exigente y exquisito

La directora portuguesa Rita Azevedo Gomes ofrece un estilizadísimo melodrama de ritmo exigente pero cuerpo exquisito.

La directora portuguesa Rita Azevedo Gomes (Frágil Como o Mundo, A Colecção Invisível) es una gran desconocida fuera de los círculos cinéfilos, incluso en su propia tierra. Sus películas circulan por los festivales de medio mundo, y su corta filmografía ha sido objeto de múltiples retrospectivas, pero rara vez ha visto una de sus obras estrenada en salas comerciales, ni siquiera en aquellas que se dicen alternativas (con la excepción de su Portugal natal, y la siempre curiosa Francia). Y en este sentido estamos de suerte, porque una minúscula distribuidora ha decidido arriesgarse a colocar en las carteleras españolas su última creación, La venganza de una mujer (A Vingança de Uma Mulher, 2012), un acotado y estilizadísimo melodrama de ritmo exigente pero cuerpo exquisito, que hará las delicias de aquellos espectadores dispuestos a enfrentarse a ella, como si de un duelo a vida o muerte se tratara.

La historia es una adaptación libre de un cuento del escritor decadentista francés Jules Barbey d’Aurevilly, con el que se cerraba su más famosa colección de relatos, Las diabólicas (1874). Roberto (Fernando Rodrigues), un dandy refinado y libertino, ha caído víctima de un profundo hastío. Pocos secretos y deleites parece guardarle la vida a una persona que cree haber disfrutado de todos sus placeres y descubierto todos sus entresijos. Al menos hasta que una noche, tras un rutinario y tedioso deambular por los salones lisboetas –franceses en el original–, se cruza con una misteriosa mujer (Rita Durão) que llama su atención, al combinar maneras de prostituta y ademanes de aristócrata. Decide acompañarla a casa, persiguiendo una noche de pasión, pero el encuentro acaba convirtiéndose en una larga confesión, donde ella le relata su atroz historia.

Historia truculenta sobre el amor, el honor y la venganza, pero muy diferente de esos magistrales Misterios de Lisboa (2010) con los que Raoul Ruiz alcanzaba las cumbres cinematográficas del folletín decimonónico. Primero, porque en lugar de una trama laberíntica, tan del gusto literario de la época, aquí el relato se desenrolla lentamente, sin grandes enigmas ni contorsiones narrativas, sino con paso firme y cada vez más gravoso, hasta desvelar el infierno en vida de una mujer que ya ha planeado su muerte, a modo de retorcida vendetta. Y segundo, porque en lugar de poner en escena los conflictos narrados en forma un deleitoso baile de cuerpos y máscaras, como hizo Ruiz, la directora ha preferido erigir una obra autoconsciente de su naturaleza representativa, que debe mucho más a las vanguardias modernistas que al teatro y al cine de vocación realista.

Azevedo Gomes inicia su historia desde las bambalinas, presentando a un narrador que invade en diferentes ocasiones el universo de los personajes, para presentar un nuevo acto o comentar una vieja acción. Y recurre a una batería de medios expresivos para comunicar su historia, hasta el punto de que las interacciones entre los personajes, recurso expresivo normalmente privilegiado en el cine, queda aquí desplazado a un segundo plano. Mueve el cuerpo de sus personajes lentamente por el espacio, de pose en pose, con mayor vocación pictórica que dramática. Y deja que éstos declamen sus líneas con gran solemnidad y parsimonia, cargando sus interpretaciones con un pesar que dota de gravedad a la tragedia contada, incluso más allá de lo que la escena exige. Compensa la falta de expresividad corporal con una preciosa banda sonora modernista, que utiliza para animar los hieráticos cuerpos, convirtiéndose en muchas ocasiones la melodía en el principal medio de acceso a la vida emocional de los personajes. Y construye el espacio como un gran escenario teatral, una amalgama de decorados artificiales por los que los personajes se mueven del presente al pasado, de la realidad al recuerdo, en perfecta continuidad.

El resultado es una película preciosa y muy interesante, aunque también tremendamente exigente para su espectador, especialmente para aquellos acostumbrados a formas narrativas más canónicas, y más dinámicas. Porque el juego de decorados, luces y posturas corporales conforma cuadros bellísimos, pero la lenta cadencia con la que se suceden resulta dura de acompañar. Y las apesadumbradas interpretaciones, a pesar de la fuerte carga emocional que comunican, terminan pesando sobre el ritmo de la película. Pero superadas estas dificultades, casi pruebas de fe, el resultado es una obra delicada, por momentos hipnótica, siempre arriesgada, que hará las delicias de los cinéfilos que aún tienen curiosidad por descubrir de qué es capaz el cine.

Una respuesta a ‘La venganza de una mujer’, un melodrama exigente y exquisito

  1. feliz navidad dijo:

    Escribes de una manera que se nota que la vida te ha tratado bien, maricon. Pásame un ferrero rocher, anda

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