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Estreno

Las 10 mejores películas de 2014

Seis norteamericanas, y las otras de Rumanía, Canadá, Rusia y Austria-Luxemburgo. Es el cine que nos gusta.

Uno de los pocos placeres navideños por los que conservo un auténtico entusiasmo es el de repasar las omnipresentes listas de las mejores películas del año; desde la ya mítica de la revista británica Sight & Sound, siempre sensata y fiable, a pesar de que este año haya concedido su segundo puesto al soporífero experimento de Jean-Luc Godard Adiós al lenguaje, a la selecta y habitualmente sospechosa de los Cahiers du Cinéma, pasando por la popular del IMDB, me parece un pasatiempo que sirve para descubrir títulos que se han pasado por alto, comprobar gustos comunes e, inevitablemente, disentir con opciones que no compartimos.

Resulta imposible encontrar una lista que recoja exactamente los gustos propios. Por eso, no hay mada mejor que sacar el cuaderno con las notas de las decenas de películas vistas en los últimos 12 meses y ponerse a filtrar un año de cine hasta convertirlo en una selección de 10 títulos.

Más allá de la pequeña tragedia personal que supone sacrificar películas admirables en favor de otras, uno de los grandes problemas a la hora de elaborar este tipo de listas es el de decidir la pertenencia de una película a un año de calendario. Las magníficas Ida, de Pawel Pawlikowski, y Under the Skin, de Jonathan Glazer, aparecen en la mayoría de las listas publicadas este año, ya que su estreno en salas se produjo en 2014. Yo las voy a dejar fuera porque ya las incluí en mi lista el año pasado tras verlas en festivales antes de su estreno comercial. Lo aclaro porque no quiero que su ausencia en la lista pueda parecer un desaire a estas dos grandes obras.

Esta es mi selección de las mejores películas de 2014:

10. Obvious Child (íd., Gillian Robespierre, EEUU)
Soy consciente de que puede ser discutible destacar esta película en una lista que no incluye, por ejemplo, la reflexiva cinta turca Sueño de invierno, ganadora en Cannes; sin embargo, los 83 minutos de esta modesta comedia fueron uno de los mejores ratos que he pasado en una sala de cine durante este año. Hay, además, virtudes más loables escondidas tras la aparente sencillez de esta comedia romántica. Para empezar, resulta admirable que un tema tan espinoso como el aborto se aborde de forma tan subversiva en un género que es, casi por definición, profundamente convencional. El cine comercial estadounidense ha presentado casi siempre el aborto como una decisión social y colectiva cuyos efectos deben medirse desde el punto de vista ético. El inteligente guión de Gillian Robespierre transforma esa decisión en una opción individual para la que no se necesitan grandes justificaciones morales. La habitual elipsis narrativa antes del Deus ex machina en forma de arrepentimiento se sustituye aquí por un sorprendente y valiente primer plano de la protagonista en plena intervención quirúrgica. Obvious Child contiene también una de las mejores interpretaciones del año. Solo conocía a la joven actriz Jenny Slate por su participación en la serie televisiva Parks and Recreation, y debo reconocer que su forma de actuar siempre me había parecido un poco cargante, pero en esta película demuestra que es una actriz cómica excepcional.

9. Amor Fou (íd., Jessica Hausner, Austria-Luxemburgo)
Personalmente, los cinco años transcurridos entre la magnífica Lourdes, una de mis veinte películas favoritas hechas en este siglo, y Amour Fou, que se presentó este año en la Semana de los Realizadores del Festival de Cannes, han supuesto la espera cinematográfica más larga y desesperante de la historia. Imagino que habrá seguidores de La Guerra de las Galaxias que discreparán con esta afirmación, pero eso es asunto para otro debate. Amour Fou es ligeramente inferior a Lourdes, pero supone, paradójicamente, un paso hacia adelante en la interesantísima carrera de la cineasta austríaca Jessica Hausner. Para un película de un humor tan exquisito, la anécdota histórica que sirve de premisa a la película no podría ser más truculenta: el suicidio pactado del escritor alemán Heinrich von Kleist y su amante Henriette Vogel. Hausner demostró ya en Lourdes que es una equilibrista prodigiosa de la narración. En aquella película abordaba un suceso en torno a un supuesto milagro con tal ambigüedad que el más acérrimo creyente y un ateo convencido podrían estar satisfechos con el resultado; en Amour Fou se sirve de la anécdota central para mostrar que en la vida la decisión de convivir en pareja no exige necesariamente un enamoramiento apasionado, sino que puede ser el fruto de una decisión bien meditada sobre un proyecto común de vida, o en este caso, de muerte.

8. Blue Ruin (íd, Jeremy Saulnier, EEUU)
El cineasta Jeremy Saulnier hace de la necesidad virtud y, ante la escasez de medios de los que disponía, narra con una brevedad y precisión admirables esta atípica historia de venganza con uno de los antihéroes más torpes y chapuceros de la historia del cine. Macon Blair está perfecto en el papel de ángel vengador de andar por casa, apoyado por el gran trabajo de los secundarios, especialmente Amy Hargreaves y Devin Ratray. Blue Ruin es una gran película por la forma con la que rompe con las convenciones del género al que pertenece, y que uno disfruta con especial deleite al conocer las adversidades de su rodaje y al darse cuenta de que el hecho mismo de su existencia es un pequeño milagro.

7. Whiplash (íd., Damian Chazelle, EEUU)
Debo reconocer que me ha sorprendido a mí mismo que esta película, sin duda la más impetuosa y enérgica que he visto este año, haya terminado en un puesto tan alto entre mis favoritas de 2014. Quizá no fui consciente al verla de lo mucho que me había gustado porque uno está demasiado aturdido y desorientado al final de la película como para tener las ideas claras sobre el puesto que el film va a ocupar en una teórica clasificación anual. Dentro de un par de meses JK Simmons ganará un Óscar como mejor actor secundario por este papel de despiadado profesor de música que, sin que se mencione nunca en la película, no debe de ser un gran admirador de Sonrisas y lágrimas. Me alegra que este inmenso actor de reparto haya encontrado tras un par décadas de admirables trabajos secundarios un papel que le permita hacer esta creación brillante e inolvidable. Milles Teller, uno de los nuevos rostros del cine independiente estadounidense, está también estupendo como el alumno dispuesto a todo por conseguir la gloria. Nadie podrá rebatir que Whiplash es una experiencia única y atronadora; en mi opinión, es también una excelente película. Se estrena en salas en enero de 2015.

6. El sueño de Ellis  (The Immigrant, James Gray, EEUU)
Tras la magnífica Two Lovers James Gray retoma el esquema básico del triángulo amoroso como eje central de esta historia sobre una inmigrante polaca en busca de un futuro mejor en la América de la década de 1920. Pocas veces, sin embargo, el sueño americano se ha mostrado tan sombrío y tétrico como en esta película. En El sueño de Ellis Gray demuestra que es un artista admirable capaz de conmover mediante el lenguaje cinematográfico. Destaca el gran trabajo del director de fotografía Darius Khondji, que tiñe la pantalla de un taciturno tono amarillento iluminado solo a medias, como la propia vida de los protagonistas, aunque el mayor acierto de la cinta es el de conceder el papel principal a la actriz francesa Marion Cotillard, quizá la intérprete en activo de mayor dominio técnico. La bellísima escena final de esta película es también mi secuencia favorita del año; en ella Gray confirma su maestría en la puesta en escena al resumir en un encuadre prodigioso y sin una sola palabra el mensaje central de la historia: el atisbo de un sueño y los recovecos de miseria por los que hay que pasar para alcanzarlo.

5. Madre e hijo (Pozitia copilului, Calin Peter Netzer, Rumanía)
La presencia de esta nueva y magnífica aportación al potentísimo Nuevo Cine Rumano en la lista de 2014 es el caso contrario al de Ida o Under the Skin. Ganadora del Oso de Oro en la Berlinale de 2013, su estreno en España se demoró más de un año, de forma que, técnicamente, puedo corregir el imperdonable error que cometí el año pasado al dejarla fuera de mi lista de 2013 respetando aun así las normas del juego. La excelente actriz Luminita Gheorghiu se había paseado en papeles secundarios por los grandes títulos de la nueva ola de cine rumano y, por fin, alguien le ha escrito un papel a la altura de su enorme talento. A medio camino entre Madre Coraje y Mommie Dearest, Gheorghiu hace un retrato entre conmovedor y espeluznante de Cornelia, una madre dispuesta a todo por sacar a su hijo del aprieto en el que se ha metido al atropellar y matar a un niño de una humilde familia. El incondicional amor maternal y el desprecio por el vástago que no ha estado a la altura de las expectativas son dos caras da la misma moneda que Cornelia saca a relucir al mover todos los hilos que están a su alcance para salvar a su hijo de una condena penal. El encuentro entre Cornelia y los padres del niño muerto, metafóra escalofriante de la división de clases de una sociedad aún fracturada, es un momento especialmente incómodo y doloroso. El desenlace, abierto a diferentes interpretaciones, plantea en el espectador la duda de dónde se sitúa la frontera entre la compasión, la bondad y el egoismo más cerril.

4. Mommy (íd., Xavier Dolan, Canadá)
Los inconfundibles aspavientos formales del joven cineasta quebequense Xavier Dolan, despreciados por muchos, le van como anillo al dedo a esta historia sobre la turbadora relación entre una viuda, tenazmente optimista a pesar de las circunstancias, y su hijo adolescente, que padece un trastorno de hiperactividad. A las peculiaridades habituales de Dolan, como el uso ensordecedor de conocidas canciones pop, se suma en esta ocasión la temeraria decisión de rodar la mayor parte de la película en un angustioso formato 1:1. La historia se sostiene gracias a tres grandes interpretaciones de Anne Dorval, sencillamente maravillosa, Antoine Olive Pilon y Suzanne Clément. Puede que a algunos la película les parezca histriónica y excesiva, pero incluso en medio de semejante ruido, no recuerdo haberme emocionado en el cine tanto como cuando vi esta película. En otro orden de méritos, jamás una balada de Céline Dion tuvo un uso más digno.

3. Leviatán (Левиафан, Andrey Zvyaginstev, Rusia)
Pocos títulos describen de forma tan acertada la película a la que dan nombre como Leviatán. El cuarto largometraje del cineasta ruso Andrey Zvyaginstev es, como el monstruo bíblico, una obra enorme e imponente. La corrupción incrustada empecinadamente en los diferentes niveles de gobierno en los países de la extinta órbita soviética ha dado pie en los últimos años a un subgénero que podría describirse como drama criminal burocrático. Leviatán es una aportación ejemplar a esa tendencia. En este caso, la ignominia del abuso de poder está representada en la figura de un cacique local empeñado en demoler el hogar del protagonista para sacar adelante un proyecto inmobiliario. La imposibilidad del triunfo de la dignidad en un sistema perverso se hace patente en la grotesca y vertiginosa escena de la lectura de la sentencia judicial, rodada en una interminable toma única. Zvyagistev alcanza nuevas cotas al mezclar el conflicto familiar, tema de El retorno y El destierro, y la tensión narrativa de tintes policíacos de Elena. Ganadora del premio al mejor guión en Cannes, Leviatán se estrenará en España el primer fin de semana de 2015.

2. Boyhood, momentos de una vida (Boyhood, Richard Linklater, EEUU)
El director tejano Richard Linklater culmina en Boyhood su interés por la cronología cinematográfica, que ya había desarrollado en películas como La Cinta, Movida del 76 y, sobre todo, la trilogía Antes de… Rodada en 39 días a lo largo de un período de 12 años con el mismo reparto central, Boyhood permite al público ver cómo los actores crecen y envejecen, literalmente, antes sus ojos. La película está interpretada de forma admirable por todos los actores, especialmente por Patricia Arquette que, a pesar del método de rodaje, logra crear un complejo personaje de asombrosa continuidad. Es posible que la originalidad de la película resida en la historia de su gestación pero, con independencia de ello, Boyhood es una obra extraordinaria.

1. Maps to the Stars (íd., David Cronenberg, EEUU)
No sé si es preocupante, pero desde luego sí revelador de un sentido del humor peculiar, que mi película favorita de 2014 sea esta comedia de insólita crueldad sobre la degeneración moral en Hollywood. Como una Norma Desmond posmoderna, Havana Segrand, interpretada con aplastante sinceridad por Julianne Moore, contempla como los grandes papeles pasan de largo a las actrices que han cumplido los 50. En una escena especialmente grotesca, una Moore saltarina y pizpireta aparece por primera vez aliviada tras enterarse de que el hijo de su principal adversaria para conseguir un papel se ha ahogado en la piscina y que, por lo tanto, el camino está ahora libre para que ella se haga con el personaje de la película, un remake de un clásico con trasfondo psicoanalítico que la madre de Havana, ya fallecida, interpretó en la década de 1950. El resto de los personajes, entrelazados por una trama deliciosamente folletinesca, completan una visión delirante pero, se intuye, aterradoramente genuina de una industria y un mundo en estado de descomposición. Además de una Moore inolvidable, todos los actores están magníficos, especialmente Mia Wasikowska y Evan Bird, y Carrie Fischer hace de sí misma en el mejor cameo del año. Maps to the Stars es un autorretrato despiadado, un Crepúsculo de los dioses para la era de Miley Cyrus y, en mi modesta opinión, la mejor película de 2014.

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Más sobre cine en: Cine al desnudo, blog de Alberto Ramos-Lorente.
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