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Estreno

Malos tiempos para el amor

'El amor es extraño' es una buena película. Sin trampa ni cartón. Pequeña y gigantesca. Como la vida.

A veces el cine se parece mucho a la vida. O tal vez sea la vida la que, en ocasiones, se parezca mucho al cine. Qué más da. Cuando una cámara consigue atrapar un pedacito del devenir de la existencia para mostrárnoslo en una pantalla, cuando esa pantalla se convierte en una ventana abierta al día a día de un puñado de personas que se asemejan a nosotros y se comportan como nos comportaríamos nosotros si nos ocurrieran las mismas cosas que a ellos, cuando vamos al cine y lo que vemos nos resulta auténtico; sabemos que estamos ante una buena película. El amor es extraño seguramente no figurará nunca en una de esas listas en las que crítica y público eligen los mejores filmes de la historia. Tampoco cuenta grandes cosas. No hay ninguna heroicidad en su trama, ninguna aventura épica, ningún suceso que pueda considerarse trascendente. Pero cuando termina uno siente que ha presenciado algo exactamente igual de insignificante y de valioso que la vida. El amor es extraño es una historia verdadera, sin trampa ni cartón. Y precisamente por eso es también una película tan pequeña como gigantesca.

Ira Sachs, un realizador norteamericano cuya película más conocida hasta la fecha es la casi desconocida El juego del matrimonio, firma también el guión de El amor es extraño. Los protagonistas de su historia son dos hombres llamados Ben y George que llevan 39 años juntos y viven en Nueva York. Cuando en 2011 se legaliza el matrimonio homosexual deciden casarse. Poco después, George es despedido de la escuela católica en la que trabaja como profesor de música. Como consecuencia de ello, deben vender su piso y pedir ayuda a su familia y amigos mientras buscan una solución. George se acomoda en el sofá de unos vecinos y Ben ocupa el cuarto del hijo adolescente de su sobrino. El cariño, las buenas intenciones y la compasión no bastarán para impedir que afloren las tensiones ante una situación que altera tanto las vidas de unos como las de los otros. Y es que, como dice Ben a George en una escena de la película: “A veces, viviendo con gente, acabas conociéndola demasiado bien”.

El amor es extraño es una agridulce historia de amor. Salpicada a ratos por algunos golpes de humor, su tono es tan sombrío como lo son los tiempos que nos toca vivir. Como en la vida real, no hay nada perfecto en esta película. Ni el amor es incondicional, ni los miembros de una pareja aman de la misma forma, ni la convivencia es fácil, ni el nivel cultural y social aseguran la estabilidad, se tenga la edad que se tenga. Sachs nos lo cuenta todo con delicadeza y sensibilidad. Utilizando hábilmente la elipsis para ahorrarnos sufrimientos innecesarios. Pero, sobre todo, describiendo con una sincera ternura a sus personajes. En su piel se meten actores tan notables como John Lithgow, Alfred Molina o Marisa Tomei, viviendo sus vidas más que interpretándolas. Y es realmente conmovedor ver como lo hacen, especialmente la pareja protagonista. La naturalidad y honestidad con que muestran su amor, la complicidad y el verismo que desprenden sus actuaciones. Todo en esta película parece posible y resulta creíble. Y de fondo, como la mejor de las bandas sonoras, se escuchan sus risas, sus llantos, los sonidos de la ciudad y la delicada música de Chopin.

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