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La profesora de historia cuenta un sorprendente suceso real que a muchos profesores de instituto les parecerá milagrosoMilagro en las aulas

La profesora de historia, una más que notable producción francesa que rinde homenaje a los profesores.

A veces el cine se parece a la vida. Otras, las menos, es la vida la que se parece al cine. Pero hay ocasiones en las que el cine intenta atrapar la realidad con tanto verismo que lo que nos cuenta nos resulta del todo imposible. Es el caso de La profesora de historia, una más que notable producción francesa que narra el caso real de Anne Gueguen, tutora del grupo más difícil de un instituto, que en el año 2009 consiguió captar la atención de sus alumnos, motivarlos y que la respetaran. Algo que a muchos, entre ellos la mayoría de profesores de instituto con alumnos conflictivos, nos resulta tan utópico como improbable. Pero, dejando a un lado la salvedad de que este suceso real se asemeje más a un milagro, La profesora de historia, tercer trabajo tras las cámaras de Marie-Castille Mention-Schaar, es un conmovedor retrato de una realidad a la que deben enfrentarse a diario miles de docentes: enseñar a adolescentes de diferentes nacionalidades que no tienen interés alguno por integrarse en una sociedad que parece haberse olvidado de que ellos son el futuro.

El instituto se llama Léon Blum y se encuentra en el municipio parisino de Créteil. Es un centro tan real que el coguionista y coprotagonista del filme, Ahmed Dramé, estudió allí y vivió en primera persona los hechos que narra en la película. Anne Gueguen es una profesora de historia con veinte años de experiencia que intenta por todos los medios que los alumnos no se aburran en sus clases. El problema es que el grupo con que le ha tocado bregar como tutora ese año es el peor del centro. Adolescentes de diferentes razas, culturas y religiones, a veces violentos, sin interés por aprender y sin ambición alguna. Gueguen les convence para que se presenten a un concurso nacional de institutos sobre resistencia y deportación. Los chicos tendrán que hacer un trabajo en equipo sobre los niños de los campos de concentración nazis. La tarea parece una misión imposible. Los alumnos son incapaces de trabajar juntos sin gritarse e incluso llegar a las manos. Algunos hasta se apearán del carro. Pero, al final, como decíamos, se obra el milagro.

Mention-Schaar nos cuenta todo esto como si filmara un documental más que una película de ficción. La mayoría de los adolescentes que participan en la cinta no son actores profesionales e incluso colabora en una escena, la más emotiva, un superviviente real de un campo de concentración. La directora nos habla de choques generacionales y culturales, de intolerancia, de racismo y de fanatismo. Vemos a alumnos musulmanes que se radicalizan, a padres que no ven con buenos ojos la amistad de su hija blanca con un chico negro, a chicas que deben cambiar su forma de vestir por miedo a las amenazas. También vemos un sistema que lleva su laicismo hasta el extremo, imponiendo vestimenta a los estudiantes para evitar signos evidentes de pertenencia a una religión. La mirada de Mention-Schaar nunca es maniquea ni condescendiente, a pesar de que su historia termine siendo un canto a la enseñanza y un esperanzador retrato sobre los herederos (el título original del filme es Les héritiers) de este mundo.

La profesora de historia disecciona al detalle este proceso de cambio en un grupo de adolescentes abocado al fracaso y a la frustración. Y todo lo que vemos en la gran pantalla nos resulta creíble y sincero. El problema es que un cambio de actitud como este, por muy real que sea, parece inevitablemente un final feliz de cine. Es posible que muchos profesores no se crean la película, yo no lo soy y me incluyo entre ellos. Pero también es posible que seamos unos escépticos de tomo y lomo. Porque esta historia tan bonita ocurrió de verdad y seguramente ocurrió tal y como Mention-Schaar y Dramé nos la cuentan. Sería injusto dudar de ellos como lo sería terminar esta crónica sin destacar el trabajo de la única actriz profesional del elenco, Ariane Ascaride, habitual en el cine de Robert Guédiguian y espléndida en su rol de la profesora milagro.

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