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Producida por Angelina Jolie, Difret cuenta el caso real de una niña etiope secuestrada, violada y encarcelada por matar a su verdugo Mujeres en tierra hostil

Difret, la película etíope producida por Angelina Jolie sobre la dura realidad de las mujeres

Hay películas que son necesarias. Películas que no han sido rodadas para hacernos reír o llorar. Películas que no son un mero entretenimiento. Hay, además, películas que son un milagro. Difret pertenece a ambas categorías. Esta pequeña producción etíope es necesaria por lo que cuenta y denuncia, básicamente el yugo del sometimiento machista bajo el que muchas mujeres de Etiopía son obligadas a vivir. Y es un milagro porque se trata de la cuarta película rodada en este país en 35 mm. Un país que no cuenta con una industria cinematográfica como tal y en el que rodar es casi una locura y, desde luego, un acontecimiento insólito. Difret es una película necesaria y recomendable, independientemente de sus valores cinematográficos. No es, desde luego, una obra maestra. Pero, aun así, verla tendría que ser algo casi obligatorio para conocer una terrible realidad contra la que todos deberíamos luchar en la medida de nuestras posibilidades. Producida por Angelina Jolie, puede que sin su ayuda no se hubiera rodado y es casi seguro que no habría traspasado sus fronteras ni se habría exhibido en festivales como Sundance o la Berlinale, donde se hizo con los Premios del Público.

Rodada en amárico (Difret puede significar en esta lengua tanto valiente como violación), cuenta la historia real de Hirut, una niña de catorce años que a finales de los noventa fue secuestrada y violada cuando salía de la escuela. Su secuestrador era un hombre de la aldea que la había elegido para casarse con él. Al no obtener el permiso de sus padres debido a la corta edad de la chica, decidió raptarla, una costumbre ancestral y una práctica habitual en la Etiopía rural para conseguir esposa. En un descuido de su verdugo, Hirut consigue escapar con su escopeta. Cuando este corre tras ella junto a los amigos y vecinos que le han ayudado en el rapto, la niña le dispara y le mata. Hirut es arrestada y el fiscal pide para ella la pena capital. Una abogada de Addis Abeba, miembro de una asociación que lucha por los derechos de las mujeres, se encargará de su defensa.

El terrible peso de la tradición

En un mundo dominado por los hombres, el machismo, la incultura y la intolerancia, Hirut parecía tenerlo todo en su contra. Sin embargo, tras un proceso largo, arduo, complicado y lleno de situaciones tremendamente injustas, su abogada logró que fuera absuelta y que, gracias a su caso, se revisaran las leyes y el rapto por matrimonio se penara con más de quince años de cárcel a partir de ese momento. Sin embargo, en la realidad, esta bárbara costumbre no ha sido erradicada del todo porque en muchos entornos rurales no hay comisaría, la tradición tiene demasiado peso y los padres no se atreven a denunciar a los raptores. Las niñas, una vez desvirgadas, son una vergüenza para la familia y casarse con su violador es a veces su única salida para ser aceptadas socialmente.

Zeresenay Berhane Mehari, el director de la película, cuenta esta historia con sensibilidad y delicadeza, y es imposible no conmoverse ante el injusto martirio al que es sometida Hirut. Aunque también es cierto que el empeño en ser políticamente correcto y no herir sensibilidades aleja un tanto del drama. Berhane Mehari ha llenado su filme de elipsis para ahorrarnos sufrimiento a los espectadores y suavizar tan terrible odisea. Pero contar una historia como esta sin incomodar no es fácil y pasar por la tragedia de puntillas se agradece a ratos y es un arma de doble filo en otros. Berhane Mehari hace también un análisis un tanto simplista y maniqueo, en el que los malos son malos sin matices, lo que puede restarles credibilidad. Su realización es eficaz, aunque convencional, y a veces abusa de recursos como la música o los primeros planos en un claro intento de emocionar del que no siempre sale airoso. Aun así, Difret es una película que no debería pasar de puntillas por nuestras pantallas. Una cinta cinematográficamente convencional, pero inmensa como retrato de un país y de una sociedad que relega a la mujer a un papel al que ningún ser humano de rincón alguno del planeta debería ser relegado.

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