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“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.”. Francisco de Quevedo

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Estreno

Entretenida tragicomedia indie que adapta con gracia la fantástica novela gráfica homónima de Daniel Clowes.‘Wilson’, la historia de una náufrago

Adaptación de la novela gráfica homónima de Daniel Clowes, centrada en las desventuras de un tipo agrio, solitario y bocazas que intenta conectar con un mundo en el que no encuentra su lugar.

Cuentan que está solo por su misantropía, aunque en realidad está aislado por su honestidad. Una sinceridad grosera, molesta e incluso cruel, que de tanto trasgredir las políticas de la corrección —de la normalidad, se podría diagnosticar— ha terminado hundiéndole en las economías de la melancolía. Porque lo único a lo que aspira Wilson (2017), protagonista de la última comedia indie del norteamericano Craig Johnson, es a comprender las complejidades e intrigas del mundo adulto que le ha tocado vivir. Pero su forma de cuestionarlas le ha dejado solo ante ellas, sin allegados con los que convivir.

Adaptación de la novela gráfica homónima de Daniel Clowes, ese sombrío historietista obcecado con la alienación cotidiana del que previamente se han llevado a la gran pantalla Ghost World (2001) y El arte de estrangular (2006), la historia sigue las aventuras de un desventurado cuarentón de lengua irrefrenable y alma descontentada, interpretado con abrumadora sensibilidad por Woody Harrelson. Armado de sus gafas de pasta y una sonrisa bobalicona que no consigue esconder su desazón, tras la muerte de su padre y la marcha de su único amigo decide dejar su perro con la vecina (Judy Greer) y recuperar el cariño de la mujer que años atrás le rompió el corazón (una fantástica Laura Dern que rememora, brevemente, su pasado como Iluminada). La cual, además de ser su ex-mujer, resulta ser ex-toxicómana, ex-prostituta y ex-madre de una hija que dio en adopción nada más nacer, sin que Wilson, el padre biológico, supiera nada al respecto. La confesión insufla un hálito de sentido y esperanza en la vida del cascarrabias, que fuerza un encuentro con su hija desconocida (Isabella Amara). Pero el soñado acercamiento se alejará bastante de un final feliz.

A partir de este planteamiento, al que todavía quedarán varias peripecias por delante, el tándem Clowes-Johnson elabora una entretenida comedia sobre esa necesidad tan humana de conectar, de estrechar lazos, de sentirse apoyado, comprendido y querido, anhelo del que protagonista se nos ofrece como una torpe víctima y entrañable verdugo. Presentado como un acosador egoísta que necesita invadir el espacio ajeno para compartir pensamientos y demandar afectos, que por lo general recibe en dirección inversa, Wilson simplemente trata de encontrar su lugar en un mundo social que le resulta misterioso. Y a golpe de comportamientos extraño consigue que nos resulte curioso también a nosotros.

Quizás demasiado curioso, cálido y liviano, si se compara con la cautivadora novela gráfica, tras cuya ligera estrategia expositiva se escondían —y brotaban— unas reflexiones y evidencias de abrumadora gravedad existencial. Certezas y dudas que la película ciertamente plantea, pero que su inevitable estructura rebaja, al imponer su articulación como relato un impulso narrativo bien diferente al de la obra original, organizada como una sucesión de viñetas autosuficientes donde la conclusión de cada página invita a sopesar por unos instantes el alcance de la anécdota en ella contada, dotándola de su justo peso —es decir, poso—. Un orden en forma de sketches que la película no puede proponer, pero aun consigue suplir con suficiente gracia, esbozando un divertido retrato sobre los meandros de la sociabilidad contemporánea.

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