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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Bares y lugares

Un hotel y dos guesthouse para tres mañanas perfectas3 desayunos en Lisboa

El desayuno es nuestro momento más hedonista del día. Y el placer es máximo en estos tres hoteles lisboetas.

Casa Amora
Nos sentimos en casa. E igual que Pedro por su casa, entramos y salimos por la cancela que comunica uno de los patios más encantadores de Lisboa con una placita de postal, con su fuente y su cubo amarillo con ropa en remojo, su gato y su ambiente de pueblo tranquilo en mitad de la vorágine de una ciudad cada día más invadida por los turistas.

Casa Amora es un oasis. Aquí uno puede dejar la puerta abierta sin temor a que alguien entre sin permiso. Desde nuestra habitación del primer piso (nuestra preferida, un dúplex con micro terraza) nos asomamos al patio ajardinado, donde ya desayunan los huéspedes más madrugadores, y a la mañana soleada de Lisboa. El peligro de vivir aquí es olvidarnos que estamos de paso, y remoloneamos ociosamente cuando en realidad hemos venido a Lisboa a trabajar.

El desayuno en Casa Amora es puro color y vitalidad: vegetación exuberante de yedra, parra virgen y jazmín trepador que reptan por las paredes de piedra dando cobijo a golondrinas y ranas de cerámica y a pajarillos de verdad; dos espejos enmarcados en azulejos antiguos colocados estratégicamente para transmitir profundidad y que nos envían guiños de luz desde el fondo del patio; la vajilla multicolor de Bordallo Pinheiro en verdes, amarillos, rosas y anaranjados; paletas de colores otoñales que son mermeladas de ruibarbo con nueces, de frutos rojos, de naranja; mantelitos confeccionados en casa con telas típicas de las regiones portuguesas. Los pájaros trinan, los huéspedes (gente mayor en esta época del año, americanos, nórdicos, centroeuropeos…) hablan bajito y ríen, y no es de extrañar. Y mientras María ha preparado una quiche de jamón, un bizcocho de esos que pesan, de mantequilla, una tarta de pera….

Ya es casi mediodía cuando nos decidimos por fin a salir y enfilamos hacia Largo do Rato. El pavimento del patio de Casa Amora, de calzada portuguesa, se funde con la plaza y la ciudad.

Hotel Valverde
El desayuno del Valverde es todo un señor desayuno, con nombres y apellidos. Aquí la mantequilla no es una cualquiera, sino la ilustre demi-sel normanda Beurre d’Isigny, las tacitas de café rinden homenaje a Rafael Souza-Cardoso en versión porcelana de Braz Gil y el jamón es un auténtico pata negra. Uno puede elegir entre desayunar en la sala del restaurante Sitio, en sus elegantes y cómodos sofás, o salir al patio y sentarse junto a la piscina en forma de alberca bajo las palmeras y entre los helechos, que para eso es otoño en Lisboa y la temperatura a las 11 de la mañana alcanza unos deliciosos 23ºC.

Deliciosos son también los pastelillos y hojaldres típicamente portugueses que se elaboran en casa y se sirven en formato mini: el omnipresente ‘pastéis de natas’, del que no nos cansamos jamás mientras dura nuestra estancia en Portugal, bollitos de azúcar y otras dulzuras. En el apartado salado, no faltan los fiambres y quesos alentejanos y una carta amplia de huevos que incluyen los Benedict, aunque hoy no sea fin de semana y esto no sea un brunch sino un “simple” desayuno. Por supuesto, la piña cortada y el zumo de naranja recién exprimido están en su punto. Todo se sirve ‘comme il faut’, y las tortitas con su inseparable sirope de arce.

El desayuno se alarga también en el Valverde (¿somos o no somos hedonistas?… pues eso….). Nos dan las 11.30 y aquí seguimos, observando cómo la fachada de este histórico edificio se va inundando de luz. Una buena noticia para los que no se hospeden en este elegante hotel: las visitas son siempre bien recibidas, ya sea a la hora del desayuno, del almuerzo, a merendar (¡ay, esa tradición tan civilizada que está desapareciendo!) o cenar con concierto de fado incluido.

Casa do Príncipe
Si en los dos patios anteriores el desayuno se nos juntaba casi con la hora del almuerzo, en Casa do Príncipe nos ocurre todo lo contrario. Y no es que no nos enamore nuestra suite palaciega en este histórico y regio edificio, sino que este singular bed&breakfast está tan bien situado en pleno Bairro Alto lisboeta que nada más asomarnos al balcón de nuestra habitación y contemplar el bullicio que reina en la plaza Príncipe Real, con su primoroso kiosko rosa, sus palacetes reconvertidos en tiendas de diseño, sus edificios señoriales, iglesias y conventos, nos entra la prisa por echarnos a la calle.

A nuestros pies, una de nuestras calles favoritas de Lisboa: la rua da Escola Politécnica que comunica enseguida con la rua Pedro V y el Chiado. Preferimos tomar por cualquiera de las tranquilas callejuelas en pendiente (Vinha, Boaventura, da Rosa) que descienden hacia la plaza de Camoes, al famoso café A Brasileira y a la plaza del Teatro Nacional. El desayuno en Casa do Príncipe, que Suely nos sirve en bandeja y con derroche de amabilidad, nos da el empujoncito necesario para salir a redescubrir Lisboa.

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