El Hedonista El original y único desde 2011

“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

Menu abrir sidebar

Hoteles

La Mamounia es Marrakech y Marrakech es La Mamounia7 razones para enamorarse de La Mamounia

Siete, porque el 7 es símbolo de perfección. Por si alguno todavía no tiene claro si adentrarse en uno de los mejores hoteles del mundo, las enumeramos.

Marrakech, tierra de dios según su nombre bereber, perla y puerta del sur, la ciudad roja por excelencia. Todas esas denominaciones recibe este destino que envuelve y atrapa para siempre al viajero, quizá no por una excesiva monumentalidad, no por impactantes construcciones ni por localizaciones sin igual, pero sí por sus esencias, sus sabores, sus gentes, su ambiente, su magia.

Hay quien recomienda descubrirla desde el corazón de la antigua y caótica medina, repleta de polvo y ajetreo, desde algún pequeño riad que capture su alma en apenas cuatro o cinco habitaciones en torno al típico patio moruno. Hay quien prefiere retirarse a un hotel de cinco estrellas a las afueras, apartado del jaleo común de una ciudad que no se calma hasta varias horas después de esconderse el sol. Y hay quien, como en todo, busca la diferencia, la perfecta combinación entre tradiciones ancestrales y comodidades presentes, entre el bullicio y la calma, entre el lujo que va más allá de las citadas estrellas y la sensación de sentirse en el hogar. Hay quien busca algo tan único como La Mamounia. Porque La Mamounia es Marrakech y Marrakech es La Mamounia. Ambas comparten siete sencillos aspectos, siete motivos para enamorarse de ellas porque son, verdaderamente, irrepetibles.

1. Historia

Un regalo de bodas. Es el inicio de la trayectoria de este hotel, ligado a su ciudad desde hace cientos de años.  El sultán Sidi Mohammed Ben Abdallah tenía por costumbre casar a sus hijos a la mayoría de edad y donarles una propiedad. Así, los nombres de sus descendientes fueron asimismo los nombres de los jardines, los “arsats”, que el rey les obsequió. Fue el Arsat al-Mamoun (el jardín de Mamoun) el que alcanzó la fama por las fiestas que el príncipe organizaba aquí y por su inusual belleza. En los años 20 del siglo pasado los franceses cayeron rendidos a su encanto y decidieron que era el lugar perfecto para recrear el exotismo de las mil y una noches y ponerlo al alcance de los más afortunados viajeros. Desde entonces es un hotel, un hotel en los propios muros de la ciudad que le ha visto nacer, un hotel por el que han pasado los nombres más célebres de la historia, desde Churchill a los Rolling Stones.

2. Arquitectura y diseño

Escondido entre palmeras, tras las murallas y debajo de una apariencia sobria, como todo lo que tiene que ver con Marrakech, se camufla un regio edificio que contiene en su interior fastuosos patios de relajantes fuentes, salones para presenciar el ritual del té y su posterior degustación, cálidas estancias, a pesar de su amplitud, que reflejan el estilo de vida moruno, familiar, alegre y lejos del estrés occidental, tan intenso como apacible y acogedor. Un palacio en el que perderse y vivir el magnetismo de los contrastes de este país, concebido en 1923 por los arquitectos Prost y Marchisio y que ha sabido evolucionar y ser un referente adecuándose a cada una de las épocas que ha vivido. Tras la última reforma, llevada a cabo por Jacques García hace cinco años, la artesanía y el espíritu marroquí brillan más que nunca.

3. Gastronomía

Todo el que conozca Marruecos será consciente del sabor de su especiada y deliciosa cocina, de sus ricos guisos servidos sobre el tradicional “tajine”, de su “savoir faire” en cuanto a celebrados platos en torno a la mesa. En La Mamounia, también, la gastronomía es sagrada y es buen reflejo de las tradiciones del país. “Le Marocain” es el restaurante dedicado a las recetas locales elevadas a la categoría de alta cocina. De hecho, su “tajine” de langosta debería figurar por sí solo entre uno de estos siete puntos. Más allá, los restaurantes francés e italiano hacen las veces de homenaje a otras destacadas influencias del mundo, el último de ellos con el sello del célebre Alfonso Laccarino, “Don Alfonso”.

4. Arte

La Mamounia es arte en sí misma. Solo hay que darse un paseo por sus instalaciones para descubrir los fantásticos artesonados originales en sus techos, su azulejería, sus frisos y dinteles de yeso moldeado a mano, sus lámparas… sus propias paredes.

Desde siempre, al igual que Marrakech, ha servido de inspiración para grandes artistas, pintores, diseñadores, cineastas. Al propio Winston Churchill le fascinaba andarear de un balcón a otro acompañando al sol en su ruta diaria, tratando de conseguir en sus pinturas un color tan real como le fuese posible. De hecho, un gran número de sus cuadros de los jardines del hotel pueden verse en el Museo Churchill de Inglaterra. “Es el lugar más maravilloso del mundo”, le dijo a Roosevelt en el 43 contemplando una puesta de sol con la ciudad al horizonte.

No es de extrañar que La Mamounia sea el espacio perfecto para eventos tan señalados como el Festival de Cine Internacional del país o para albergar muestras tan relevantes como la de Marinetti que acaba de tener lugar.

5. Ocio y diversión

No hay vacaciones si este punto no se cumple, y tanto La Mamounia como Marrakech lo hacen con creces. A las visitas turísticas obligatorias dentro de la medina, con epicentro en la animada plaza de Yamaa el Fna que se encuentra a menos de diez minutos a pie del hotel, se une una extensa lista de actividades para realizar dentro de la propiedad de ocho hectáreas que lo alberga. Dos gimnasios con servicios de entrenamiento personal, pistas de tenis, una gran y cristalina piscina para relajarse en las horas de más calor, boutiques, emblemáticos conciertos de jazz en vivo que, por su éxito, han pasado del pequeño e histórico bar Churchill (la única estancia con nombre propio) al bar italiano, una biblioteca en la que desaparecer y un salón de té de obligada visita incluso aunque no se esté alojado son solo algunas.

6. Bienestar

Imagina la caída del sol, escucha al almuédano convocar a los fieles al rezo desde el minarete de la cercana Koutoubia que domina la ciudad. Hazlo, cierra los ojos y sumérgete en un spa de ensueño, otra de las joyas de la casa, en una palaciega piscina interior entre lujosos arcos de herradura, en las manos de un experto equipo de masajistas, en los aromas de los exclusivos productos de marocMaroc, Amala y otros cinco propios del hotel: Ghassoul, jabón negro, agua de rosas, aceite de argán y agua de azahar

7. Descanso

No abras los ojos aún. Déjalos cerrados y sigue soñando, por qué no. Al fin y al cabo, Marrakech y La Mamounia son un sueño del que querríamos no despertar nunca, o hacerlo siempre en el marco de las majestuosas habitaciones y suites de este palacio, o en cualquiera de sus tres riads privados, descorriendo las cortinas y dándonos de bruces contra su exuberante jardín, contra el Atlas nevado, al fondo. Así cada mañana, porque de semejante panorámica uno nunca se cansa. Ni de la luz de Marrakech. Ni de la magia de La Mamounia.

Hoteles

Todo esto
y mucho más
en Hoteles
+