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Junto al pueblo de Pollensa y el Cabo FormentorSon Brull. Relais&Châteaux en Mallorca

Propiedad de la familia Suau, este antiguo convento del XVIII es perfecto para recorrer Mallorca en otoño.

Según un eminente equipo de investigadores norteamericanos, cuando dormimos fuera de casa (léase, en un hotel) parte de nuestro cerebro permanece alerta vigilando posibles peligros que nos pudiesen acechar en un entorno nuevo y extraño. Es obvio que estos científicos no han basado su estudio en los huéspedes del hotel Son Brull.

Porque Son Brull es lo opuesto a un entorno extraño en el que haya que permanecer en duermevela. De hecho, es uno de los lugares donde más profundamente hemos dormido en toda nuestra vida. A pierna suelta. Desde la primera noche.

Empezando por su entorno, Son Brull es lo más parecido a un retiro espiritual. Cuarenta hectáreas de naturaleza rodean el hotel, con campos de olivos de más de tres siglos de antigüedad, naranjos y limoneros perfumados, higueras y almendros. Ante el hotel, los viñedos de la finca. A su espalda, el monte suave del Puig de María. Aquí solo se oye el trino de los pájaros.

Siguiendo por la propia casa, un magnífico convento del siglo XVIII restaurado por el estudio de Ignasi Forteza, con gruesos muros de piedra protectores, un patio interior al abrigo del viento y rodeado de jardines apacibles. Con espacios comunes acogedores, como la antigua almazara, una joya de la arquitectura tradicional con su enorme prensa doble, o el espacio junto a la piscina rodeado de blancas tumbonas balinesas.

Finalmente, las habitaciones: espaciosas, silenciosas, acogedoras, con camas enormes que nos sumergen en un profundo y mullido sueño, ese que según los científicos es imposible de conciliar en la primera noche que pasa uno en un hotel.

Es cierto también que para caer rendidos por la noche necesitamos un poco de actividad durante el día. Seguramente Son Brull es uno de los lugares donde más y mejor se disfruta de las actividades que ofrece Mallorca, especialmente ahora que el verano toca a su fin y las temperaturas son suaves e invitan a activarse.

Las mejores playas en el norte de Mallorca
Son Brull está próximo al pueblo de Pollença. Además de tener a tiro de piedra las playas blancas de aguas cristalinas del Puerto de Pollença, la diminuta cala San Vicente donde el buceo es todo un descubrimiento, la playa de Alcudia de 10 kms de largo, ideal para caminar relajadamente al borde del mar, la caribeña de Muro o la paradisíaca de Formentor, de exuberante vegetación, desde Son Brull se accede fácilmente a una cala escondida: Es Caló. Encontrarla requiere una caminata de aproximadamente 4 kilómetros, pero cada paso para llegar a ella vale la pena.

Actividades en otoño
Son Brull es un “campamento base” perfecto para deportistas. Los golfistas encontrarán justo al lado del hotel el campo de golf de Pollença y muy próximo el de Alcanada, diseñado por Robert Trent Jones padre e hijo. La Sierra de Tramuntana ofrece los senderos más espectaculares de la isla. Desde el Santuario de Lluc, a media hora de Son Brull, los recorridos para senderistas son infinitos y las excursiones por el Cabo Formentor quitan el hipo. Mallorca es además el destino favorito de los ciclistas, tanto profesionales como amateurs. Por si andamos escasos de planes, el personal de Son Brull nos propone y organiza cualquier actividad deportiva: ciclismo de montaña, equitación, espeleología, navegación, surf, buceo, submarinismo, excursiones en lancha de motor, navegación a vela, globo aerostático o helicóptero.

Al caer la tarde, nada mejor que sumergirnos en el Spa del hotel Son Brull: sauna, baño de vapor y un buen masaje relajante para terminar el día.

Mallorca en tres días
Mallorca tiene miles de rincones paradisíacos para visitar. Además de explorar la zona norte de la isla, vecina a Son Brull, con los históricos pueblos de Pollença, Sóller y Puerto Sóller como visitas ineludibles, recorrer de norte a sur la Sierra de Tramuntana es adentrarse en la Mallorca más virgen y auténtica. En Banyalbufar podemos realizar una visita a la pequeña bodega Son Vives, que elabora el vino blanco de Malvasía, y darnos un chapuzón en la cala, bajando la montaña. Valldemossa es conocida tanto por su belleza como por sus cocas de patata, sus vistas y sus ilustres visitantes. Aunque la empinada carretera no es apta para personas con vértigo, recomendamos bajar a comer a Cala Valldemossa. El pueblo de Deià es otro cuya fama se ha extendido por todo el mundo. Si el vértigo nos ha impedido bajar a Cala Valldemossa, podemos optar por Cala Deiá. Las vistas al mar desde este lado de la costa, donde la montaña cae a pico sobre el agua, son imponentes. Aquí el agua es turquesa y transparente y el pescado frito, delicioso. El pequeño y encantador pueblo de Llucalcari es el lugar perfecto para pasar la tarde. Y para ver la puesta de sol, inigualable en esta parte oeste de la isla, nada como instalarnos en el mirador de Sa Foradada, la roca horadada que es un referente de la costa mallorquina.

El segundo día podemos dedicarlo a visitar Palma. Su catedral en forma de barco, construida en tiempos de Jaume I el Conquistador, cuenta con el rosetón más grande de toda Europa y la obra única de Miquel Barceló. Es Baluard, el museo de arte contemporáneo de Palma, expone obras de Miquel Barceló y Joan Miró, además de fotografías de Pierre Gonnord. La terraza de este museo moderno y vanguardista tiene unas vistas espectaculares, es un lugar ideal para tomar un vermut de media tarde. Entre el callejeo por el casco antiguo, visitas a iglesias y claustros, unas compras por la zona de El Born y un recorrido por el barrio de Santa Catalina, habremos aprovechado bien el día.

El tercer día Son Brull nos propone un plan al que nos apuntamos de inmediato: visitar la preciosa e impoluta isla de Cabrera. Fondeamos allí por primera vez hace nada menos que ¡cuarenta años! y prácticamente nada ha cambiado desde entonces. Embarcamos en la Colonia de Sant Jordi, al sur de Mallorca, para acceder al Parque Nacional de Cabrera, un auténtico paraíso especialmente en esta época del año, cuando los pocos yates y veleros autorizados a fondear cada día han regresado ya a sus amarres de invierno. Además de bañarnos en la pequeña ensenada interior, merece la pena rodear la isla para conocer sus calas y darse un último chapuzón en la Cueva Azul, mágica y bellísima.

La gastronomía en Son Brull
Somos de barra y de picoteo. Así que entrada la noche nos instalamos en el Ubar, un espacio espectacular que ocupa la antigua almazara. La carta de tapas y platillos es de lo más tentadora y apetecible, desde propuestas ligeras como un tataki de bonito marinado o unos langostinos crujientes hasta recetas más contundentes del país, como la sabrosísima butifarra de porc negre de la isla. En los confortables sillones tapizados en blanco se mezclan huéspedes residentes con alguna que otra visita que acude a Son Brull a tomar un cocktail. El ambiente no puede ser más tranquilo y relajante, como nos gusta a nosotros.

La otra opción gastronómica de Son Brull es su restaurante 365, capitaneado por Rafel Perelló, un chef mallorquín para quien la inspiración de cada plato está en la naturaleza. “Y lo cierto es que en Mallorca tenemos una gran suerte: disponemos de una cantidad y variedad de productos simplemente espectaculares. Si tengo que destacar mis tres ingredientes favoritos de la isla estos serían: de la tierra, el cordero; del mar, el salmonete y del huerto, la alcachofa.” Estamos seguros de que con este enfoque vamos a entendernos de maravilla con este chef.

El arte en Son Brull
Entre las muchas cualidades de los mallorquines está la de potenciar a sus artistas locales. Siempre que visitamos un hotel, acudimos a un restaurante o entramos en una galería de arte comprobamos el orgullo con el que se exhiben obras de pintores y escultores de la isla. Son Brull no se queda atrás y puede presumir de tener una buena colección con obras de artistas como Pep Llambías y Nadal.

Son Brull es propiedad de la Familia Suau. Está dirigido por los hermanos Alejandro, Miguel y Mª del Mar Suau, siempre pendientes de que la atención sea personal, cordial y ciudada al máximo. Son Brull es miembro del selecto grupo Relais & Châteaux desde 2004 y ostenta la categoría oficial de 5 estrellas.

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