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Chumbe Island, el mejor buceo en Zanzíbar

Un jardín de coral donde bucear tras un safari por Kenia o Tanzania.

Siempre andamos en busca de esos lugares únicos a los que se acerca poca gente. Chumbe Island Coral Park es una isla situada en el Océano Índico, en el canal entre la costa de Tanzania y la isla de Zanzíbar. Es un parque marino protegido, una reserva de coral privada, donde los únicos habitantes son los que residen en el eco-lodge más sencillo y exclusivo de Zanzíbar. Este es el broche de oro para los amantes del buceo, el fin de fiesta perfecto tras un safari por Kenia o Tanzania. Ya lo dice J.E.N Vernon, del Instituto Oceanográfico de Australia: “Chumbe Island es uno de los ‘jardines de coral’ más espectaculares del planeta.”

El parque natural de Chumbe Island incluye un santuario coralino, que alberga hasta 400 especies de peces tropicales, algunos en extinción, un centro educativo que ha recibido la visita de la antropóloga y defensora de los primates Jane Goodall, un pequeño eco-lodge, ejemplo de gestión sostenible, con capacidad para sólo 14 personas, donde es un privilegio hospedarse, senderos de coral muerto entre la jungla, baobabs de más de 500 años y un par de ruinas históricas: un faro que colocaron allí los británicos en 1904 y que aún funciona, los restos de una mezquita y la casa del farero, hoy convertida en centro para visitantes.

Desde la lejanía, al cruzar en hydrofoil desde Dar-Es-Salaam a la isla de Zanzíbar, Chumbe surge entre el deslumbrante azul turquesa del Océano Índico, con la blanca torre del faro, su vegetación tropical y la cabaña junto a la playa que recuerda la Ópera de Sydney en versión Robinson Crusoe. Esta estampa idílica puede cambiar en un santiamén: en época de lluvias, las tormentas tropicales, súbitas y breves, convierten el Índico en un mar embravecido, sacuden las palmeras con tal furia que parecen peleles sin control, y depositan a los visitantes, calados hasta los huesos, cual náufragos en la arena. Por suerte, esta locura dura pocos minutos y tal como vino se va: el sol vuelve a lucir y el mundo recupera la calma.

La llegada a la isla de Chumbe con marea alta no presenta problemas: la motora atraca sin más en el muelle junto a la playa. Pero si la marea está baja, hay que ir preparado para la aventura. Es necesario hacer trasbordo a una lanchita de poco calado, atravesar las aguas de la barrera de coral, increíblemente tranquilas en turquesas aguamarinas, para luego remangarse los pantalones e ir andando hasta la playa sobre arenas resbaladizas salpicadas de tanto en tanto por puntiagudos restos de coral. Ni hablar de andar por aquí descalzos.

Las cabañas de Chumbe son el tipo de alojamiento que nos fascina, donde uno se siente libre y a sus anchas cual Tarzán y Jane. Un camino estrecho de arena blanca, marcado por una fila de conchas, guía al huésped hasta su cabaña privada. Todo aquí es obra de la naturaleza: peldaños de madera de deriva, muebles realizados con troncos de palmeras o recuperados del mar y reciclados artísticamente, techos de paja entrelazada, esteras, hamacas y cojines de colores….

Bucear en las aguas coralinas de Chumbe es realmente un espectáculo: flotar como en trance durante horas y horas, hasta tener la piel arrugada como una pasa, sobre un mundo de ciencia ficción, plagado de bosques verdes y azules en miniatura, plantas marinas como arbolitos morados mecidos por la corriente, praderas oscilantes… habitados por criaturas extrañas de otro mundo, de colores inverosímiles y brillantes, con diseños perfectos de rayas y motas multicolores, manadas de pececillos que parecen pastar en la pradera, como si fuesen vacas diminutas, otros huidizos; y todo ello en la quietud y el silencio totales, roto solo por el sonido de nuestra respiración.

Al atardecer, la cena a la luz de las velas con el sonido del mar al fondo es otra deliciosa experiencia. Aquí se mezclan los ingredientes de África con los sabores picantes y perfumados de la India, en infinidad de platillos exóticos y sabrosísimos.

La diversión después consiste en salir en busca de los llamados “cangrejos coco”, el más grande del mundo, muy tímido y noctámbulo, que se encuentra en peligro de extinción. Su vida comienza en el mar, como cangrejos eremitas, más tarde se desprenden de su concha, crecen y comienzan a alimentarse de los cocos caídos, que abren con sus fuertes pinzas. Cuando no encuentran suficientes cocos sobre la arena, se encaraman a las palmeras y los desprenden de las ramas.

Y quedarse a dormir aquí, en este paraíso, con los sonidos de la jungla y el mar como compañía, bajo la mosquitera y un manto de estrellas, es estar en el cielo.

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