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Boutique hotel urbano abierto a sus vecinosCristine Bedfor, domicilio Mahón

Integrado en el arte, la cultura y la historia de Mahón y partícipe de la sostenibilidad de Menorca

Los menorquines no son gente que se deje impresionar fácilmente. Mientras Cristine Bedfor levantaba un gran revuelo en Instagram antes incluso de que este coqueto guest house abriese sus puertas en Mahón esta primavera, sus habitantes pasaban de largo ante el número 17 de la calle Infanta sin preguntarse quién y para qué estaba poniendo patas arriba la vetusta posada Orsi y el antiguo Petit Mao, dos edificios históricos que ocupaban lo que hoy es este pequeño hotel con encanto. Y es algo paradójico, porque quienes más y mejor van a disfrutar durante todo el año de la llegada y la hospitalidad de Cristine Bedfor van a ser precisamente ellos, los menorquines, y más concretamente los habitantes de Mahón. O Maó (pronúnciese Mó en menorquín).

Como mahonesa recién empadronada en la isla, confieso que estoy emocionada. Tanto, que este artículo corre el riesgo de parecer un publirreportaje o una vulgar #colab. Pero ya verán, cuando conozcan todo lo que hay detrás de la aventura de Cristine Bedfor en el mundo de la hospitality, querrán trasladarse a vivir a Mahón y disfrutar de Menorca todo el año en modo staycation (sí, vacaciones sin moverte de tu sitio, que es lo que se lleva ahora). “Esta isla es una joya, cada día descubres algo nuevo”, reconoce Cristina Lozano, propietaria de Cristine Bedfor junto a Daniel Entrecanales. La leyenda cuenta que todavía quedan menorquines del este que no han pisado Ciutadella y menorquines del oeste que aún no conocen Mahón. Ancha es Menorca y efectivamente queda mucho por descubrir.

De Cristina Lozano y Daniel Entrecanales solo vamos a apuntar dos detalles: Cristina ha logrado “que Cristine Bedfor no parezca un hotel”, la única consigna que transmitió a su amigo y decorador Lorenzo Castillo. “Queremos que los mahoneses consideren Cristine Bedfor como una prolongación de su casa, esa es nuestra mayor ilusión. Se nos ocurren muchísimas cosas para que el hotel pase a formar parte de la ciudad, pero hay que ir poc a poc. Primero hay que asentarse.” Y con Daniel Entrecanales charlamos a su regreso de una excursión a la Cova de s’Aigua. Vuelve entusiasmado como un chaval y mientras nos habla de su expedición y nos cuenta maravillas sobre los proyectos sostenibles que están desarrollando en Medio Ambiente y Reserva de la Biosfera del Consell Insular, se levanta, se agacha junto a unos agapantos, recoge un papelito y lo tira a la papelera. Este gesto, recoger algo que tú no has tirado, lo hemos observado en no pocos habitantes de Menorca.

 A Cristine Bedfor la hospitalidad le sale del alma

Tras varios días deambulando por el hotel, hemos llegado a la conclusión de que a Cristine y a Menorca les gusta lo mismo: recibir a gente amante de la naturaleza, que prefiere la tranquilidad y tiene una sensibilidad especial por el arte, la cultura y la historia de la isla. Además, a ambas, la hospitalidad les sale del alma.

Cuenta una amiga de Mahón (16 apellidos menorquines, el doble de los 8 vascos) que una tía-abuela suya se sentaba cada tarde en su salita de seis a ocho, los pastissets recién hechos espolvoreados de floreti (qué nombre tan bonito para el azúcar glas), por si asomaba por su casa alguna visita. Lo que en otros lugares, “presentarse sin avisar”, es una imperdonable falta de cortesía (bien es verdad que en la época de la tía-abuela no había móviles), en Menorca y entre menorquines resulta ser algo habitual, incluso a día de hoy.

Como en casa de la tía-abuela, también en Cristine Bedfor están abiertas las puertas y por ellas entran y salen amigos y vecinos. Para quien aún no conozca Mahón: esta es una ciudad tranquila de calles estrechas con pequeñas plazas pavimentadas. El espacio exterior es pétreo y austero. De ahí el impactante contraste con el jardín interior de Cristine Bedfor diseñado por el paisajista Álvaro de la Rosa, un oasis verde y frondoso por donde trepan jazmines, parras y hiedra, pletórico de árboles, flores y murmullo de agua. Una mañana cualquiera, una pareja desayuna tarde en el patio bajo la palmera; un pequeño grupo charla en los sofás del porche; las mesas de jardín bajo el gigantesco y fragante pittosporum y junto a la alberca son rincones favoritos esta primavera…, cada uno encuentra su sitio y todos se sienten en casa…, algunos se conocen entre sí, se saludan… Y el rumor de las fuentes, el canto de los pájaros, el blanco deslumbrante de las fachadas vecinas reflejado en la piscina…, todo invita a quedarse en este jardín mediterráneo de cipreses, palmitos y encinas, aspidistras, clivias, acanthus y monsteras y masas de plumbagos azules y abelias blancas y donde brotan, según la estación del año, las multicolores freesias, hemerocallis naranjas y amarillas y los iris color malva. Por detrás de una tapia asoman el magnífico drago del vecino y un limonero. Están de charla con la palmera…

Si tengo que elegir dos momentos favoritos en Cristine Bedfor serían a media mañana, con un vaso de limonada (Christian preparará después una pomada deliciosa y refrescante, con poquito gin Xoriguer, como nos gusta) y al caer la noche, bajo un cielo índigo con las fachadas y la torre de Ca n’Oliver iluminadas. Pura magia.

Cristine Bedfor se ha rodeado de menorquines

Cuando escribes sobre lo que te gusta acabas conociendo gente que te encanta. Como Emma Martí, la joven arquitecta menorquina al frente del proyecto de rehabilitación de Cristine Bedfor. Su forma de abrazar la arquitectura austera y honesta de la isla, su defensa del paisaje, controlando la ocupación de un territorio escaso, y de la manera de vivir de los menorquines, reflejan a la perfección la personalidad de esta isla.

“Los menorquines han querido siempre a su tierra, la han cuidado, la han protegido. Gracias a un movimiento social muy fuerte, la isla se ha conservado tal y como es y por eso atrae a tanta gente que la valora y trae hasta aquí sus proyectos de arte, cultura y sostenibilidad. En Menorca hay una consciencia de territorio que quizá no exista en otras islas cercanas: consciencia de lo limitado, de lo pequeño que es. Esto es lo que tenemos, y debemos cuidarlo y conservarlo porque es de lo que vivimos… A fin de cuentas, ¿qué es lo que vendemos? Vendemos el paisaje. Y los payeses, la gente que trabaja el campo, son los paisajistas. Lo mismo ocurre con las playas vírgenes: al principio, los hoteleros estaban ansiosos por urbanizar. ¿Y cuál es la imagen que “vende” Menorca ahora? Pues las calas de Macarella y Macarelleta, playas vírgenes sin una sola construcción. ¡Lo que costó que se quedasen así! Pues lo mismo pasa con el campo, con el suelo rústico.”

Es muy coherente que una arquitecta que piensa así se dedique más a la rehabilitación de casas menorquinas (y buena falta hace rehabilitar respetuosamente el casco histórico de Mahón, es una pena que haya tantas casas abandonadas, en ruina y con okupas) que a construir obra nueva.

“Reformar y acondicionar el viejo hostal Orsi, que estaba en un estado lamentable, ha sido lo más complicado de Cristine Bedfor. Había muchos elementos originales ocultos, camuflados, como las vigas de madera o unas ventanas tapiadas. Hemos rehecho la escalera recuperando el estilo tradicional menorquín, en piedra de marés y con la barandilla de hierro tan característica, realizada por un artesano local. En cambio, el antiguo hotel Petit Mao no perdió nunca la esencia de la casa menorquina”. (Emma Martí era precisamente socia del Petit Mao junto con Ignasi Truyol, propietario del vecino Hevresac, otro proyecto de reforma también de Emma).

Además de esa escalera nueva que parece de toda la vida y que muchos deseamos copiar, en Cristine Bedfor hay otras joyitas: las terrazas de algunas habitaciones que se asoman al patio interior y al jardín o al casco histórico de Mahón; las pequeñas y acogedoras habitaciones abuhardilladas; las espectaculares vistas desde la azotea, una remonta que se construyó entre los años 60 y 70 y nos brinda un puesto de observación privilegiado sobre la ciudad. Y por supuesto, su patio alargado con piscina para el verano y el rincón de la chimenea, lo más solicitado del invierno mahonés.

Hay algo más que va a ser del agrado de los mahoneses: Oriol y Marco de Ses Forquilles están al frente de Cristine’s Kitchen. Este grupo lleva muchos años arraigado en la cultura gastronómica de Mahón. Como dice Oriol “sabemos hacernos pequeños y grandes”, y si ahora la cocina de Cristine es pequeñita, lo justo para servir deliciosos desayunos y riquísimos tentempiés, a saber lo que nos encontraremos al otro lado del jardín dentro de un tiempo… De nuevo el lema es ir “poc a poc.”

Regresamos con Emma: “Lo bonito ha sido que Cristine Bedfor haya apostado por profesionales de aquí: arquitecta, arquitecto técnico, ingeniero, constructores, artesanos de la piedra, el hierro y la madera, el personal de la casa incluida la Cocina de Cristine…, todos somos menorquines. Hasta el decorador Lorenzo Castillo y el paisajista Álvaro de la Rosa tienen cada uno su casa en la isla desde hace mucho tiempo.”

En casa de Cristine Bedfor no entra el plástico

Otra mujer excepcional que hemos conocido gracias a Cristine Bedfor es Rebecca Morris, menorquina también de pura cepa aunque su nombre juegue al despiste. Hablaremos más de Menorca Preservation, la fundación que gestiona Rebecca y a la que se ha asociado Cristine Bedfor, porque todo lo que hace nos parece ejemplar.

Nada más llegar, Cristine se ha esmerado en merecer el sello de Menorca Reserva de la Biosfera. Eso implica un gran esfuerzo: instalar sistemas de climatización de alto rendimiento y bajo consumo, purificadores de agua por ósmosis inversa, aislamientos térmicos, protecciones solares… El “envoltorio”, tan menorquín con su piedra de marés y sus contraventanas de madera en verde carruaje (aquí las llaman persianas), es idóneo para ello. Cristine Bedfor tiene además un ambicioso plan de gestión de residuos, utiliza muebles restaurados y vajillas antiguas (hasta las servilletitas de hilo bordadas con sus iniciales son antiguas), tiene una política de cero plásticos (incluso la ropa que llega de la lavandería prescinde de ellos), la ropa del personal es de Ecoalf y las alfombras son de…¡plástico reciclado!, ideales y que parecen de algodón suave. Y además, Cristine tiene un aljibe para recoger agua de lluvia y poder regar con ella el jardín, algo fundamental pues según nos cuenta Rebecca Morris, en Menorca el 90% del agua de lluvia vierte al mar, y eso que en la isla el agua es un bien precioso y escaso.

Menorca Preservation y Cristine Bedfor se han hermanado en un proyecto común: Dream global, eat local.Venir a Mahón y no ser sostenibles no tendría sentido”, afirma Cristina Lozano. “Nos pusimos en contacto con Menorca Preservation con el objetivo de comprometernos a fondo con la Fundación y a Rebecca se le ocurrió lanzar el concepto Dream global, eat local. Como hoteleros, nos encantó la idea de apoyar un proyecto acorde con nuestra actividad: consumir producto local, apoyar al pequeño productor y convencer al consumidor final de las bondades de este tipo de consumo. ‘Eat local’ mira hacia el futuro: hemos donado una cantidad al fondo y Menorca Preservation la ha igualado, lo que nos garantiza una colaboración a largo plazo”. De aquí surgirán iniciativas como diversificación de la producción, plantación de árboles frutales, instalación de colmenas, apoyo al agricultor para su adaptación al cambio climático, con ayudas para la recuperación de aljibes y canales para recogida y uso de aguas pluviales, etc.

 Off the record y de buena fuente: durante el confinamiento y con los hoteles de la isla cerrados, los pequeños productores no conseguían sacar al mercado local sus productos. La alternativa era tirar los precios o tirar el producto. Gracias a esta alianza, el pequeño productor pudo vender el excedente a precio de mercado sin pérdidas y los alimentos se donaron a Cruz Roja. Suele decirse “que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda”, pero en este caso creemos que vale la pena divulgar este tipo de noticias. Nos parecen muy estimulantes.

A Cristine Bedfor también le apasionan la ópera y las tertulias literarias y por eso ha ido a parar a una de las ciudades donde más se valoran y disfrutan estas actividades. Si de algo están orgullosos los mahoneses es de su Teatro Principal, el teatro de ópera más antiguo de España, inaugurado en 1829. La afición de los mahoneses a la música y al teatro viene de muy lejos: en el pasado, los asistentes a un espectáculo de ópera se reunían en las casas semanas antes de la representación y allí, frente a un gramófono o un tocadiscos, estudiaban el libreto y la partitura de la obra en cuestión, para así disfrutarla más si cabe el día del estreno.

El Ateneo científico, literario y artístico de Mahón es la entidad cultural de la ciudad con mayor proyección social. Además de invitar cada año a destacadas personalidades a sus sesiones inaugurales, como Margarita Salas o Iñaki Gabilondo, organiza infinidad de actividades, cursos y conferencias, tiene aulas de música, dibujo y pintura, biblioteca y cineclub, club de fotografía, filatelia y numismática, y hasta cursos de escritura creativa, talleres de lectura y yoga. ¡Qué ganas nos entran de estar todos vacunados para podernos reunir de nuevo en un salón a conversar, a debatir civilizadamente…, que no solo de bares vive el hombre!

Cristine Bedfor ya se ha hecho socia del Ateneo y también ha firmado un acuerdo económico con el Teatro Principal. Su ilusión es involucrarse al máximo en la vida cultural de Mahón durante todo el año, ayudando a desestacionalizar el turismo. Se están moviendo cosas muy interesante en el mundo del arte y la cultura de Mahón…

Y terminamos con Emma Martí: “Es bonito que la gente de fuera venga y se interese por lo local. Y a la vez, que los menorquines conecten con los forasteros. Es algo enriquecedor para todos. A veces pienso que somos dos sociedades que vivimos en mundos paralelos, nos cuesta mezclarnos. En Menorca “se tolera” a los de fuera, pero siempre manteniendo una cierta distancia, quizá porque aquí la gente está acostumbrada a ir a su ritmo, sin alterarse. Porque si nos dejásemos arrastrar, esto sería una vorágine, llevaríamos una vida al son de lo que tocan otros. Históricamente, en Menorca ha habido siempre industria manufacturera: bisutería, calzado… y agricultura y ganadería. Nunca hemos vivido del turismo, a diferencia de otras islas cercanas. Esto ha ayudado a que la mentalidad del “dinero rápido” no haya calado como en otros lugares. Ahora, de una u otra forma, todos nos beneficiamos del turismo, pero por suerte podemos ofrecer un turismo de calidad y fuera de temporada. Menorca es un museo al aire libre y tenemos una rica vida cultural. Si el carácter de la isla y nuestro estilo de vida gustan a las personas que vienen, los compartiremos y todos ayudaremos a preservarlos.”

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