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DOS CONCEPTOSDe Luxemburgo, a la región gala de Lorena

Del Place d’Armes al Domaine de la Klauss, dos experiencias diferentes y a la vez complementarias

En la capital del Ducado, existe un hotel estratégicamente ubicado, el Place d’Armes, que como se han percatado lleva el nombre del lugar en el que se halla. A poco más de cuarenta kilómetros de ahí, en lo alto de un paraje en plena naturaleza, está el Domaine de la Klauss; dos hoteles diversos, dos experiencias complementarias, que hemos probado. Si una es ideal para la semana, por estar en el corazón de un minipaís económicamente poderoso, la segunda es una buena opción para el fin de semana, en pareja o en familia.

Luxemburgo se asocia con el dinero, con Bancos de primer nivel, aunque quien allí se encamina no lo hace necesariamente por ese asunto. Hay muchos a los que les apasiona la ciudad en sí, sus diferentes desniveles, los museos… y por supuesto su shopping de alta gama. Nos recibe Jean-Michel Desnos, gestor del Place d’Armes, el que muchos consideran el mejor hotel de la ciudad. Asociado a la cadena Relais & Châteaux, es grato descubrir nada más llegar una serie de fotografías realizadas por el galo Jean-Daniel Lorieux, todo una referencia en el universo de la moda de los años 80 y parte de la década de los 90.

En su bar suena música de su última compilación, del volumen 3: al hilo de otros establecimientos, editan CDs con una buena selección de propuestas. El interior es tanto laberíntico, pero no hasta el punto de perdernos: son varios edificios unidos, lo que le aporta encanto. Cada habitación tiene un estilo diverso, incluyendo sus baños productos nicho Ortigia. Además de por su ubicación, son recomendables su restaurante, sito en la primera planta, y su desayuno, que se sirven en la baja y en terraza.

A algo más de media hora en coche desde aquí, a caballo entre tres fronteras, la luxemburguesa, la alemana y la francesa, en tierra de esta última, y rica por tanto en las tres culturas, se halla el Domaine de la Klauss, en una localidad pequeña de nombre Montenach. Es un affaire de familia, la de los Keff. “Levantamos el hotel sin esperar permisos, piedra a piedra. Y contratamos a gente de la región”, nos cuenta el pater familias, Charles Keff, mientras nos hace degustar algunos de los mejores caldos de sus bodegas. Sus buenas relaciones con las instituciones y su empeño por crear riqueza y sobre todo un servicio de primer nivel, fueron su mejor aval.

El punto fuerte desde siempre ha sido el restaurante L’Auberge de la Klauss, que hoy supervisa su hijo Frédéric, a la cabeza del nuevo, de nombre Le K. El otro vástago, Alexandre, se reparte entre el hotel y su trabajo de piloto de Luxair, la compañía bandera del pequeño país vecino. Tienen cientos de patos al aire libre y un gran número de cerdos, que “se alimentan de foie-gras. Son los que mejor comen de la región”, señala sonriente el patriarca. Generosidad en el trato y en las raciones, como podremos descubrir más tarde, al cenar en L’Auberge de la Klauss.

La habitación que me toca es la que fuera una antigua terraza, reconvertida en gigantesca suite, y muy apreciada por los recién casados, por el jacuzzi que tiene dentro de ella. Lleno fin de semana sí y fin de semana también, que se percibe sobre todo en la piscina de su SPA, se recomienda reservar en este 4 estrellas con tiempo. Una buena opción puede resultar pasar dos noches aquí, y una en Luxemburgo; todo depende de dónde estemos y cuáles sean nuestras prioridades.

www.abrahamdeamezaga.com

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