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Dormir en el Palace por el placer de contártelo

Fue inaugurado en 1912. Hoy, The Westin Palace sigue siendo moderno en muchos sentidos.

Alfonso XIII se empeñó en que Madrid contara con un gran establecimiento hotelero en el que se entendiera y demostrara el lujo en toda su expresión. Sus deseos se materializaron en 1912: se inauguraba The Westin Palace, el hotel más grande y moderno de Europa.

El Ritz, justo en frente, había sido inaugurado solo dos años antes. Cuentan que el Palace pronto se hizo con la categoría de ‘moderno’. En su hall, en su concurrida brasserie, en el bar y en cada uno de sus rincones se reunían artistas, hombres de negocios y viajeros elegantes, pero no por ello ‘encorsetados’. El ambiente era naturalmente cosmopolita. De hecho, a mediados del siglo XX, Josep Pla definió su hall como ‘el microcosmos de la vida española’. Y sí, 103 años después, con todo lo vivido y con los cambios de la sociedad, se puede seguir considerando como uno de los establecimientos más modernos de la capital.

Este gran hotel, que mantiene el icónico neón de 1912, fue construido en un tiempo récord: apenas 18 meses y 11 días; fue obra del arquitecto Eduard Ferré i Puig. Las reformas se han sucedido y recientemente, a nivel de la Plaza de Neptuno, se han construido salones para eventos. Ocupan nada más y nada menos que 1.185 metros cuadrados. De corte muy moderno, sin duda, contrastan con la solemnidad de los situados en la planta principal, que son verdaderas joyas.

En sus orígenes contó con 800 habitaciones, hoy son 467 y 50 de ellas, suites. Fue el primer hotel en España y segundo en el mundo, con cuarto de baño y teléfono en cada una de sus habitaciones. Son de decoración clásica, sin estridencias y con algo tan importante como una cama en la que vivir los mejores sueños. Sí, los de fantasía y los reparadores que tanto se necesitan para la jornada que llega.

De la recepción al hall
Impresiona, y mucho, el movimiento que se genera en la entrada y recepción. Bajo una espléndida lámpara, pieza única realizada en bronce macizo en forma de palmera, que data de 1912, el ir y venir de viajeros es incesante. Siempre hay quien recoge las maletas y se despide quizás hasta la próxima, y siempre llega alguien por vez primera.

Pero el verdadero centro neurálgico es el hall, bajo la emblemática cúpula de cristal de estilo Art Nouveau, realizada por la casa Maumejean y decorada con motivos geométricos de carácter vegetal y arabescos. Durante la Guerra Civil Española, el hotel se convirtió en hospital militar y precisamente la cúpula de cristal permitía realizar las operaciones quirúrgicas aun cuando existía falta de suministro eléctrico.

The Westin Palace es arte. No solo porque lo promueve a través de curiosas exposiciones y actividades, pronto James Bond será protagonista de una de ellas, sino también por infinidad de muebles y objetos. Además de la citada lámpara o de la cúpula, hay otras obras a las que se les reconoce, instantáneamente, valor artístico: véase tres tapices flamencos del siglo XVII. Conviene buscar la belleza en lo majestuoso sin olvidar lo discreto; y así no deberían pasar desapercibidas las numerosas y bellísimas cómodas que ‘adornan’ cualquier rincón. O el color pistacho y los tonos morados elegidos para vestir los sofás y sillones. Acariciar esos tejidos también resulta bello.

El Palace es moderno por todo lo que fue y es. Tras la I Guerra Mundial, en los felices años 20, bajo la cúpula, se sucedieron los famosos bailes de media tarde. Entre 1920 y 1936, vivió su máximo esplendor como cita obligada de todos los artistas e intelectuales que pasaban por Madrid. Valle Inclán, Joséphine Baker, Buster Keaton, Richard Strauss, entre otros muchos, se alojaron. Federico García Lorca, Luis Buñuel y Dalí, cuando aún eran compañeros de la Residencia de Estudiantes, tenían como lugar de reunión el bar y, en los años 50, serían Hemingway, Orson Welles, Lauren Bacall, Rita Hayworth o Ava Gardner algunos de sus huéspedes más reputados.

Salud y bienestar
También fue y es moderno por su gastronomía. Asia Gallery es conocido como ‘el chino del Palace’ y considerado como uno de los mejores restaurantes asiáticos de Madrid. Apenas hace unos meses, se amplió la oferta con un sushi-bar llamado Green Tea que se está convirtiendo en el lugar en el que ver y ser visto.

En lo que se refiere a la cocina del propio hotel, la sorpresa es mayúscula. En los últimos tiempos se ha reforzado el compromiso con la salud y el bienestar de los clientes. No es un campaña de marketing y punto. Significa una revisión de la gastronomía y la propuesta de recetas e ingredientes muy saludables. En el desayuno además de churros y porras, también se encuentran zumos detox, frutas, verduras, yogures, cereales y otras sugerencias equilibradas. También platos del mundo (samosas, arroces, sopas orientales, hummus…) y una deliciosa carta de huevos. En esta línea, es relevante destacar que los niños pueden degustar platos especialmente creados para ellos sin caer en la pasta, la pizza o la hamburguesa.

El empeño por el bienestar de los huéspedes también incluye el alquiler de equipo deportivo (incluidos calcetines y zapatillas) para quienes deseen correr en el gimnasio o en el cercano parque de El Retiro -a un paso-. Disfrutar de un reparador sueño o de una ducha son otros aspectos que han sido cuidados al máximo en esa vocación de bienestar.

Un hotel que no duerme
El Palace no descansa. Siempre está vivo y hay una parte absolutamente desconocida. Son los pisos inferiores –hasta tres-, los que albergan la lavandería, cocinas y otras áreas. Allí, el tiempo nunca se detiene, tampoco cesa la actividad. No olvidemos que este hotel sigue siendo la máxima expresión de lujo gracias a una maquinaria y a un equipo de personas que funcionan perfectamente. Esa parte oculta, seguramente brinde material inspirador para una bonita novela o un interesante estudio antropológico. Porque en este maravilloso hotel hay una gran parte visible y otra escondida.

Desde aquel primer huésped, que pagó 7,5 pesetas por alojarse en la habitación 141, han sido infinidad los viajeros que han vivido por unas horas o por una larga temporada en este hotel. Y eso, sin duda, es un privilegio digno de ser contado. Nosotros lo hemos compartido.

Una respuesta a Dormir en el Palace por el placer de contártelo

  1. Vanessa dijo:

    Maravillosa descripción!

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