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PAÍS VASCOFin de semana veraniego frente al Guggenheim

El Gran Hotel Dómine de Bilbao ofrece la mejor estampa del museo de Frank Gehry

Su apertura, hace poco más de tres lustros, fue todo un acontecimiento en la capital vizcaina, hasta la que atrajo a estrellas de cine, como Sofia Loren. El Gran Hotel Dómine de Bilbao, con diseño de Javier Mariscal, es el cinco estrellas que se ha ido renovando con el tiempo, desafiando a este. Entre sus novedades, su recientemente reabierto restaurante Beltz, así como su bar Sixty One, de aspecto intimista y londinense, con diferentes espacios en los que disfrutar de una copa entre amigos, citarse para cerrar un negocio… o lo que surja.

Tuve la suerte de figurar entre los invitados el día de su inauguración, allá por 2002, cinco años después de la apertura del museo Guggenheim, ubicado frente al hotel y entre los que, cual guardián, se halla Puppy, el perro repleto de flores de Jeff Koons, artista que desde entonces ha ido viendo cómo su caché subía. Así como hay hoteles que años después de su apertura ya no sorprenden, o porque su arquitectura exterior ya no impacta como al principio, o porque la decoración se ha quedado un tanto anticuada, el Gran Hotel Dómine continúa sorprendiéndome como el primer día.

Este cinco estrellas se renovó completamente en 2017, con habitaciones y suites que van de los veinticinco a los ochenta metros cuadrados. La Premier Suite with Terrace, como se llama a la que tiene la vista más bella del museo, ocupa sesenta metros cuadrados. Hablando de terrazas, sugiero tomar el desayuno en la grande de la séptima planta, desde donde aparte del Guggenheim y la torre Iberdrola, la más alta del País Vasco, se divisa el monte Artxanda.

En cuanto a restaurantes, el Beltz, a cargo del reconocido Abel Corral. Solo abre por la noche, con una carta sencilla pero completa, en cuanto a propuestas. Apuesto a ojos cerrados por la merluza confitada con ragout de chipirón y espárragos verdes y, de postre, la torrija caramelizada. En cuanto a vinos, me decanto por un blanco bien fresco, el de Finca Las Caraballas, verdejo ecológico. Un placer poder saludar al chef al finalizar la cena e intercambiar sensaciones con él.

Dos días, o lo que es lo mismo un fin de semana, es perfecto para pasar en este hotel, a cinco minutos de la zona de bares y restaurantes de la calle Heros, y a poco más de diez minutos caminando del centro de Bilbao, de la plaza Moyúa o de la Gran Vía. Dormir en él permite sentirse parte del Guggenheim, por la fusión con la gran pinacoteca –parece como si fuera el hotel del museo-. Ya le gustaría al de Nueva York contar con un Dómine enfrente, aunque no tendría el mismo encanto que el que hallamos en este. Palabra de bilbaino.

www.abrahamdeamezaga.com

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