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Finca Fuente Techada, Segovia

A este hotel rural en el pueblo de Sotosalbos se quiere volver una y otra vez, como quien regresa a casa.

“¡Bienvenidos!
El saludo de Cristina y Alejandro, propietarios del hotel finca Fuente Techada, una casa de campo familiar al pie del Parque Natural de Guadarrama en Segovia, no es nada convencional. Nada más bajar del coche, tras haber serpenteado por caminos sin asfaltar, con la nieve derritiéndose bajo el sol luminoso en uno de esos días radiantes castellanos de finales de enero, percibimos de inmediato que somos bien recibidos. Nuestros anfitriones son pura naturalidad y cordialidad, propias de las personas abiertas, viajadas y descomplicadas. 

Si tuviésemos que resumir en una sola palabra la sensación que nos produce nuestra estancia en la Finca Fuente Techada, esta sería: generosidad. Aquí todo nos parece generoso: la naturaleza que rodea la finca de 11 hectáreas arboladas, con fresnos y robles viejos, y encinas, madroños, avellanos, guindos y acebos plantados recientemente con objeto, sobre todo, de proporcionar alimento a las aves (Alejandro es ornitólogo); las vistas amplias hacia la preciosa aldea medieval de Sotosalbos y la Iglesia románica de San Miguel; la sierra de Guadarrama que se extiende frente al porche de la casa, de este a oeste.; la laguna, con un pequeño observatorio de aves… Repartidos por la finca, ovejas, caballos y la burrita Malva, “que se encargan de mantener la vegetación allá donde no alcanza la segadora”.

Es generosa también la casa de campo familiar: construida en un estilo que nos recuerda al mas provenzal, en torno a un pequeño patio cubierto lleno de plantas y rodeado de una luminosa galería, los espacios están pensados y calculados para que cada huésped encuentre siempre “su” rincón favorito para leer o escuchar música junto a la chimenea, o siestear en el soleado porche en invierno, arropado con una mantita y en compañía de Nina, una mastín, y Olinda, una labrador (bautizada así en honor a Brasil, la segunda patria de Cristina y Alejandro). Estamos deseando volver en primavera para tumbarnos al sol en el solárium de la primera planta o bajo los fresnos en verano, junto al arroyo.

Cristina y Alejandro han ido construyendo su casa palmo a palmo, piedra a piedra: reciclando elementos de demoliciones de antiguos edificios y aprovechando material de derribo, como las ventanas de la primitiva maternidad de O’Donnell de Madrid, o las puertas interiores, que provienen de casas de los barrios madrileños de Salamanca y Chamberí, o de la Casita del Príncipe de La Granja; los herrajes se han ido encontrando por aquí y por allá; la acera es del paseo de la Isla de Burgos… Las vigas de los porches pertenecen al desaparecido monasterio de La Laura (s. XVII) de Valladolid, y están sostenidas por pies derechos provenientes de la rehabilitación del edificio del Tío Pepe de la Puerta del Sol de Madrid y por vigas de olmo y enebro de antiguas portadas de la zona. Un trabajo muy personal y un enorme esfuerzo a lo largo de 15 años, en los que Cristina y Alejandro han desplegado grandes dosis de ilusión, paciencia y amor por el detalle.

La casa tiene 7 habitaciones dobles y una suite familiar con dos cuartos, algunas de las habitaciones disponen de terraza particular y todas gozan de unas vistas mágicas al valle o a la montaña. Los baños son también muy amplios, todos exteriores, con duchas y bañeras originales hechas de mosaico hidráulico marroquí.

Nos encantan los acabados austeros, en bruto: los suelos de tablones de pino utilizados en su día para encofrar; las paredes, en tonos muy suaves y naturales, en yeso negro sin pintar. Las chimeneas de hierro fundido están hechas a la medida, al igual que las mesas y objetos de hierro de la casa. Todos los muebles son familiares, en una mezcla ecléctica absolutamente lograda. “Queríamos hacer una casa con materiales nobles, perecederos, que envejeciera con nosotros sin miedo a estropearse”.

Dentro de la sobriedad y sencillez, destacan algunos golpes de color: en alfombras de lana y kilims de algodón antiguos, en la tapicería a cuadros rojos y blancos de un sofá o en el terciopelo turquesa de un butacón. También en piezas de cerámica y espejos. Objetos todos ellos muy personales, adquiridos en viajes por países donde han vivido y trabajado Cristina y Alejandro: Marruecos, Turquía, Libia, Uzbekistán, India, Brasil y Perú. Cristina es una mina de información: conoce lo mejores proveedores y artesanos de la zona. Nos fijamos también en los cuadros, algunos pintados por la propia Cristina, otros unas láminas de Barceló de su época africana, de pronto un bodegón antiguo.

Esa misma generosidad es la que reúne a los amigos (viejos y nuevos amigos) en torno a la mesa de la cocina, otro espacio amplio y luminoso que comunica directamente con el campo a través de enormes cristaleras. Mientras Cristina prepara unos chipirones en su tinta y se improvisa la charla, alguien abre una botella de vino y da comienzo el ritual del aperitivo. La escena nos recuerda a una de esas películas que tanto nos gustan: Un buen año, Entre copas, escenas de films de Nanni Moretti, donde amigos, vecinos y algún extraño despistado, aterrizado ahí como por casualidad, comparten conversaciones y risas con una copa de vino en la mano.

Por la mañana, sucumbimos al desayuno y nos eternizamos con el café. Es un placer, antes de salir de excursión, comenzar el día con unos huevos de las gallinas felices de la propia granja, diferentes quesos españoles y franceses, mermelada de mora de la finca y de otras frutas, todas hechas en casa, panes de la tahona de Pedraza, de sésamo, integral, de nueces, y el rosco blanco típico de allí. Probamos también un aceite de oliva navarro que es una delicia y la repostería elaborada en casa. Por la tarde, nos apuntamos a otro ritual ya casi extinguido: la hora del té, cortesía de la casa, con tarta de manzana y bizcocho casero.

El hotel Finca Fuente Techada es mucho más que una “habitación con desayuno”. Los momentos de tranquilidad y de risas; el privilegio de estar en un sitio tan acogedor y especial, donde nos sentimos a gusto entre amigos; la suerte de encontrar gente con la que conectamos, o simplemente el hecho de vivir a nuestro aire en una casa ajena, sintiendo que estamos en nuestra propia casa, es algo que no tiene precio y hace que queramos volver una y mil veces a este lugar encantador.

Tarifas:
Habitación doble con desayuno e IVA incluidos: 90/95€ entre semana.
Fines de semana (2 noches) desde 240 € (2 personas) y 180 € (1 persona).
Semana completa: 600€ (2 personas) y 450/500€ (1 persona).

2 respuestas a Finca Fuente Techada, Segovia

  1. Pilar dijo:

    Fantástico sus artículos

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