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Un cinco estrellas en Pamplona. Hotel AlmaPamplona Muga de Beloso

De arquitectura imponente y grandes espacios, cada objeto ha sido elegido en función de su belleza.

El Hotel AlmaPamplona Muga de Beloso no está en el centro, pero tampoco se encuentra lejos. Y es que en ciudades como la capital navarra las distancias cobran otra dimensión.

Por eso, si llega de noche, en taxi o en coche, siguiendo las directrices de ese aparato llamado GPS (que tanta orientación nos ha hecho perder), quizá piense que su ubicación dista de los atractivos turísticos. No, no lo crea.

Mañana, cuando decida acercarse, descubrirá que tras subir una pequeña cuesta, sus pasos desembocan en un parque tan bonito como el de la Media Luna y una zona residencial encantadora. Camine apenas un poco más, y verá la célebre plaza de toros, la archiconocida calle Estafeta así como la catedral, la Plaza del Castillo y otros lugares de interés de la parte histórica y del Segundo Ensanche.

Que el AlmaPamplona Muga de Beloso se encuentre donde se encuentra, tiene ventajas. Por ejemplo, desayunar mientras se contempla, no tan lejos, el Monte de San Cristóbal; a un paso, el entorno del río Arga y sus huertos; y también la silueta de la catedral, a poca distancia y en las alturas de la llamada meseta.

Sí, desayunar con apetito y una sonrisa inspirada por el zumo de naranja, quizá ácido, probablemente dulce, todo depende de las naranjas del día. También quesos de la zona como Idiazábal o Roncal, membrillo, nueces y mermeladas o miel que ponen la nota de dulzura a la mañana.

Es una buena selección de bocados y un relajante ambiente, como si no se tratara de un hotel urbano y el entorno fuera, ni más ni menos, que un área rural apartada. Son esas cosas que tiene Pamplona.

Resulta romántico, sí, posiblemente sea ese tipo de hotel que se elige cuando se quiere dejar al otro sin palabras. Es sobrio, elegante, cero recargado. Es un destino diez para una escapada íntima en la que se quiere silencio, desconexión pero tener la ciudad o el entorno natural al lado.

Quizá sea un tanto frío si se viaja solo. Aunque, pensándolo bien, olvidarse del mundo en el spa, concederse ese gran capricho llamado siesta o abandonarse a la lectura en una de las butacas de la habitación, son planes que no precisan a otro. Es más, vivirlas a solas suele convertirse en un placer supremo.

Este hotel pasa desapercibido en la geografía urbana no solo por estar un tanto aislado, sino también porque se esconde en un recodo arbolado. Se levanta, en negro, y su arquitectura lo dice todo.

Las habitaciones son muy amplias, como lo son los pasillos, los espacios unidos a las escaleras y también los salones de lectura y el comedor. Quizá de ahí, de tanta amplitud a nuestro alrededor, surja el reparo a encontrarnos solos… Puntualizamos que ésta es una apreciación subjetiva, personal.

La arquitectura es imponente como lo es la selección de obras de arte y la mezcla de los materiales: hormigón, madera, telas con buena caída… Incluso la elección de la papelera del baño ha sido guiada por el gusto estético. Porque la belleza no está reñida con la funcionalidad, y en este hotel lo saben.

No se asuste ante tanta amplitud, convertirá el dormitorio en su dominio y deseará quedarse arropado largo tiempo en la cama. Por él, por ella y por esas sábanas de las que tanto cuesta despegarse. Y si el día vuelve a ser más propio de un cálido mes de septiembre que de noviembre, asómese a la terraza, descubra el jardín y no haga nada más.

Mencionábamos el desayuno y no olvidamos el almuerzo o cena: deliciosos. La base es, cómo no, la honestidad y austeridad de la cocina navarra. Prima el producto y ése es el mayor atractivo. Son excepcionales verduras y hortalizas, platos tradicionales como las migas de pastor con papada ibérica y pimientos asados o la longaniza a la brasa de romero.

Otras sugerencias exquisitas: la suave terrina de foie y ciruelas, y el rodaballo a la brasa. Quienes suspiran por la carne volverán a hacerlo ante la paletilla de cordero lechal a la brasa, el solomillo de buey con salsa de hongos y vegetales, el chuletón o ragout de ternera de Navarra. Los postres tampoco pasan desapercibidos: véase los frutos rojos con sopa de chocolate blanco y helado de lima con un toque de romero.

A veces, que un hotel no se encuentre en el centro es una gran ventaja. Como muestra, AlmaPamplona Muga de Beloso.

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