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Situado debajo de la colina del Chiado y contruido a capas y por continentesHotel Corpo Santo, en Lisboa

Situado en una zona donde hubo una muralla fernandina, del S.XIV, y edificios de 5 plantas contruidos después del terremoto de 1755.

Nos encontramos en la otrora decadente, por destruída y abandonada, zona del la ribera del Tajo. Debajo de la colina del Chiado y donde se ubicaron los astilleros reales, así como todo lo relacionado con las partidas hacia otros continentes y con la actividad portuaria. Sí, efectivamente, en una zona donde hubo una muralla Fernandina, del siglo XIV, y edificios de 5 plantas contruidos después del terremoto de 1755, la  actual familia propietaria de uno de ellos decide crear un hotel de cinco estrellas y de 80 habitaciones: Hotel Corpo Santo. El nombre del se debe a su emplazamiento, enfrente de la iglesia barroca homónima que da el nombre a la plaza.

Patrimonio exige que se respeten las capas, crea un equipo de arqueólogos que trabaja durante años en el lugar, con lo que va saliendo, y el equipo de NL Arquitectos e ingeniería civil y las arquitectas e interioristas de Blanco sobre Blanco, Paula Laranjo y Vera Moreira, consiguen mantener no solo las capas históricas sino también dedicar cada piso del edificio a uno de los continentes a los que llegaron esos portugueses que salieron de ese preciso lugar.

Entre las variadas e interesantes anécdotas que nos cuentan las arquitectas, hay una de especial interés. Entre los substratos del edificio, que probablemente se realizaron utilizando materiales de relleno, aparecieron cerámicas, vidrios y más de 80 pipas de cerámica, que los expertos dicen venían de Holanda, decoradas y con relieve, parecidas al biscuit y objeto de uso diario de los trabajadores de los astilleros que se encontraban en las tabernas de la zona para beber y fumar. Afortunadamente Patrimonio ha prometido quedarse con los vestigios que aporten información relevante y devolver el resto, que va a ser expuesto en las dependencias del hotel.

Girando en torno al tema de los descubrimientos de la época, nos acoge el lobby del hotel con la rosa de los vientos en el suelo y un fresco que señala la línea del horizonte, que es lo que los marineros veían al asomarse a la ventana. Una fuente en activo y un ventilador, haciendo un guiño a los elementos, el agua y el viento.

El interés del hilo conductor radica en que está enfocado en el encuentro intercultural y en el interés mutuo, sin hacer hincapié en facetas negativas, que también las hubo.

El primer piso está dedicado a la Lisboa romántica, pombalina, con mueble clásico. El segundo al norte de África, que también fue portugués, el tercero a Asia central, el cuarto a América.

La delicada utilización de los cuatro elementos y de detalles evocadores al tema hilo conductor de la decoración se plasma no solo en la utilización del tipo de muebles sino también en los papeles de los pasillos de cada piso, con sus temas ad hoc creados por Pierre Frey, que se ha interesado personalmente por conocer el resultado.

La moqueta de los pasillos tiene un motivo que marca el ritmo del pasado evocando las pasarelas de madera de entrada en los barcos.

Los colores de África están relacionados con la tierra y el fuego, y los de América, es decir, los de Brasil, con la naturaleza en colores exóticos. Asia con las especias.

El desafío del proyecto radicó en que las arquitectas-interioristas diseñaron hasta los tiradores de las puertas, el color de las maderas, de roble natural, las originales en Portugal, el blanco cáscara de huevo en armarios, verdes y azules agua y cielo.

Como debe ser en un 5 estrellas y en Portugal, se presta especial cuidado en los tejidos, sábanas, edredones y toallas de algodón bordados con el logo del hotel. Amenities Gordon Brown y cromoterapia en la bañera. Baños maravillosos donde se mezcla con éxito el mármol casi blanco de Estremoz con los azulejos lisos esmaltados en color marfil irregulares hechos a mano que parecen vivos.

Las camas, sillas, sillones, apliques, lámparas, de inspiración náutica pero con diseños minimalistas y colores matizados, suaves y armoniosos, y un restaurante donde se sirve el desayuno y el resto de comidas en la planta baja. Agradecemos especialmente la mesa con individuales de lino y la gama cromática de la misma.

La muralla Fernandina queda en el sótano, y permanece un sorprendente reguero original que destila agua de lluvia en una sala que sirve para eventos, sin que lo parezca, ya que parece el sótano de un castillo y digna de mención es la silla  de madera y tapicería de algodón color chocolate que encaja a la perfección con el lugar, es confortabilísima y por una vez en la vida, en una sala “coorporate”, encaja sin que nos parezca que ha caído de otra galaxia.

Las habitaciones de los últimos pisos tienen vistas del río Tajo y la ubicación del hotel es ideal para hacer todos los recorridos del centro andando.

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