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Antigua residencia imperial Villa EugénieHôtel du Palais, Biarritz

Símbolo del espíritu de una época, el Hôtel du Palais asume con naturalidad y elegancia su grandiosa historia.

Pocos hoteles en el mundo encarnan tan bien el espíritu de una época como el Hôtel du Palais en Biarritz. Muy pocos forman parte de la Historia con mayúsculas y tienen tanto que contar.

Como todas las buenas historias, la del Hôtel du Palais, antigua residencia imperial Villa Eugénie, tiene un magnífico arranque –la pasión de la emperatriz Eugenia de Montijo, hija de un Grande de España y de una aristócrata irlandesa, por la Côte Basque. Allí, en el pueblecito pesquero de Biarritz, veraneaba desde pequeña con su familia. Contagiado por la misma pasión, su esposo el emperador Napoleón III mandó construir Villa Eugénie, que se convertiría en el lugar de veraneo de la realeza y la aristocracia europeas entre 1855 y 1870, año en que el Imperio dio paso a la República.

Es también, la del Hôtel du Palais, una historia con grandes personajes. Por sus salones desfilaron la emperatriz Sissi de Austria, la reina Victoria, Eduardo VII y Alfonso XII, aristócratas, artistas, escritores, grandes músicos. Una historia con una trama intensa de momentos álgidos –los años locos y felices de la Belle Époque, cuando en los salones del Hôtel du Palais se organizaban fabulosos bailes de gala allá por los años 20 y el vals se mezclaba con los nuevos ritmos del charlestón, el tango y la rumba y comenzaba a sonar el jazz. 1950 supuso el regreso del glamour tras la II Guerra Mundial: el Hôtel du Palais se renueva e inaugura la nueva piscina con una fiesta por todo lo alto, con estrellas invitadas como Bing Crosby, Porfirio Rubirosa, Gary Cooper o Frank Sinatra, y con los duques de Windsor, huéspedes asiduos del hotel. Y también, como mandan los cánones, salpicada de alguna tragedia: el fuego arrasó el hotel en 1903, que tuvo que ser reconstruido; del 14 al 18 los magníficos salones y lujosas habitaciones se convirtieron en hospital de guerra; en 1940 el hotel acogió a unos huéspedes poco convencionales: las tropas ocupantes alemanas. Una historia con un desenlace abierto: el Hôtel du Palais sigue siendo hoy escenario de las fiestas y reuniones más elegantes de Europa.

A cualquiera se le subirían los humos a la cabeza con semejante curriculum. A cualquiera salvo al Hôtel du Palais: la antigua residencia imperial es la personificación de la elegancia natural más absoluta. Sin ostentaciones ni estridencias: he ahí su encanto. Y sin embargo, tras esa naturalidad se esconden mil y un detalles, una atención constante y minuciosa para que todo resulte perfecto. Y aunque todo ese esfuerzo pase desapercibido, es precisamente ese lujo inmaterial el que no se nos escapa.

Los talleres artesanos del Hôtel du Palais
Es algo único: el Hôtel du Palais tiene sus propios talleres de artesanos. Ellos son los guardianes de la herencia y el patrimonio de los antiguos propietarios. Especialistas en el periodo en que fue construida la Villa Eugénie y en estilos Luis XV y Luis XVI, restauran muebles, decoran con pan de oro, renuevan tapicerías, embellecen objetos con pátinas y lacas. Utilizan las mismas técnicas que se aplicaban en el siglo XVIII: cola natural en lugar de pegamentos sintéticos, uniones de madera en lugar de clavos. Los tapiceros trabajan con sedas de Asia, damascos de Italia, pasamanerías y trencillas franceses, algodón y lino americano. Cada año se renuevan entre seis y ocho habitaciones. La restauración completa de una suite puede llegar a costar unos 350.000 euros.

Los aromas, las vistas, los sonidos…
Al entrar en el Hôtel du Palais nos envuelve un suave aroma a teka casi imperceptible. Los centros de flores, exquisitos, se reflejan en los espejos decimonónicos y las orquídeas y flores frescas se reparten por doquier. Las kentias y palmeras de interior nos transportan a la Belle Époque. El desayuno se sirve en la Rotonda, el gran salón acristalado que se abre al mar en un arco de 180º. Bajamos por la imponente escalera, sería un desperdicio tomar el ascensor. Los sonidos se amortiguan a nuestro paso, ¡qué mullidas las alfombras en los pasillos donde cuelgan fotos en blanco y negro de príncipes rusos y estrellas de cine americanas! La vista perfectamente enmarcada del mar, desde nuestra suite Édith Piaf en el 4º piso, es perfecta. Se avecina una tormenta –estamos en el Golfo de Gascogne o Golfo de Vizcaya, las tormentas de verano aquí son fugaces, imprevisibles e imponentes, y los azules se vuelven más oscuros y profundos, un rayo de luz se cuela entre las nubes poderosas e ilumina el faro, más blanco ante el fondo tormentoso. Aún hay surfistas cogiendo olas en la Grande Plage, junto al Casino de Biarritz.

Los espacios
La piscina de agua de mar climatizada y la zona de tumbonas del Hôtel du Palais dominan la Grande Plage desde su pequeña atalaya. Casi podemos zambullirnos directamente en el mar desde lo alto. Al atardecer tomamos un té o una copa en la terraza a sotavento, el lugar ideal para contemplar la puesta de sol. A pocos pasos, el pequeño green del hotel sirve de entretenimiento a los golfistas empedernidos.

El spa imperial del Hôtel du Palais es un mundo aparte. Napoleón III encargó a Monsieur Guerlain la creación de una nueva fragancia para sorprender a la emperatriz Eugenia el día de su boda: fue el nacimiento de l’Eau de Cologne Impériale. Desde entonces, los tratamientos de belleza de Guerlain y el nuevo centro de cuidado del cabello del Instituto Leonor Greyl, son un must del Hôtel du Palais.

El Hôtel du Palais es el símbolo de Biarritz. La Ville de Biarritz es la propietaria del palacio, cuya gestión ha pasada recientemente a manos del grupo canadiense Four Seasons. Condición para llegar a este acuerdo: los muros siguen siendo propiedad de la municipalidad, el hotel conserva su categoría de palacio 5 estrellas, permanece abierto los doce meses del año y se mantiene el personal de toda la vida. De esto último se alegrarán tanto los huéspedes habituales como los que reservan el hotel para las grandes ocasiones. Porque a los empleados del Hôtel du Palais tampoco se les han subido los humos a la cabeza y transitan por la residencia imperial con total naturalidad. Savoir-faire en estado puro.

La ruta de Air Nostrum Biarritz-Madrid es la única conexión aérea directa entre España y el departamento francés de Pirineos Atlánticos. Un CRJ 1000, el reactor de Bombardier más moderno de la flota de Air Nostrum, hace el trayecto entre Biarritz y la capital de España en apenas una hora de vuelo.

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Información en la web de Turismo de Biarritz

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