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Es un hotel boutique urbano, de cuatro estrellas superiorHotel H10 Duque de Loulé, en Lisboa

Ocupa un edificio que fue uno de los 250 conventos de la ciudad de Lisboa y de su decoración se ha encargado el interiorista Lázaro Rosa Violán.

A doscientos pasos de la plaza del Marqués de Pombal  y de la Avenida Liberdade, en un edificio que fue uno de los 250 conventos de la ciudad de Lisboa, se ubica el Hotel H10 Duque de Loulé realizado y decorado por el interiorista Lázaro Rosa Violán.

El resultado es un hotel boutique urbano, de cuatro estrellas superior, luminoso, fresco, atemporal, alegre, ecléctico y podríamos seguir desgranando adjetivos positivos que hacen realmente apetecible este espacio.

Lázaro conjuga, como nadie, espacio, materiales y tiempo. Labor nada baladí en este caso en el que nos remonta al siglo XVIII con las artes ecuestres de los caballeros y caballos lusitanos en Portugal y a los descubrimientos orientales, así como al color zafiro del océano Atlántico.

Precisamente para ello utiliza muchísimos materiales de factura local en los tres colores que adoran los buenos sinólogos: blanco, azul y el color de la madera. Y no solo lo hace en el lobby de entrada, recepción, sala, bar y restaurante, sino también en las 89 habitaciones.

Anclado en temas del pasado, con materiales artesanalmente manipulados y formas de los cincuenta, estilo club, ecuestre, de factoría… Este arqueólogo urbano y descubridor de estilos, como él se autodefine, sabe mezclar.

Aunque ya hemos mencionado  que el hilo conductor de todo el proyecto es la combinación cromática, lo lleva a unos límites totalmente extremos en los paneles de azulejos con caballeros ecuestres en la entrada a modo de personajes de bienvenida, que  al no estar recortados no acaban de serlo, pero son de un impacto brutal.

Destacan, además, los azulejos manuales irregulares esmaltados de la fábrica Viuva Lamego y los “garden seat” de cerámica combinados con los sillones orejeros de terciopelo azul con ribetes blancos o al contrario; también las sillas con tachuelas doradas, las lámparas en dorados años 50 siempre en talla grande que le dan al conjunto un toque industrial y un brillo totalmente mágico.

Las habitaciones son consecuentemente una prolongación tanto del juego cromático como del uso de los materiales y la funcionalidad estética. Reencontramos los azulejos, el mármol, la madera clara de los muebles y lacada en las boiseries, los detalles bien ideados, tales como la Nespresso, la caja fuerte con cargador de dispositivos electrónicos, las lámparas articuladas en las camas para enfocar exactamente al libro o a la tablet, la ropa de cama y de baño de excelentes algodones blancos…

El restaurante de momento solo abre por las noches, pero dado el éxito del mismo sospechamos que en cualquier momento abrirá también a medio día con un menú ejecutivo. Su chef, Ruben Pereira practica una cocina internacional, a partir de materia prima portuguesa muy al gusto de los clientes que nos rodean, de 5 nacionalidades, a los que los camareros atienden en sus idiomas de origen.

Son muy recomendables la sopa de pescado o las vieiras braseadas, como plato principal el medallón de ternera con queso de la Sierra de Estrela o un tiernísimo confit de pato con rúcula. Entre los postres: trilogía de chocolates y pastel de requesón con frutos del bosque y almendras.

Los vinos están muy bien seleccionados; locales y de pequeñas bodegas, por ejemplo, Andrezza del Valle del Duero blanco, y Adegamãe tinto, de la región de Lisboa.

Como detalles que no pasan desapercibidos, el camino de mesa de algodón blanco, tan en desuso en todas partes, donde  los cubiertos no tocan la mesa, el gran confort del sillón de cuero en capitoné y queremos destacar el gran efecto decorativo y la ibericidad de la porcelana que rodea las paredes del comedor en forma de alacena antigua con espejos,  compuesta por platos en blanco y azul de conocidos modelos de las casas Vista Alegre, Costa Nova y La Cartuja de Sevilla.

En  la terraza del último piso del Hotel H10 Duque de Loulé, con suelo hidráulico geométrico, mármol blanco de Estremoz, azulejos blancos manuales, muebles de bambú, se puede disfrutar de la última copita de Oporto con vistas a la ciudad y al Tajo.

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