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Situado en Mallorca, un destino idílicoHotel Hospes Maricel y el mejor desayuno del mundo

Muy conocido desde los años 50, este emblemático hotel de la isla balear goza de una ubicación privilegia, a pie de mar, en un paraje único.

Un hotel que permite tomar conciencia de la importancia de los amaneceres y los atardeceres. Podríamos decir que ése es uno de los regalos que experimenta quien se aloja en el Hotel Hospes Maricel. Recordar que apenas esos escasos minutos en los que el sol aparece y en los que se esconde son suficientes para calmar el espíritu. Pero hay más. En este cinco estrellas, además, también se confirma que el desayuno es la comida más importante del día. El suyo está considerado como el mejor del mundo. Sepamos porqué.  

Los azules del mar y del cielo, el olor y la luz mediterráneos, el horizonte infinito… Mallorca es una ubicación privilegiada para desconectar. El Hospes Maricel, con su arquitectura, colores naturales y nobles materiales constructivos, brinda una atmósfera de absoluto relax.

El edificio que hoy ocupa fue establecimiento hotelero en 1950, propiedad de Victorio Luzuriaga y diseñado por el arquitecto Francesc Casas Llompart, con una categoría de cuatro estrellas, 80 plazas y 48 habitaciones. Por aquel entonces fue centro de reunión y celebración de actos de la sociedad mallorquina y alojó destacadas personalidades españolas y extranjeras. En 1986 el Maricel cerró sus puertas.

Hubo que esperar hasta 2002 para que se produjera su reapertura. Se apostó por la misma elegancia y sofisticación de épocas anteriores, cuando era uno de los hoteles más prestigiosos de Palma y lugar de encuentro para disfrutar de una buena copa en un ambiente tranquilo y distinguido.

En dicha reforma fue esencial que el mar estuviera siempre presente desde cualquier ángulo. De hecho, se contempla desde cada una de las habitaciones. Están diseñadas en perspectiva como si desde la puerta se pudiera acceder directamente al mar, una terraza con piscina y la calidez de la madera como seña de identidad. El mar también se encuentra presente en el baño, con vidrios transparentes. Además, en la construcción se respetaron dos elementos muy mallorquines: la piedra y el color blanco.

Dentro del hotel, se encuentra el Restaurante Maricel. Es una de las direcciones gastronómicas de la isla. Su arquitectura señorial, colores naturales y nobles materiales constructivos, envuelve al comensal en una experiencia intensa y sensorial.

Entre los platos, destacan, por ejemplo, la crema de alubias de “ganxet” con panceta de “porc negre” glaseada y cigalas o la vieira a la plancha con ravioli de berenjena; sus arroces, como el “sec i torrat” con conejo y setas o el meloso de vieras y cangrejo de río; del mar, muy aconsejables son la dorada salvaje con crema ligera de ceps y mini acelga roja o el “guisat” pescador de “cap roig” y mero. Y por último, del campo, el roll de lechona confitada con su piel crujiente y aceite de vainilla o la carrillera de ternera con ñoquis de queso mahonés y setas de temporada.

¿Por qué su desayuno está considerado el mejor del mundo? Quizá porque los huéspedes pueden deleitarse durante hasta tres horas con una experiencia culinaria totalmente innovadora, sin carta ni buffet, que varía en función de los ingredientes de temporada. Se trata de una carta cantada compuesta de servicios que se prolongan a voluntad del cliente.

Consta de un menú degustación de múltiples platos, entre los que sorprenden los zumos digestivos y batidos de leche o chocolate con especias, las mantequillas dulces y saldas, una amplia variedad de panes aromáticos, los miniyogures de mermeladas de fruta y especias, los chocolates y las cremas, la bollería y la repostería con frutas y verduras, o el espectacular chupito de tomate encebollado con huevo de codorniz.

Y, claro, después, la jornada transcurre de otro modo. Con mayor felicidad.  

Una respuesta a Hotel Hospes Maricel y el mejor desayuno del mundo

  1. Luis Fisas dijo:

    en 1950 asistí a su inauguración. Entonces estaba regido por la familia Boadas, que luego dirigieron el Hotel Formentor.
    Recuerdo en el desayuno, las mejores ensaimadas de mi vida.

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