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Marqués de Riscal, a Luxury Collection Hotel

Frank Ghery lo construyó consciente de los volúmenes y el impacto de la luz natural. Por eso y por su atmósfera delicada, es una dirección hedonista.

Se divisa desde la lejanía, pero en las distancias cortas, gana (y mucho). El Hotel Marqués de Riscal es una de esas joyas que, cuando se está por la zona, se quiere ver, aunque sea desde fuera. Se trata de una obra de arte. Y dormir en su interior es una experiencia altamente recomendable.

El aire huele a uva. Terminan las tareas de la vendimia, pero el aire, persistente, huele a fruta: dulce, ácida, madura, aplastada, hecha zumo, transformada en vino… El paisaje, el de la rioja alavesa, es de una belleza incuestionable, y él, el Hotel Marqués de Riscal, se encuentra ahí, en medio. Poderoso, llamativo…

Se puede ver desde diversos puntos de la geografía riojana y alavesa. Las placas de titanio con las que Frank Ghery lo construyó tienen esa virtud: brillar y llamar poderosamente la atención. Cuando el arquitecto canadiense lo proyectó, apostó por lo que la luz natural sería capaz de hacer y se inspiró en la botella clásica de estas bodegas españolas. Conjuga tres colores: rosa, plata y oro, que corresponden al vino, a la malla y a la cápsula.

Es volumen, es majestuosidad. Parece pequeño, pero no lo es. El edificio central, el que se asemeja al Museo Guggenheim, alberga 14 habitaciones. Son de altísimos techos y pesadas cortinas de terciopelo rojo, con un exquisita y moderna impronta. Y esa ducha tan amplia… en ella, nos quitamos la pereza y la huella de un sueño reparador. Porque quedan muchas cosas por hacer sin salir de esta ‘Ciudad del Vino’.

Por ejemplo, seguir a una de las guías y descubrir los rincones secretos de esta bodega construida en 1858 y que, cada año, da salida a 5 millones de botellas de buen vino. Hallaremos la respuesta a ese aroma que se aprecia también en el ascensor… y es que dichas botellas descansan justo debajo.

Si el día es generoso, hay que dejar que el sol bañe la piel, en una de las terrazas, a pie de viñedo o arriba. Pero siempre con la compañía deseada y una copa de vino, cómo no. Es recomendable conocer los dos restaurantes con los que este hotel se convierte, además, en parada gourmet. El chef Francis Paniego asesora toda la oferta gastronómica, también el fantástico desayuno. Cuenta con dos propuestas: Gastronómico Marqués de Riscal, con una estrella Michelin desde 2011, y Bistró 1860, más desenfadado.

Queda tiempo para visitar el Spa Vinothérapie Caudalíe, sumergirse en sus aguas y en el poder revitalizante de la uva. Luego, caerá la tarde y, en la biblioteca-lounge, rodeados de libros, tomaremos consciencia del lujo que es dormir entre las sábanas del Hotel Marqués de Riscal, una obra de arte que, en las distancias cortas gana muchísimo. Recordaremos lo que fue vivirlo y sí, también su característico aroma a vino.

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