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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Para ocasiones muy especialesHotel Particulier, Arles (Francia)

Si estás pensando en una escapada romántica con toque francés, éste es tu hotel.

En la tierra del toro de la Camarga, del rosa y el naranja de Souleiado, del fucsia y el carmesí de Christian Lacroix, en la paleta impresionista de Van Gogh, sólo hay una forma de destacar: de blanco inmaculado.

Paseando por el barrio de la Roquette en Arles, nos llama la atención una elegante y sobria puerta antigua de madera que da paso al último palacete particular construido en la ciudad por una familia de notables. Su actual propietaria, Brigitte Pagès de Oliveira, ha convertido este lugar en el primer hotel 5 estrellas de la región. Cuando lo adquirió hace ya quince años, quiso devolver a la casa su alma original e impregnarla del estilo de la época en que fue construida, allá por 1824, por encargo del entonces alcalde de la ciudad, el Barón de Chartrouse. Hotel Particulier es hoy un lugar lleno de encanto que respira paz….

… especialmente en sus jardines: con una pequeña piscina que replica los estanques del XIX, fuentes por doquier, una vegetación exuberante y el aroma delicado del azahar. Se han conservado los viejos árboles, incluido un tejo bicentenario, una especie que se plantaba en la época en todas las fincas, para aprovechar sus virtudes medicinales.

Y respira paz y armonía también en sus habitaciones espaciosas, blancas, angelicales, con toques de maderas decapadas en grises suaves y dorados barrocos y ajados. Algunas de ellas están situadas en el propio palacete, otras en las antiguas cuadras abuhardilladas. Nos quedamos con la suite nº1, una espaciosa habitación en blanco y suave verde oliva, con su veranda acristalada frente al jardín y un suelo magnífico de cerámica provenzal.

Abundan las zonas de estar: la pequeña sala con chimenea donde se sirve el desayuno en días fríos, la preciosa orangerie con suelos de madera, salones que dan a los jardines, un coqueto y distendido bar para tomar una copa y picar algo al atardecer, el spa con ambiente de hammam oriental… pura quietud en mitad de la ciudad.

Hotel Particulier era un lujo entonces, cuando una familia pudiente se permitía “derrochar” espacio, dotando a su vivienda de un patio o un jardín interior. Y sigue siendo un lujo hoy que nos reservamos para las grandes ocasiones.

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