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Hotel Santa Clara 1728, en Lisboa

Este nuevo hotel lisboeta es uno de los últimos proyectos del grupo Silent_living en Portugal.

Santa Clara 1728 “Uma casa portuguesa, com certeza”. Uno de los últimos proyectos del grupo Silent_living en Portugal.

En realidad Silent_living lo compone un tándem de dos almas, no son gemelas, pero sí complementarias: el polifacético y poliédrico emprendedor Jôao Rodrigues y el ya consagrado y conocido arquitecto Manuel Aires Mateus. Ambos mueven un grupo de proyectos que van desarrollando casi silenciosamente, como su nombre indica, pero con una calidad y una especificidad digna de encomio. A las Casas na areia, Casa no tempo, Cabanas no Rio, se añade ahora  en Lisboa, Santa Clara 1728.

Existen serias dudas, por una cuestión que todavía está sin dilucidar, sobre la conmemoración de la fecha inscrita en la piedra de la fachada que, por supuesto, se ha mantenido. La duda es si esta casa u otra anterior a ella sufrió, y probablemente superó, el terremoto de 1755. Fecha clave en la ciudad y en la arquitectura en Lisboa.

Precisamente en este enclave histórico, el barrio árabe de Alfama, en la plaza de la Feira da Ladra, (rastro de Lisboa ) con el Panteón enfrente, el herreriano Monasterio de San Vicente de Fora a tiro de piedra y las vistas del Tajo, se ha restaurado, resucitado  y adaptado a los tiempos este singular edificio del siglo XVIII que tenemos la suerte de visitar con Marta Lourenço, arquitecto del equipo y especialista en arquitectura sensorial. La visita promete.

Para los que estamos cansados de las recepciones de los hoteles con sus instrucciones, de los horarios de desayuno, del trajín en los lobbies de los hoteles, de la falta de paz, de espacio, de estética, de buenos materiales y de silencio, no puede haber nada más adecuado que estas 6 suites, que van desde las de 50 m2 hasta las de 90 m2 y que hemos visitado, olido, tocado y respirado con Marta.

Con el deseo de que los huéspedes se sientan como invitados en una casa, no hay nada que nos indique desde fuera que estamos ante un hotel o un alojamiento. Solo un timbre. Sin embargo, el edificio  se delata por sí solo, con la excelente fachada de arquitectura vernácula renovada.

En la entrada, en lo que antaño fueran las caballerizas, nos da la bienvenida el imponente arco de la escalera que da a los 3 pisos  y el silencio absoluto. A la derecha, con la puerta abierta, el amplio comedor para 20 personas en una mesa única, como en una casa, en la que se sirven los desayunos, sin horarios, como en casa.

A la cocina de la casa, le precede otra para presentar bufés o para organizar eventos culinarios. El Chef José Miranda, tras su paso por Amberes, aporta una visión muy biológica, orgánica, vegetal, con productos crudos, semillas, aunque  muy creativa, saludable y sabrosa al cuidar mucho la materia prima en la elaboración de sus platos. La loza en la que se sirven, también imperfectamente manual, en color tiza y verde celadón grisáceo parece procedente de la dinastia Song china.

Marta nos cuenta que resucitar esta casa con respeto por el pasado y hacerla contemporánea no fue tarea fácil, pero sí gratificante. Se ampliaron las ventanas y ventanales para hacerla más luminosa. Se utilizaron materiales locales, manipulados manualmente para que se respirara la autenticidad de los mismos, el olor de la madera sin barniz, del roble, y el pino, el lino, el algodón, los azulejos, el mármol veteado de Sintra, llamado Pedra de Lioz, con el que Manuel se ha empeñado en esculpir hasta las bañeras y lavabos, propios de la casa de un patricio romano.

Las suites, tanto las 3 Santa Clara como las 3 Tejo, de un  minimalismo y funcionalismo conventual, pero no ascéticas, resultan armoniosas cromáticamente sin dejar de ser sensuales  y superan con éxito las pruebas de varios sentidos: vista, tacto, olfato. Las cortinas de grueso lino en blanco roto dan confort y privacidad a las ampliadas ventanas y ventanales tamizando la potente luz de Lisboa hasta en el baño. Los sanitarios se esconden en un cubo de madera que parece una cabina de sauna y se otorga un espacio privilegiado a las dobles duchas y a la mencionada bañera. Los azulejos típicos de Portugal, manuales, esmaltados, en color tiza, parecen vivos con el reflejo de la luz en sus irregularidades y contrastan con el mate de la piedra de Lioz y las maderas.

Las camas son de B&B Italia/Max Alto, diseño de Antonio Citerio. Los colchones de algodón natural de ALMA Natura. Los sofás de Living Divanni. Las sillas y mesa de Carl Hansen diseñadas por H.J.Wegner (Dinamarca) y la original iluminación del italiano Davided Groppi. La lámpara MOON, Simbiosi y Mira R. Amenities de Gordon Brown.

Y enfrente, la imponente vista del Panteón y del Tajo.

En la fachada trasera de la casa se encuentra el patio –jardín que acaba de ser diseñado y plantado para que la naturaleza cree rinconcitos de acogida a los invitados con privacidad, y para desayunar en él o realizar otras actividades.

Vamos a estar atentos a la inminente apertura del comedor para clientes que no se encuentren alojados y así, los habitantes de Lisboa, aunque sea por unas horas, podremos disfrutar de esa sensación de casa centenaria y silenciosa,  con esa estética tan cuidada y depurada  con materiales de la naturaleza trabajados artesanalmente que aportan tanta paz y serenidad a los que la necesitamos, para hacer un alto en el camino como si nos recluyéramos un ratito en un monasterio.

Si como siempre cita el arquitecto Miquel Milá, lo clásico es lo que no se puede hacer mejor, nos encontramos ante un proyecto clásico que perdurará en el tiempo.

Una respuesta a Hotel Santa Clara 1728, en Lisboa

  1. Almudena dijo:

    ¡Que ganas de conocerlo!

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