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En San Vicente de la Sonsierra. La casona del boticario

Un buen destino cuando se quiere explorar La Rioja, sus vinos y gastronomía.

Situado en la localidad riojana de San Vicente de la Sonsierra, La casona del boticario es un ejemplo del entusiasmo que, pese a la crisis, caracteriza a tantos y tantos emprendedores. Ellos, en algunos casos, dejan atrás otro tipo de vida.

Como muestra, la pareja formada por Mayang Sáez Pombo y Benito Perelló González-Moreno. Hasta hace tres años, ella trabajaba en el mundo de la televisión, pero consciente de sus dotes naturales como gran anfitriona, decidió sacarle partido. Así, junto a su marido, natural del municipio en el que ahora viven y arquitecto especializado en la rehabilitación de edificios modernistas, emprendieron la ardua pero enriquecedora tarea de reformar una antigua casona señorial del S.XVIII, que pertenecía a la familia. Y la convirtieron en un bonito hotel.

Son 9 habitaciones para dos personas y una individual. Se han cuidado detalles como el mobiliario, antiguo, de diferentes épocas y de herencia familiar, pero también la comodidad de los colchones y esas sábanas de algodón egipcio que envuelven los mejores sueños.

Todas las habitaciones ofrecen unas vistas privilegiadas, unas a la calle principal, con sus bellas fachadas blasonadas del S.XVIII y otras al mar de viñedos que se extiende tras el edificio. Además, el hotel dispone de varias salas de estar donde leer, tomar una copa de vino o disfrutar del silencio y del paisaje. El jardín es otra delicia.

Y en ese deseo por tratar a los huéspedes como si fueran de su propia familia, Mayang prepara todos los días un desayuno casero con pan y bollos recién horneados en la panadería y tiendas del pueblo. Estos y otros bocados suponen, qué duda cabe, un buen comienzo de la jornada.

Las atenciones son clave y el espacio es bonito y reúne encanto de sobra como para elegirlo como destino de fin de semana. Además, San Vicente de la Sonsierra, en la Rioja Alta, añade otros atractivos dado que allí, y en las proximidades, se encuentra un buen número de bodegas.

El plan puede ser sencillo: no salir del hotel y desconectar; hacerlo apenas para visitar unas bodegas y conocer buenos vinos; o descubrir más a fondo la bella comunidad riojana. Aunque lo cierto es que dos días dejarán un gran sabor de boca y la necesidad de programar una pronta vuelta.

Con la agenda diseñada o dispuestos a que la improvisación marque el destino, además de las recomendaciones de los propietarios, este hotel resulta perfecto para ese tipo de viajero que busca establecimientos en los que sentirse como en casa.

Si lo visita, no olvide subir al cerro del castillo medieval y dejar que su vista se pierda ante el espectáculo natural que se abre.

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