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LA MÁS GRANDE DE ESPAÑAEn la Penthouse del Hotel Majestic de Barcelona

Relato de una experiencia única en la suite más grande de España

Aunque ya lo avanzaba como primicia José Luis Díez-Garde aquí el pasado mes de octubre, la suite de hotel más grande de Barcelona es la Majestic Royal Penthouse del Majestic Hotel & Spa, un establecimiento que el próximo año alcanzará su primer siglo. Hemos querido volver, meses después, para visitarla: un apartamento de 467 metros cuadrados ubicado en la anteúltima planta del lujoso hotel.

La acaba de dejar una destacada familia árabe, de esas que vienen cargadas de hijos, otros familiares y sed de shooping. Es muy probable que la boutique Chanel, que ocupa los bajos y la primera planta del hotel –fachada Paseo de Gracia, como se debe– haya sido vaciada por las señoras. Se percibe aún en el ambiente el olor a perfumes fuertes, a componentes como el oud. Si uno está solo –algo prácticamente imposible, porque nadie alquila una suite para disfrutarla solo–, es fácil perderse en la Majestic Royal Penthouse. También hay flores en varias de las estancias, que se renuevan constantemente.

A los huéspedes, además, se les recibe con grandes torres de exquisiteces para el paladar, así como 5 fragancias de Atelier Cologne, entre las que sobresale la creada en exclusiva por la firma francesa para el hotel, Musc Imperial, y que porta las iniciales del huésped. Aplaudo que el Majestic haya elegido una firma de perfumería de nicho, aunque me hubieran embriagado más los aromas de una marca catalana, tan potente en el mundo perfumístico, como por ejemplo un Ramón Monegal.

El espacio, obra del arquitecto de interiores mallorquín Antonio Obrador, es el más luminoso del hotel, por su altura y grandes ventanales; con un salón gigantesco, con muebles que recuerdan a Asia y Oriente Medio –en realidad, lo que se persigue es ese tipo de clientela–, donde mi retina se fija en las mesas bajas de espejos, y el comedor para más de una docena de personas. Aquí, en esta inmensa planta, convertida ahora en infinita suite con varias posibilidades –hasta 3 dormitorios y 8 televisores–, por aquello de que se pueden quitar o añadir habitaciones, vivían en otro tiempo los Soldevila-Casals, la familia propietaria del hotel desde su fundación. Un mayordomo, disponible las 24 horas del día, tiene la misión de que no nos falte absolutamente de nada, y un automóvil de lujo con chófer está a nuestra entera disposición.

Salgo a las dos terrazas, desde donde se domina prácticamente toda Barcelona. Desde una, se aprecia el Paseo de Gracia en su esplendor; desde la otra, la Sagrada Familia. Un acierto, tras el gran jacuzzi, los muebles de Kettal. Encima se halla el rooftop, con su anecdótica piscina y sobre todo su bar y restaurante, que ha sido ampliado y para el que a ciertas horas hay colas. Cierro la gran puerta de entrada a la suite y me encamino varias plantas abajo, a mi habitación. La 502. Una suite también, pero infinitamente más pequeña. ¡Qué bien me siento aquí! Será porque soy un enamorado de los pequeños espacios… y de las grandes mujeres!

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