El Hedonista El original y único desde 2011

“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

Menu abrir sidebar

Hoteles

Turismo alternativo de calidadLisu Lodge, ecoturismo en Tailandia

A solo 50 km de la ciudad de Chiang Mai es posible encontrar una naturaleza sin contaminar y relacionarse con la tribu de los lisu

Hay gente para todo, y turistas también. Mientras unos disfrutan de viajar en grupo recorriendo los lugares más trillados del planeta, otros prefieren un pequeño alojamiento rural donde disfrutar de la naturaleza y la vida local.

La filosofía del ecoturismo consiste en conjugar el derecho a ser un turista con el derecho a que la gente viva en su entorno natural. A cambio, el ecoturista, que como su propio nombre indica es un turista con principios ecológicos, podrá disfrutar del ecosistema de los pueblos que le acogen, ver de cerca la fauna y la flora, participar en las costumbres, conocer la cultura, las tradiciones y la gastronomía, ayudar en las labores de la comunidad si le apetece y, sobre todo, pasarlo bien, que ese es el fin de las vacaciones.

En la turística Tailandia también hay lugares donde el ecoturismo es posible y tiene sentido, porque la naturaleza se ha esmerado muchísimo con este país y porque aún existen tribus con costumbres nada parecidas a las nuestras.

Los lisu son así

Cuando un hombre lisu quiere casarse, secuestra a su posible esposa (con su complicidad) durante siete días. Pasada la semana, vuelve a la casa de sus padres y les ofrece un vaso de whisky o una taza de té para que le perdonen. Si beben, significa que aceptan el matrimonio y que habrá boda; si no, tendrá que devolver a la mujer.

Miembros de esta tribu lisu atienden a los turistas en el Lisu Lodge. Aquí hay cuatro casitas, o sea, lo que vienen siendo lodges, de arquitectura típica, cada una con unas cuantas habitaciones, hasta un total de 24, bien hermosas, con amplios baños, camas de esas donde se duerme a pierna suelta y ventiladores de techo, que son el mejor de los mosquicidas.

La cena tiene lugar en un porche magnífico, con las mejores vistas a unos arrozales verde intenso rodeados de colinas que el sol siluetea cuando se pone. Allí los comensales se sientan a la altura, o la bajura, del suelo en unas vistosas colchonetas con respaldo, en las que, de medio lado, pueden disfrutar de la cocina local y tailandesa, esa de muchos platillos variados que habrá que comer siempre con cuchara, porque el tenedor y el cuchillo no se usan en este país.

Ya de noche, suele haber algún baile con música tradicional a cargo de los lisu, que le ponen mucha voluntad y poca entonación. Y a dormir. Como los lotos que se cierran en el estanque frente al bar. Lisu Lodge no está alejado del mundanal ruido porque la naturaleza no es silenciosa. Por el día se encienden unas cigarras que suenan como alarmas; por la noche hay unas ranas con surrounding. Pero con toda seguridad, el turista dormirá como un bebé.

Qué se puede hacer aquí

El menú para el desayuno se elige por la noche, y si no hay nada que objetar, se sirve a la hora que recomienda el personal de acuerdo con la actividad guiada del día.

Una de ellas es visitar una gran plantación de té y contribuir a recolectarlo, con premio de degustación posterior. Hay un centro para la reforestación donde se puede ayudar a plantar semillas y un jardín de hierbas medicinales. Se puede elegir como actividad asistir a clases de cocina y recolectar los ingredientes allí mismo, al lado del hotel, donde tienen huertos ecológicos, de manera que el término alimentos de proximidad nunca va a ser tan exacto. Los más activos preferirán hacer marchas a las montañas cercanas en busca de cataratas y los aventureros podrán quedarse a dormir con una tribu de las alturas. Hay bicicletas y la posibilidad de practicar rafting en el Mae Tang River, con rápidos y esas cosas de riesgo.

Un tour guiado a pie por la aldea incluirá una visita al chamán, que es el intermediario entre los espíritus y el mundo material. En caso de problemas graves, este individuo puede entrar en trance para viajar al mundo espiritual y volver con un remedio. Los lisu practican un tipo de cristianismo y además son animistas, creen que todas las cosas poseen un espíritu, adoran a sus antepasados y se esfuerzan por vivir en armonía con la naturaleza.

Aquí es posible hablar con la gente sin tener la sensación de ser un guiri molesto. No se debe entrar en las casas si no nos invitan, porque los lisu elaboran whisky para sus celebraciones y creen que la presencia de un extranjero puede alterar su sabor. También podremos visitar algo parecido a un museo etnográfico y comprarles artesanía: sus bordados son espectaculares.

Muchas mujeres visten como cualquiera, pero otras todavía llevan una túnica hasta las rodillas muy colorida; los hombres suelen usar unos pantalones anchísimos nada favorecedores.

Los lisu son originarios de China, emigraron hacia esta zona hacia 1900, y los hay en más lugares de Tailandia, en Birmania y en la India. Tienen su propia lengua hablada, que no escrita. Un par de días aquí y terminaremos despidiéndonos con pena de ellos.

Una empresa con miramientos

Parece mentira que Lisu Lodge esté a solo 50 km de Chiang Mai, una ciudad a la que se puede volar fácilmente con Qatar Airways desde Madrid o Barcelona. Aquí las noches son negrísimas, la naturaleza parece nueva y la gente vive como se vivía antes.

La empresa propietaria de Lisu Lodge y de otros alojamientos similares en Tailandia es Asian Oasis. Las construcciones siguen la tradición de las tribus de las montañas; así, los lodges están elevados sobre pilotes, tienen techos altos y la orientación necesaria para que no haga falta el aire acondicionado. Los materiales son naturales y utilizan muy poca energía. Los calentadores de agua funcionan con paneles solares. Cuenta con otros detalles de responsabilidad: el tratamiento de aguas sin químicos y los huertos libres de pesticidas. Los cerdos de la aldea también están encantados de comerse las sobras de los turistas.

Parte de las ganancias de este alojamiento van al Village Bank, el banco de la comunidad cuyos fondos se emplean para apoyar proyectos comunitarios, conceder préstamos a pequeñas empresas, crear proyectos agrícolas, mantener el autobús escolar, vacunar a la gente…

Por si alguien se lo estaba preguntando: sí, hay wifi, y de la buena. En fin, que este sitio está muy bien porque el turista puede vivir aquí a cuerpo de rey sin sentir ninguna clase de remordimientos.

Hoteles

Todo esto
y mucho más
en Hoteles
+