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Los mejores desayunos de hotel (1)

En ciudad, mar o en la montaña, hemos probado el desayuno de cinco hoteles y los elegimos por su carácter excepcional.

Resulta manido empezar con estas palabras el texto, pero así va a ser: hay pocos placeres que superen al de un buen desayuno de hotel. ¿Es o no es cierto? Estas son las propuestas que a nosotros nos han dejado sin palabras. Posiblemente sean los mejores de España.

Cuando no se tiene prisa, la seguridad de un buen desayuno es la razón para poner, una vez más, el despertador y levantarse a tiempo; esta vez es por gusto. Te puede alegrar el día, ¡y de qué manera!, o no. Quizá no lleguemos al extremo de afirmar que te lo puede arruinar, pero lo cierto es que no comienza del mismo modo cuando es exquisito, variado y de calidad. Los glotones de este mundo, que se cuentan por miles, se rinden ante esos coloristas escaparates de bollería, fruta, embutidos, quesos, lácteos… Y ante tanto estímulo, quien todavía no domina a su apetito, no puede evitar un nerviosismo inicial.

Porque cuando uno viaja, con frecuencia o no, espera que sucedan cosas extraordinarias. Y el desayuno puede convertirse en una de ellas. Porque en un hotel, se cumple el precepto de que la primera comida del día es la más importante y no suele haber prisas. En casa, sin tomar asiento, apenas hay tiempo para un café. En un hotel, sin embargo, pueden ser hasta dos. Uno al principio, para despertar y otro, como broche y por puro placer.

Quien siente debilidad por los desayunos los valora por encima de muchos otros asuntos. Resulta más importante que el algodón de las sábanas o el rizo de las toallas. Incluso, relega a un segundo puesto el que haya bañera y que se acompañe de sales. Si falla el desayuno, es casi seguro que ese viajero no vuelva. Y además, lo pregonará a los cuatro vientos. Pero deleitémonos con lo positivo, con lo sumamente positivo y delicioso.

* Levantar la mirada y tener el Mediterráneo suma puntos. Apostar por lo local y los alimentos naturales, también. En el Hostal Empúries (Gerona) es así porque se trata de un proyecto verdaderamente sostenible. No es una mera estrategia de marketing y sí de la seña de identidad de este fabuloso establecimiento, que guarda lo mejor de su esencia y pasado y lo combina con una vocación rabiosamente moderna.
Por eso, la fruta es ecológica y de temporada, los panes están elaborados con semillas y cereales cultivados en el huerto del propio hotel, y los zumos son naturales recién exprimidos y de calidad. Y aquí se hace necesario abrir un paréntesis para aclarar que el zumo de naranja –por no decir de más sabores- merece un análisis en profundidad. No todos son naturales, no todos son buenos y no todos merecen el aprobado y ni mucho menos, el sobresaliente. Dicho esto, continuamos.
En el Hostal Empúries sirven uno de los sándwiches vegetales más deliciosos que se puedan imaginar y la bollería es un atentado para quienes se levantan queriendo guardar la integridad de su cintura. Mejor que se olviden y no sufran. Los cruasanes es lo único que no elaboran en cocina, y está claro que conocen el mejor obrador para confiar tal responsabilidad. Porque, efectivamente, que el cruasán sea delicado o no, tiene su trascendencia. Como casi todo en un desayuno.
Hay quien pierde la cabeza ante el apartado dulce y hay quien por el salado. Los hay que no pueden resistirse a ambos y siguen, al pie de la letra, un esquema mental y ritual práctico, a base de mucho entrenamiento, para no dejarse bocado alguno. No se bloquean, lo hacen ordenadamente.
Hay quien, además, sabe que determinadas especialidades solo se pueden encontrar en un buen hotel. Los huevos Benedictine, con su delicada salsa holandesa, son un buen ejemplo y la diferencia entre un gran desayuno y otro superlativo e insuperable. Redondo, en resumidas cuentas.

* El apartado caliente de ese clásico barcelonés llamado Majestic (Barcelona) es atractivo se mire por donde se mire e incluye esta receta anglosajona. La incluye y la borda. Dentro de la oferta dulce, posiblemente sienta un bloqueo mental ante tanta y tan suculenta bollería, y justo delante del mueble que expone las mermeladas quizá note que sus piernas tiemblan, que no le sostienen. Relájese, diviértase leyendo las etiquetas y conociendo las posibilidades y elija. No, no sucumba a la tentación y no meta varios botecitos al bolso. Eso no se hace, es muy feo.

* Los huevos dan mucho juego en el Hermitage (Andorra). Fritos, revueltos y acompañados de multitud de ingredientes, en forma de tortilla o como tortitas dulces, las posibilidades son múltiples. Este cinco estrellas cuenta con el asesoramiento gastronómico del chef Nandu Jubany y eso se nota también en el cuidado del desayuno. Atención, por favor, a los yogures artesanos porque son realmente exquisitos.
No pasa nada si la gula fue el pecado cometido (y bien temprano) porque lo bueno de este hotel es que es destino deportivo, dada su ubicación en los Pirineos, en Soldeu (Andorra), todo (o casi todo) se quema esquiando. El gimnasio con una bella panorámica de las pistas, tampoco es una opción desdeñable.

* Si la panadería se encuentra en el propio inmueble, también se consiguen puntos extra. Si no es cualquier tahona y se trata de una nueva sucursal de Baluard, esto es, de Anna Bellsolà, poco queda por añadir.
Sucede en el Praktik Bakery Hotel (Barcelona) y el desayuno incluye fruta, embutidos y queso, pero pasan desapercibidos. Bueno, al menos, la primera vez que se desayuna. Y es que la atención se fija en los bizcochos y cruasanes recién traídos del horno. Incluso resulta un sacrilegio añadir mantequilla y mermelada, o cualquier otro ingrediente, a la variedad de panes. Apetece, sin duda, disfrutar de su corteza, miga, acidez, sabor y esponjosidad sin nada más.
Por fortuna, la propuesta no es exclusiva para huéspedes, los clientes externos también pueden darse el gustazo de su fabuloso desayuno.

* Amanecer en plena montaña asturiana, rodeados por nubes o sol, con o sin lluvia, pero en plena naturaleza, en el Parque Natural de Redes, tampoco está nada mal. Tierra del Agua (Asturias) hace honor al lugar en el que se encuentra y por el que el agua corre, suena, refresca y crea vida.
Son varios apartamentos pero con servicios de un buen hotel. Por ejemplo, es posible tomar el desayuno sin salir de la habitación. Huevos de los que saben de verdad, jamón con pan, tomate y aceite, así como bizcocho elaborado con mucho amor son su invitación para comenzar el día con una gran sonrisa.

Y es que el desayuno en un hotel importa, y mucho.

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