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Los mejores desayunos de hotel (II)

Calidad, no cantidad. Diferenciación y apuesta por lo local. Ésas son las claves de un gran desayuno de hotel.

Segunda entrega sobre cinco hoteles que miman el desayuno. Conocen el efecto reconfortante del aroma del café recién hecho, saben que una selección de buenos quesos y embutidos alegra la mañana, y los hay que incluso se atreven con las migas. ¿Quién dijo que el desayuno debía ser ligero? Equilibrado, ha de ser equilibrado.

– Si nos viéramos en la disyuntiva de elegir el mejor desayuno de hotel que hemos probado, solo uno, sería el de Atrio. Sin dudarlo ni un segundo, ésa sería la respuesta. Acontece en un marco arquitectónico deslumbrante y rodeados, con absoluta naturalidad, por obras de arte que pertenecen a la colección privada de los propietarios: Jose Polo y Toño Pérez.
En el orden de cuestiones prácticas, por ejemplo, la vajilla o la mantelería, las de este restaurante, con dos estrellas Michelin, son elegidas porque sacuden, una vez más, los sentidos y el ánimo. En Atrio, no es casual ni tan siquiera la taza de porcelana de té. Y ésta, como un objeto artístico más, se admira por su estética y la sensación que transmite rozarla con los dedos. Algunos podrán creer que esto es fantasía, pero no lo es, aunque sí tenga mucho que ver la felicidad y calma que afloran tras el reparador descanso que se disfruta en este Relais Châteaux.
Se sirve en mesa y como si de un almuerzo o cena se tratara. Es decir, con la liturgia y elegancia que precisa. Con la técnica y habilidad de los profesionales de sala. Si bien, se puede optar por no salir de la habitación y tomarlo de forma más íntima. He aquí una puntualización o manía personal, pero el servicio de habitación priva del espectáculo visual y sensorial de un gran desayuno. Y no nos referimos a la cantidad, sino también a la disposición y puesta en escena. Todo cuenta, nada es gratuito.
Volvamos a Atrio, a una de las mesas, porque el desayuno, elaborado al momento, conjuga tradición y modernidad, platos dulces y salados. Zumo, delicada fruta y sí, también migas extremeñas con su huevo, quesos y buen jamón. Ante esto y su crema de caramelo, mascarpone y galletas, ¿quién prefiere un desayuno frugal? Ante esto, ¿quién es capaz de no emocionarse?

– Un gran desayuno debe cumplir con unos cánones: café e infusiones (y no solo americano), zumo de naranja (no se precisa ninguna otra variedad, solo calidad) y buen pan. Eso, la prensa, que no haya demasiado ruido -porque acabamos de despertar- y que no pase por alto el lugar en el que se encuentra y lo que esto conlleva gastronómicamente. Ahí radica la diferencia. En el hecho de que esa bollería, ese queso o ese embutido solo se podría encontrar en un hotel de determinada ciudad.
Si estamos en Sevilla, en una mañana soleada tomando el desayuno en el imponente patio del Hotel Alfonso XIII esperamos lo que, por fortuna, sucede. Es decir, encontrar chacinas, molletes y, por supuesto, las tortas de Inés Rosales y otros dulces de la mítica casa.

– Si el destino es San Sebastián y el Hotel María Cristina, es decir, no cualquier hotel, no es cuestión de malhumorarse si llueve. Siempre es posible prolongar irremediablemente la primera comida del día. ¿No dicen que es la más importante?
Puede ser la ocasión de cambiar el zumo de naranja por el de manzana, y el café por chocolate caliente. O que nuestra faceta glotona resulte vencedora y probarlo todo. Entre los platos calientes, unos maravillosos huevos Benedictine o salmón ahumado con queso crema y acompañado de tostadas.
¿Le apasiona el queso? Pues la selección pasa por más de 20. Bollería y panes horneados en el propio hotel, fruta fresca cortada (asumamos que en un hotel presumimos de nuestra faceta más comodona), mermeladas variadas, etc. Realmente que llueva o luzca el sol no importa, porque no existe prisa alguna por abandonar el salón y seguir disfrutando del que es considerado como el mejor desayuno de San Sebastián. Y no es exclusivo de clientes alojados, también está abierto al público bajo reserva.

– En Navaluenga, Ávila, existe un paraíso que no ocupa una esquina pero sí una finca en medio de la naturaleza. Se llama El Hotelito, es arquitectónicamente bonito, con unas camas que difícilmente se olvidan y una chimenea junto a la que podríamos vivir eternamente en invierno. Pero lo mejor de este lugar posiblemente sea su tamaño y espíritu ‘pequeñitos’ y cercanos, y quienes lo hacen posible. Se trata de la pareja formada por Cándido y Christina, y su delicadeza se advierte también en el desayuno.
Los huevos proceden de gallinas felices, la fruta solo es de temporada y el jamón es riquísimo y con tomate sobre el pan, más. Dentro, en el comedor, o en la terraza si el día lo permite, apetece un segundo café o infusión. Se prolonga la charla y no hay urgencia por decidir qué actividad nos alegrará la jornada: ¿Observar aves, buscar setas o pasear a caballo? Apetece otra taza y otra porción de ese fantástico bollo de plátano que Christina elabora cada mañana según el estilo nórdico.

– Es preciso esperar hasta el 1 de marzo para conocer o regresar a Abadía Retuerta. Entonces reabrirá sus puertas y se desvelarán sorpresas como la nueva carta de desayuno. La gastronomía de esta abadía del siglo XII es tarea del chef Andoni Luis Aduriz, quien por supuesto no consideró que cualquier propuesta estuviera a la altura del espacio. Posiblemente pensó en la vida de aquellos monjes y encontró en la sencillez la clave.
En el Refectorio, se toma asiento y una vez revisada la carta, no muy extensa, se pide aquello que apetece. Sentimos defraudar a quienes esperan un gran buffet, pero alegraremos a quienes, ante todo, buscan calidad. Por ejemplo, el jamón de york, otro caballo de batalla en esta materia, es exquisito. Los huevos fritos, revueltos o en tortilla se acompañan de jamón, beicon y salmón; el queso de membrillo y unas nueces. Y el apartado de lácteos no admite peros porque es perfecto. Nos gusta la sensatez de la oferta y la apuesta por lo local.

He aquí la importancia de un buen desayuno, no cualquiera.

Una respuesta a Los mejores desayunos de hotel (II)

  1. GABRIELA dijo:

    Emociona leer cómo en un desayuno confluyen placer y filosofía de vida. Puro hedonismo, pura cultura. Mar de Alvear es la biblia gastronómica.

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