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“¡Si uno conociera lo que tiene, con tanta claridad como conoce lo que le falta!”. Mario Benedetti

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Hotel María Cristina

En San Sebastián, esa ciudad que en cuestión de belleza encuentra pocos rivales, existe un hotel con el que todo el mundo sueña.

Por fortuna, nos quedan los sueños. La imaginación a veces vuela hasta lugares lejanos y, en otras, inteligente o perezosa, se queda en los próximos. En ocasiones, ella incluso decide quedarse en playas, en ciudades preciosas y en hoteles algo más que confortables. San Sebastián tiene encanto- mucho-, bonitas playas y un establecimiento que, desde 1912, acumula el brillo de los lugares auténticamente especiales.

Es ese tipo de establecimiento en el que nada es ostentoso, pero cada rincón es elegante. Es único y, sí, no caemos en esta palabra porque sea fácil añadirla a un hotel de gran lujo. Ninguno como el María Cristina tiene esos pasillos largos, vestidos de gris, en los que las pisadas quedan silenciadas, y la mirada se vuelve a las fotografías enmarcadas. Son esos pasillos en los que, en cualquier momento, podría abrirse y aparecer un actor conocido… o alguien sospechoso, sí, sospechoso de tener una vida amable, feliz.

Primero llaman la atención los pasillos. Luego, los techos altos y las camas inmensas pero en las que uno no se pierde porque está arropado por la delicada ropa, de una blancura impoluta, o porque le abraza quien elije.

Los pasillos, los techos, las camas, los grandes ventanales, algunos con vistas del río Urumea, y esos baños. Porque, en cuestión de baños de hoteles, existe un número nada despreciable de fetichistas. Viajeros que conocen y aprecian los pequeños y grandes detalles: que la ducha sea comprensible, que los cristales no se empañen, que los artículos de belleza sean adecuados a la categoría… en esos baños, enormes, todo está donde debe estar y no falta de nada. DE NA-DA.

Tras el mobiliario y, digamos, los aspectos materiales, de clara inspiración Belle Époque, llegan otros de no menor relevancia. Por ejemplo, una barra en la que la coctelería sea mimada; ahí está el Bar Dry San Sebastián, con maestros que siguen las buenas maneras de su creador Javier de las Muelas. Y es que no hay nada más cinematográfico que tomar, relajadamente, un combinado o un trago largo.

Si el bar del hotel es importante, el desayuno es esencial. El Restaurante Easo, con una agradable terraza, alberga una gran selección de embutidos, quesos, frutas, lácteos, panes, mermeladas, frutos secos, bollería y dulces así como platos calientes preparados al gusto del cliente. No existe un cartel que lo advierta, pero cuando se accede al interior de este espacio, el comensal que percibe las señales, incluso cuando no están visibles, sabe que debe tomarse el desayuno con calma. Con mucha calma.

Unas líneas más arriba hablábamos de actores, pero, discúlpenos, no nos referíamos a cualquier actor, hoy de moda y olvidado mañana. Vuelven a nuestra memoria Elizabeth Taylor o Bette Davis, tan sólo por citar a dos grandes estrellas. ¿Por qué? Porque el Hotel María Cristina ha sido y será siempre recordado por recibir a infinidad de nombres del Séptimo Arte desde que, en 1953, se inaugurara el Festival de Cine de San Sebastián.

Los pasillos, los baños, el cine… ¿Quién no sueña con cruzar el umbral de la puerta del Hotel María Cristina?

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