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En pleno centro de la ciudadOD Barcelona, el hotel del que te costará salir

La salida está perfectamente indicada, pero dentro se está tan bien...

Habitación de hotel es ese cuadro de Edward Hopper que nos cuela en la intimidad del cuarto que habita una mujer. Está sentada al borde de la cama, aún sin deshacer. Por su ropa, o por su falta, deducimos que tiene calor. Todavía no ha abierto su maleta, acaba de ponerse cómoda para consultar un papel en blanco que el pintor imaginó con los horarios del tren, o eso contó Jo, la esposa con la que Hopper se peleó durante toda su vida, en hoteles y fuera de ellos. Este fue el primer cuadro de una serie de habitaciones, lobbies y restaurantes de hoteles ligados a esa filosofía de viaje que lo fue todo en el universo de Hopper. «Habitación de hotel es una novela —dijo Carmen Martín Gaite, inventando un cuento sobre la escena—. La mujer del cuadro busca algo que, sea lo que sea, no ha encontrado».

Es fácil fabular sobre habitaciones de hotel, porque en ellas se encierran todas las historias posibles: la soledad y la compañía, la esperanza y el fracaso, la sorpresa y el aburrimiento, la infidelidad…

Por suerte, las paredes no hablan. Y menos en este hotel que nos ocupa, donde las habitaciones son burbujas de silencio. El OD está en una de las calles más ruidosas de Barcelona, a 50 metros del paseo de Gracia, en el mismo centro, y no se oye ni una mosca. La luz entra tamizada por grandes vanos de techo a suelo, y sobre ellos se corren unos paneles de madera maciza de bambú cuando el cliente desea estar a solas consigo mismo o con otro. El efecto es un perfecto aislamiento acústico y una oscuridad total. Esta madera cálida, suave, sostenible, está en toda la habitación.

Mies van der Rohe a nuestro a nuestro alcance

Puede que uno no se dé cuenta de que se ha sentado en un banco de Mies van der Rohe o en la shell chair de Hans J. Wegner o en una silla butterfly, tal vez no aprecie la lámpara cesta de Miguel Milá que tiene en la mesilla ni que está al lado de un producto salido de la factoría de Barba Corsini y Ruiz Millet, pero estas cosas, aunque pasen inadvertidas, hacen la vida del viajero mucho más agradable. Los OD están llenos de elementos así, gracias al arquitecto Víctor Rahola y a la diseñadora de interiores Mayte Matutes. Todo es funcional, pensado para el bienestar.

Como también otros detalles vitales para un viajero: las conexiones USB y HDMI en cada habitación, los escritorios, el lavabo abierto y amplio… Y la cama, que después de la propia, puede que sea la mejor.

OD Barcelona ha sido reconocido como uno de los 10 mejores proyectos de rehabilitación sostenible por el Re Think Hotel 2017. Resulta muy de agradecer que su sistema de climatización no haga ruido, ni dentro del edificio ni hacia el exterior, porque la regulación de la temperatura se consigue con energía geotérmica. Hay paneles solares, luz natural, aislamiento térmico y acústico, materiales acogedores de construcción como la piedra y la madera…

Es filosofía del Grupo OD no construir, sino reconstruir hoteles. Compra edificios céntricos en desuso y les devuelve la vida. Su intención es revitalizar no solo el inmueble, sino también el barrio, abrirse al vecindario. «No queremos que el hotel sea una barrera para nuestros vecinos, un sitio al que solo entran los que están de paso —dice el director de OD Barcelona, Antonio Huguet, un tipo al que todos los días le dicen varias veces que se parece a Albert Rivera—. Nosotros estamos aquí permanentemente y nuestros vecinos también, así que ya saben que pueden venir a cenar, a tomar algo con nosotros, a ver una exposición…».

El OD Barcelona es un hotel de 5 estrellas, pero sin caspa. Programa actividades divertidas y, algo importante, accesibles y asequibles. Los domingos hay un brunch hasta las cuatro de la tarde, para los muy pasados de hora; a veces, mientras la gente cena, un pintor está a lo suyo y luego regala el cuadro a un comensal afortunado; en su sky bar puede aparecer un DJ para poner banda sonora a la magnífica vista de Barcelona y los jueves hacen eso que ahora se llama afterwork, con un Burger Meets Gin, ginebras de marca y hamburguesas de luxe, firmadas por su chef Pedro Salillas.

«No queremos retener al cliente —dice Huguet—. Si quiere quedarse, encantados; pero la gente viene a Barcelona a ver la ciudad, no a nosotros. Nuestra cocina está pensada para enamorar a los huéspedes —damos fe—, pero entendemos que quieran irse, por eso tenemos puertas abiertas para los vecinos; somos un hotel inclusivo, no exclusivo, para que la gente de aquí cuente con nosotros si quiere comer o cenar, con productos de kilómetro cero, y con una cuidada vinoteca».

Una cadena española

El presidente del Grupo OD es Marc Rahola. Él quiere que el chef esté siempre en el desayuno, a diferencia de lo que suele ocurrir en otros lugares. «Ahí sí es muy importante su presencia porque es la comida que todos los clientes hacen en el hotel».

OD Hotels es una cadena española de hoteles boutique. El primero se abrió en Ibiza, en 2009; es el Ocean Drive, un homenaje al famoso paseo marítimo de South Beach, en Miami, por su arquitectura y por su decoración art déco, y es el que da nombre al grupo. Ahora hay en esta isla dos más, el OD Talamanca, en la bahía del mismo nombre, y OD Can Jaume, un sitio con 10 villas rodeadas de naranjos y palmeras, agroturismo de superlujo. En Mallorca está el OD Port Portals. El último ha sido OD Barcelona, que se inauguró en 2017. Pronto habrá uno en Madrid, otro en la costa azul francesa, en Saint Tropez, y ya está en marcha la última adquisición, en Miami.

La filosofía de trabajo de Marc Rahola es lo que él llama «de 360º»; por ejemplo, nadie tiene despacho, ni siquiera los directores de hotel. Su trabajo está cara al cliente y en constante movimiento a su alrededor, entre el restaurante, el bar y la recepción, «todo abierto, para que el talento trabaje codo con codo con los recién incorporados, para que se vean unos a otros, aprendan, cooperen y atiendan lo mejor posible a nuestros huéspedes».

Hace rato que los lectores que hayan llegado hasta aquí estarán pensando que hablamos bien del OD Barcelona porque nos han invitado. Es verdad que los periodistas somos estómagos agradecidos dispuestos a contar maravillas de quien nos alimenta, pero incluso en esos casos dejamos que la verdad se lea entre líneas. En OD Barcelona no hay nada que objetar, y no en nuestra habitación, sino en todas: hemos comprobado que aquí no te puede tocar la mala.

Cuando uno viaja a una ciudad tan hermosa como Barcelona, lo último que quiere es quedarse en el hotel. Pero del OD cuesta salir.

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