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UN OASISRoyal Mansour: el hotel de las mil y una noches está en Marrakech

Los mejores materiales en su decoración y un equipo humano de primer nivel, lo convierten en uno de los grandes establecimientos de África

Más que un hotel de lujo: una medina privada repleta de medio centenar de riads –esas casas típicas de diferentes alturas con sabor marroquí–, a pocos minutos de la famosa plaza Jemaa el-Fna y de la mezquita Koutoubia de Marrakech. Tres hectáreas y media en las que la arquitectura morisco-andaluza es la gran protagonista. El Royal Mansour es uno de los grandes hoteles pertenecientes al rey Mohamed II, para recibir a sus invitados, así como a quienes deseen vivir una experiencia fuera de lo común. “Es un mundo de fantasía”, aseguran sin complejo alguno. Una fantasía hecha realidad, el disfrute de un sueño desde la vigilia, añado.

Es la segunda vez que lo visito. La primera, hace poco más de dos años. La gran novedad ahora es la inmensa piscina que han construido, junto a otros riads, un restaurante al aire libre y unos jardines poblados de altas palmeras. El mismo cielo virgen de nubes, el mismo aire cálido que le recuerdan a uno que pisa el continente africano… Desde el momento en el que se ponen los pies en el aeropuerto, comienza la experiencia Royal Mansour: acompañamiento, control rápido y un Bentley –poseen dos, uno dorado y otro gris– que nos traslada al “mundo de fantasía”.

Combinación de lo tradicional y lo contemporáneo, ejemplo de la mayor riqueza en el saber hacer marroquí y en los material utilizados en la decoración de cada uno de los espacios. Cada riad es único. De tres alturas, de una a cuatro habitaciones, donde no falta una terraza privada en lo más alto con hammam. El personal de servicio tiene un acceso interior. Prácticamente nunca nos cruzaremos con ellos, al existir unos túneles interiores. Su profesionalidad y discreción hacen que no falte de nada durante toda nuestra estancia.

En la gran piscina, de 20 x 30 metros y diferentes niveles, un adulto siempre hará pie. Allí, bañándome en sus aguas o al borde de ella paso la mayor parte de mi fin de semana. El cuerpo necesita dosis de Vitamina D, y qué mejor que el sol, para proporcionársela. Otro de los aliados lo encuentro en el salón de mi riad: Villa Taylor (Anne Carrière éditions), novela de alrededor de cuatrocientas páginas, escrita a cuatro manos por dos médicos, y que transcurre en esta ciudad con mil años de historia e inspiradora para maestros de la pintura, las letras o la moda, como Yves Saint Laurent: tras el de París, estos días se inaugura aquí su nuevo museo.

Huéspedes conocidos y no conocidos, que buscan la calma y el mejor de los servicios. Percibo al diseñador de moda y hoy pintor Kenzo Takada acompañado de varios amigos. El entorno invita a vestirse a la marroquí. Estreno mi túnica de Più, esa joven marca de pijamas y prendas de interior y exterior que han creado Valerie Mattos y Gabriella Zavatti. También un bañador de Etro, esa firma de estampados diversos que encajan en cualquier lugar. Y más en la nueva piscina del Royal Mansour. Luego, visita al SPA, que aparte de su aspecto decorativo, en blanco metal y con luz natural, es conocido por sus excelentes tratamientos: hay más de un centenar.

En el aspecto culinario, el hotel dispone de tres restaurantes bajo la supervisión del estrellado chef  Yannick Alléno. Me seduce una vez más La Grande Table Marocaine y su pastilla de marisco, el cuscús y la harira, esa sopa tradicional magrebí… Y todo rodeado de camareros que cubren sus manos con guantes blancos, brigada que no pierde de vista Jean-Paul Unzueta, un vasco que –quién mejor que un vasco– para estar a cargo de que en los diferentes restaurantes no falte de nada, que siempre hallemos lo mejor.

Insisto en que el lujo está en las atenciones, en un servicio donde prima la excelencia, junto a un entorno que se halle en consonancia con ello. El Royal Mansour es un auténtico oasis que reúne todo ello y más. Es obvio que uno puede ir a Marrakech y no salir de este enclave durante su estancia. En este último viaje a este paraíso hotelero así me ha ocurrido. Siempre encontraré un pretexto para regresar a una tierra generosa en humanidad y atenciones, con una gastronomía rica en cantidad y calidad, y una luz que ilumina rebosante con su pureza cada rincón. Insha’Allah!

                                                                                               www.abrahamdeamezaga.com

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