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A media hora de Estremoz, en el Alentejo portuguésTorre de Palma, un hotel con mucho que contar

Lo mejor de este cinco estrellas: las noches mágicas, serenas, en el campo alentejano.

Muy cerca de Estremoz y de Évora, en el Alto Alentejo, se encuentra el Hotel Torre de Palma. Atravesamos los campos que rodean la finca, resecos y polvorientos tras el largo periodo estival y la siega, y ahí, desperdigadas como en el olvido, junto a una casita de aperos de labranza con emparrado, encontramos las ruinas de una villa romana. A la vista quedan unos bellos mosaicos y poco más, suficiente como para hacernos una idea de la importancia del lugar en otros tiempos.

El Hotel Torre de Palma, un establecimiento de 5 estrellas que invierte en la cría del caballo lusitano y en su propia bodega, aspira a rememorar el estilo de vida que imperó en esta villa rural romana, perteneciente a la familia Basilli, según un testimonio hallado en el lugar. Esta familia construyó una casa de campo suntuosa que permaneció activa, parece ser, desde el siglo II hasta el V de nuestra era. De ella se conservan aún el peristylium o patio cuadrangular, con un estanque central pavimentado con mosaicos. En el tablinum o lugar de recepción, se encontró el célebre Mosaico das Musas, hoy en el Museo Arqueológico Nacional en Lisboa.

Dando un gran salto en la historia llegamos al 25 de abril de 1974, fecha de la Revolución de los Claveles, que puso en manos de los campesinos, tras siglos de latifundio y solo por un breve periodo de tiempo, las tierras que siempre habían cultivado. Torre de Palma podría haber sido escenario de la novela de Saramago Alzado del suelo (1980), donde se narra la historia de una familia de campesinos desde principios de siglo hasta la Revolución de Abril.

Lo que hoy es un hotel de 5 estrellas, con su villa romana que hoy ha pasado a ser patrimonio del Estado, fue efectivamente una finca latifundista, con su torre de vigilancia, su almacén, ahora loft rural, su granero reconvertido en espacio con cinco habitaciones y una suite principal, y las casitas donde vivían los ganhões, los trabajadores del campo, convertidas en ocho suites. De las 4.000 hectáreas originales, hoy quedan 15, entre caballerizas, huertos ecológicos, algunos olivares y una piscina rodeada de viñedos, que aprovechan las antiguas levadas o canales de irrigación.

Ana Isabel Rebelo, una mujer activa y jovial, propietaria de Torre de Palma junto a su marido Paulo Barradas Rebelo, ambos farmacéuticos, nos cuenta cómo ella y Paulo se enamoraron de este “monte”, como llaman aquí a las casas de campo, nada más verlo, cuando aún era una ruina tras haber permanecido veinte años abandonado. Decidieron convertir Torre de Palma no sólo en un hotel, sino en imagen de marca del Alto Alentejo, con bodega propia, huerto ecológico y productos gourmet.

Encargaron el proyecto al arquitecto Joao Mendes Ribeiro, que ha respetado las antiguas construcciones allí donde era posible hacerlo, como es el caso de las dependencias de los trabajadores del campo, y ha mimetizado las nuevas utilizando materiales diferentes pero siguiendo siempre las líneas puras y sobrias características de la arquitectura rural alentejana, jugando también con tres colores típicos de la región: el blanco, el rojo carruaje o sangre de toro y los ocres.

El trabajo de decoración, encomendado a Rosarinho Gabriel, nos convence totalmente. Utilizando antiguos muebles de familia, como el piano de la bisabuela y objetos rescatados de anticuarios y creando los más maravillosos sofás a medida, consigue lo que los propietarios de Torre de Palma han pretendido siempre: que nos sintamos realmente en casa. Los espacios comunes, amplios y generosos, destilan paz y tranquilidad en blanco roto y crudos. Se mantienen los suelos de barro tradicionales, encerados. Y también las aberturas entre las salas, enmarcadas en pedra, el precioso mármol blanco alentejano sin pulir. Encontramos mil y un detalles de la artesanía local: cestas de mimbre transformadas en pantallas, cestos que son originales puffs, un espectacular sillón que se asienta en el tronco imponente de un alcornoque; una antigua bañera convertida en lámpara preside la habitación donde aún se utiliza el horno de pan… En las casitas de los ganhões Rosarinho Gabriel despliega toda su imaginación, convirtiéndolas en suites coloristas llenas de objetos y detalles curiosos y divertidos. Luego hay otras suites “más serias”, algunas inspiradas en África y en el norte de África, que también se cuentan entre nuestras favoritas.

Las actividades que propone Torre de Palma son de lo más atractivas: montar en el picadero, pasear en bici, a caballo o en globo, recorrer las rutas culturales y visitar bodegas… Una opción perfecta en invierno es disfrutar del spa y, con buen tiempo, de la piscina al aire libre rodeada de viñedos, en un ambiente que recuerda los días en que Torre de Palma era una villa romana. En la torre se organizan talleres de cocina y catas de vino y también hay una biblioteca. Desde lo alto, las vistas sobre el inmenso campo alentejano son imbatibles. En el patio central se conserva la antigua capilla de la finca y a la entrada encontramos el restaurante Basilli, donde la cocina, a base de productos locales, se acompaña siempre de los grandes vinos del Alentejo.

Torre de Palma ha lanzado en 2014 su vino Año Cero, con la colaboración del enólogo Luis Duarte, uno de los más reconocidos de Portugal, que conmemora la fecha de la inauguración de Torre de Palma Wine Hotel.

Una respuesta a Torre de Palma, un hotel con mucho que contar

  1. Mirjam Buil dijo:

    Parabéns Ana Isabel e Paulo!

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