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3 maneras de ser madre

La visión de tres autores en torno a la figura materna. De la más entregada a la más divertida.

Ahora que se acerca ese día marcado por los besos, las flores, los bombones y alguna joyita que es el Día de la Madre, aprovechamos para proponer tres lecturas dedicadas a su figura para que el lector elija aquélla que más le guste. El que escribe estas líneas se queda con las tres. 

1. Según Gustave Flaubert
Félicité es el nombre de la protagonista de Un corazón sencillo, uno de los relatos que integran el volumen Tres cuentos de Gustave Flaubert. Podría decirse a grandes rasgos que la suya es la historia de una madre sin hijos. Tras una relación amorosa frustrada, Félicité se dedicará en cuerpo y alma a las personas que la rodean. Desde la familia Aubain –integrada por la viuda y sus dos hijos–, para la que trabajará toda su vida como sirvienta, hasta su malogrado sobrino Victor. En este relato se encuentra aglutinado todo el talento de Flaubert en menos de 40 páginas: acidez, socarronería, aguda observación…, pero también una sentida humanidad vertida en el sobresaliente retrato de su protagonista. Inolvidables las últimas páginas que relatan el proceso de su decadencia, donde se describe su apego a la patética figura de un loro disecado.

2. Según Edward Everett Tanner III
Un retrato de madre diametralmente opuesto es el que aparece en La tía Mame, divertidísima novela escrita –bajo el seudónimo de Patrick Dennis– por Edward Everett Tanner III, que narra las aventuras y desventuras de un huérfano al que le ha tocado en suerte tener como único pariente vivo a una tía neoyorquina cargada de dinero y fantasías. A través de la narración de su sobrino, iremos conociendo a una irresistible mujer grandilocuente, voluble, traviesa, metepatas, en absoluto capacitada para cuestiones prácticas –a destacar el capítulo en que debe buscar trabajo porque no es capaz de administrarse con el mismo dinero con el que vivirían varias familias–; compradora compulsiva, lectora de Freud, seguidora de las tendencias más estrambóticas… Una amiga divertida con la que irse de fiesta, pero un desastre de madre. Los episodios del colegio nudista y del caballo deberían aparecer en todas las antologías del humor. Descacharrantes.

3. Según Stephen King
En Carrie, la mítica novela de Stephen King, hallamos en la figura de Margaret White, madre de la protagonista, un trasunto anglosajón de nuestra Bernarda Alba –fíjense en la coincidente idea de pureza en ambos apellidos. Su terquedad por la negación sexual le lleva a encerrar a su hija en un pequeño armario como castigo por haber cometido el pecado de… tener la menstruación. A partir de ahí, el camino a la locura no será muy largo. Un extraordinario relato que combina la narración tradicional con pequeñas fugas entre paréntesis reflejando los pensamientos de los personajes, alternándose con fragmentos de supuestos libros publicados tras los terroríficos acontecimientos acaecidos en la pequeña localidad de Chamberlain, marcados por lo sobrenatural. Esta novela es toda una declaración de intenciones contra la figura materna castradora. Dicho en otras palabras: Madres, no mareen. Por lo que pueda pasar…

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