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“Escribir un capítulo es mantener una relación con tus personajes”Don Winslow, autor de ‘El Cártel’

Entrevistamos al autor de El Cártel, que ha merecido el IX premio RBA de novela negra del pasado año.

Don Winslow (Nueva York, 1953) no recurre a personajes medievales ni a espías, a látigos ni a catedrales para escribir. Para sorprender. Para zarandear. Ni falta que le hace. Su prosa intensa y directa, su proximidad con México, sus tres lustros zambullido en la investigación de la llamada guerra contra la droga, su capacidad de trabajo y su habilidad para plasmar en ficción una realidad que es todo violencia, convierten su escritura en un territorio por el que se navega con el corazón encogido.

Tras la dura El poder del perro, el autor estadounidense regresa al azote de las políticas contra el narcotráfico con El Cártel, una obra sin concesiones, continuación de aquella lucha entre personajes –un jefe de un cártel, un agente del gobierno- como metáfora y plasmación de un fracaso: el control de la droga. El Cártel ha merecido el IX premio RBA de novela negra.

– El Cártel es ficción pero suena demasiado verídico. ¿Cómo está de próximo a la realidad?

Demasiado cerca. Realmente, todo lo que sucede en la novela ha ocurrido de una forma u otra, en su mayoría casi de forma real. Quería utilizar la ficción para contar la historia real de lo que sucedió durante un periodo de diez años.

– ¿Cuánto tiempo le llevó ensamblar todos los ingredientes de la novela y cuánto escribirla?

Bueno, he estado implicado en el asunto de forma continua durante quince años, así que es difícil diferenciar qué parte del trabajo de investigación la volqué en este libro, porque todo está relacionado. El proceso total de escritura de El Cártel se extendió durante unos cinco años.

– ¿Se convierte en un periodista, un investigador y un detective cada vez que escribe una novela?

Diría que hay una gran parte de esas tres características en el tipo de novelas que escribo habitualmente. La mayoría del trabajo del detective es la investigación (hay muy pocas copas y mujeres sensuales de club nocturno), indagar en miles de páginas de documentos, entrevistar a testigos y ese tipo de cosas. Es muy parecido a la investigación para un libro general o al periodismo. Tengo que recordar que no estoy haciendo periodismo sino escribiendo ficción y que tengo que prestar atención a la estructura dramática que requiere una novela.

– ¿Por qué decidió continuar la intensa historia que comenzó en El poder del perro? ¿Cree que falta literatura sobre la llamada ‘guerra contra la droga’?

Sabía que El Cártel necesitaría una columna vertebral, una historia central fuerte de la que colgar numerosos hechos y personajes. La vendetta entre Keller y Barrera me la proporcionó. Y tenía también la sensación de que su historia no estaba del todo concluida, de que quedaban asuntos pendientes entre ellos. No creo que haya una ausencia de libros sobre la ‘guerra contra la droga’ –de hecho hay grandes libros de no ficción que la tratan- pero considero que no ha habido libros de ficción que hayan tratado de cubrir el panorama completo, de dar una visión exhaustiva de esos años. Lo que he pretendido es que el lector que elija El poder del perro y El Cártel pueda tener un buen conocimiento de cómo hemos llegado adonde estamos. Es ambicioso y casi arrogante pero es lo que he intentado hacer.

– Los medios nos hablan a diario de esa guerra, una denominación con la que no está de acuerdo. ¿Cree que es una batalla perdida o inútil, si fuera político en vez de escritor, afrontaría el asunto de la droga de otra forma?

Es una denominación errónea. Nunca ha habido una guerra contra las drogas sino una guerra contra algunas drogas en algunos periodos de tiempo. Además, creo que cuando se utiliza de forma descuidada a palabra ‘guerra’, puede tener consecuencias graves, como sucede en este caso con la militarización de algo que debería verse como lo que es, un problema social de salud. Se mire como se mire, es un fracaso trágico pasar cuarenta y cinco años haciendo las mismas cosas estériles una y otra vez. Las consecuencias en México, Centroamérica y Estados Unidos han sido fatales. No soy un político y, por favor, no me desee ese papel, pero he instado a los legisladores estadounidenses a acabar esta ‘guerra’ y a legalizar las drogas de forma inmediata. Esta ´guerra’ nos ha hecho más daño que las propias drogas.

– ¿Qué le hizo interesarse en el asunto y en México?

Vivo cerca de México, he ayudado a construir una escuela allí. Muchos de mis amigos y vecinos son mexicanos o mexicano-estadounidenses, así que vivo en un área culturalmente muy mezclada. Para mí México es tanto algo presente como un interés. Nunca presté atención al tráfico de droga hasta que diecinueve personas murieron asesinadas en un lugar que solíamos visitar los fines de semana. No era capaz de comprender cómo podía haber algo que pudiera llegar a tal punto que hiciera que la gente actuara de una forma como esa. A medida que iba conociendo todo me encolerizaba más.

– En su nuevo libro la violencia está tan presente como el aire. ¿Cuál era su estado de anímico al escribirlo?

No demasiado bueno. Como ha comentado, son libros muy intensos, tanto en su proceso de investigación como en el de escritura, y ha sido una experiencia larga lidiar día tras día con tanta violencia en sus diversas formas. Ha sido duro. Dicho esto, no quiero en modo alguno comparar mi experiencia con la de la gente que lo ha vivido –o, desgraciadamente, que no lo ha podido vivir- o con los periodistas mexicanos que, con tanta frecuencia, pierden sus vidas por contar sus historias.

– El Cártel y El poder del perro son muy diferentes –en estructura, estilo, ritmo y argumento- de otras como Salvajes. ¿Cómo hace para escribir de formas tan distintas?

En arquitectura dicen que la forma sigue a la función. En la escritura, el estilo sigue a la historia. Salvajes era una historia sobre una cultura subversiva y necesitaba un estilo subversivo, un lenguaje salvaje. Eso no habría funcionado para El Cártel, donde el lenguaje tenía que servir a la historia. Los músicos tocan distintas canciones en diferentes estilos: he escuchado a Miles Davis, Sonny Stitt, John Coltrane con distintos tonos, tocar baladas o hard bebop. Un escritor puede hacer lo mismo. Tocas las notas que la canción requiere.

– ¿Cuánto de su antiguo trabajo como detective privado le es útil en su oficio de novelista?

Me es útil por partida doble, tanto para la investigación como para las entrevistas con testigos. Como investigador, he tenido que navegar entre enormes cantidades de documentos y declaraciones de testigos para encontrar la ‘historia’ de lo que de verdad sucedió. Investigar para una novela como El Cártel es un proceso semejante: digerir una cantidad de información cruda para tratar de encontrar la historia. Como investigador he entrevistado a cientos de testigos y he aprendido técnicas: cómo preguntar, cuándo hacerlo, en qué orden, cuándo discutir, cuándo retroceder. El fin es distinto pero las técnicas son, en gran medida, las mismas.

– En alguna ocasión le han descrito como una máquina de trabajar. ¿Cómo se desarrolla su día?

Bueno, últimamente se ha hablado de eso bastante y no estoy seguro de estar de acuerdo: a veces me siento sorprendentemente humano. Lo cierto es que trato mi tarea como un trabajo de fábrica: me levanto a cierta hora (5:30 de la mañana) y trabajo hasta las 5:30 de la tarde, con un descanso para hacer ejercicio. Si eso es ser una máquina, de acuerdo, supongo que soy una máquina. Siento una gratitud inmensa por poder escribir como forma de vida y, con la gratitud, viene el respeto: le doy a la escritura el tiempo y la dedicación que merece. Mire, la mayoría de la gente va a trabajar cada día y trabaja duro; yo no soy distinto en eso.

– Sus lectores pueden sentir que ama a sus personajes. ¿Cómo los crea?

Debes estar siempre enamorado de la mujer con la que bailas y siempre me enamoro de mis personajes, incluso de los que odio. De nuevo, es una cuestión de tiempo: necesitas tiempo para construir una relación, incluso con una ‘persona’ que no existe de verdad. He pasado más tiempo con Art Keller que con cualquier otra persona en mi vida, exceptuando a mi mujer y a mi hijo. Escribir un capítulo es mantener una relación con tus personajes: qué quieren, qué necesitan, qué temen, qué aman, qué comen, qué beben, cuándo se levantan. Una historia se construye a partir de sus personajes: los personajes siempre tienen que querer algo, en todas las escenas. Una vez que sabes lo que él o ella quieren, se trata de seguir cómo lo van consiguiendo, o si lo consiguen. Cómo afrontan los obstáculos para conseguirlo: sin obstáculos, no hay historia. Pero todo parte de los personajes.

– ¿Es escritor de novela negra o, simplemente, novelista?

Escritor de negra. Y orgulloso de ello. Amo el género.

– ¿Cuáles son sus escritores preferidos?

Muchos, siempre temo dejarme alguno. Shakespeare, Tolstoy, Cervantes, Dickens, Elliot, Dos Passos, Cormac McCarthy, Jim Harrison. En el género negro, Elmore Leonard, Robert B. Parker, John D. MacDonald, Lawrence Block, Charles Willeford, James Crumley, Dennis Lehane, Michael Connelly, Raymond Chandler y muchos más. . .

– ¿Por qué los libreros independientes recomiendan sus libros?

Quizás porque tenemos un espíritu similar.

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