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“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.”. Francisco de Quevedo

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Es la cuarta entrega del capitán Arturo Andrade Una novela negra en la España más oscura

El capitán Arturo Andrade, un hombre aferrado a su moral, se enfrenta a todos sus fantasmas y de paso hace justicia.

El género negro se ha hecho fuerte, gusta al lector, vende -vaya si lo hace, no hay más que echarle un ojo a las listas de los libros más vendidos-, extiende sus tentáculos, desde librerías hasta las páginas de revistas semanales, y engancha. ‘Soles Negros’, la cuarta entrega del capitán Arturo Andrade –cuya publicación coincide con el estreno de su propio espacio cada domingo en El País Semanal-, no será menos, el personaje está de moda y está a la altura; un malo bueno o un buen malo, un tipo de vuelta de todo, en busca de la verdad. Pero hay algo más, la capacidad descriptiva de Ignacio del Valle (Oviedo, 1971), que lanza al lector a los espacios que dibuja, haciendo fácil lo más difícil, mostrar la España de 1950 de manera tan creíble como descarnada.

Tras ‘El arte de matar dragones’ (2003), ‘El tiempo de los emperadores extraños’ (2007) y ‘Los demonios de Berlín’ (2010), ‘Soles Negros’ supone el regreso de este capitán del servicio secreto para, en esta ocasión, verse involucrado en una investigación policial a pocos kilómetros de su Badajoz natal. Arturo Andrade tendrá que lidiar con una realidad en ruinas y demasiados fantasmas.

La novela comienza con el hallazgo del cuerpo sin vida de una niña en mitad del abrasador campo extremeño, el autor no tarda en abordar el meollo de la cuestión, ¿para qué esperar? Se trata de un crimen diminuto en una España cansada de muerte y con la larga sombra de la guerra oscureciéndolo todo, un asesinato que de no topar con el capitán Arturo Andrade quedaría en el olvido, mala suerte para el asesino.

Miembro del SIAEM (Sección de Información del Alto Estado Mayor), veterano de la División Azul, acosado por fantasmas propios y ajenos, a Arturo Andrade ya nada le sorprende, y sin embargo, ese haber visto demasiado en demasiados frentes no le ha hecho perder la esperanza, puede que no todos seamos iguales ante la ley, pero aún cree que es posible encontrar algo de justicia, aunque sea una mínima dosis, el poso tras elegir “entre un mal necesario y un mal conveniente”.

La niña no tienen nombre, su cuerpo no lo reclamará nadie, pero a partir de su hallazgo se desplegará un abanico de personajes que compondrán toda una época en la que tanto vencedores como vencidos están arrumbados; guardias civiles, miembros del SOMATEM, guerrilleros antifascistas que aún resisten en los montes, sus familias…, personajes bien construidos que, lejos del estereotipo, están llenos de vida en sus miedos y contradicciones. Y luego están esos otros a los que Arturo Andrade se tendrá que enfrentar, esos que están arriba, lo suficiente como para que ni siquiera todo un capitán del SIAEM les ponga nerviosos.

Tras el crimen late el rumor de un inmenso mar de corrupción y laxitud moral, de justificaciones de lo injustificable, una maraña de intereses que podría alcanzar a las más altas esferas del régimen. Como trasfondo, el robo de niños institucionalizado en forma de adopciones -aquellos lodos trajeron estos barros tan dolorosamente actuales-; niños huérfanos de padres republicanos, separados de sus madres encarceladas o sacados del Auxilio Social, una mercancía cuyo destino se decide en un despacho y que, en ocasiones, acaba en manos indeseables dispuestas a abusar de ellos algo más, si cabe, de lo que ya ha abusado el propio sistema.

Arturo Andrade, acompañado de Manolete, compañero de la División Azul, con algo de Sancho en sus maneras, se embarcará en el quijotesco lance de encontrar la verdad, para ello no dudará en utilizar todas las opciones a su alcance, al más puro estilo policiaco; deducción, investigación, pero también la más absoluta falta de escrúpulos a la hora de ejercer la violencia más cruel, ese moverse como pez en el agua en los desagües de la sociedad y salir victorioso, tan propio de los grandes personajes de la novela negra.

«La muerte. La muerte no era solo un cuerpo sin vida, sino un lenguaje con su propio alfabeto, y para eso se encontraba allí, para descifrarlo, para escuchar lo que ella tenía que susurrarles.» Con esta frase, toda una declaración de principios, se abre la investigación. La estructura, absolutamente cinematográfica –‘El tiempo de los emperadores extraños’, ya fue llevada al cine en ‘Silencio en la nieve’-, divide cada capítulo en secuencias que saltan de un personaje a otro, abordando sus puntos de vista e incluso compartiendo con el lector aquello que ni el propio Arturo Andrade será capaz de desentrañar.

La fuerza de las descripciones, esos espejismos humeantes que exhala la pluma de del Valle; el calor, el campo, la propia muerte…, bien articuladas con las reflexiones de los diferentes personajes –cuya profusión exige al lector atención a nombres y cargos-, no desmerece a la acción, que va adquiriendo un ritmo propio a medida que la historia crece y amplía sus horizontes.

A la visión de ese Badajoz rural se unirá la de un Madrid de mediados de siglo en el que la lucha por la supervivencia parece justificar casi todo, ejemplo de ese “familismo amoral” propio de las sociedades más atrasadas, aquí también en la versión de “partidismo amoral”, donde el interés particular de un bando está por encima de todo, brillando por su ausencia el interés colectivo que debería regir en toda forma de gobierno.

“Si nosotros estamos así, imagínese los que han perdido”, esa podría ser la moraleja de una narración que cumple al dedillo los estándares de la novela negra; resolución de un misterio a través de la indagación, un personaje clásico, hombre de acción, atormentado e intuitivo, que lucha “contra la certeza del absurdo”, y un fiel retrato de la sombría España de posguerra que invita a la reflexión sobre la herencia recibida.

* Laura Sancha es periodista
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Una respuesta a Una novela negra en la España más oscura

  1. Elena dijo:

    Me encanta leerlibros y me gustaria recibir mas libros.

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