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Una viajera del siglo XVIII que escribía para entretener a sus amigosLas cartas desde Estambul de una aristócrata

Lady Montagu era culta, divertida, curiosa y políticamente incorrecta

En 1716, Lady Montagu viajó con su marido, embajador inglés, hasta Adrianópolis (hoy Edirne, en Turquía). Durante el trayecto y su estancia en la embajada, mantuvo correspondencia con familiares y amigos. Cartas desde Estambul no es una crónica cualquiera, sino el periplo de una mujer brillante y crítica. Una delicia de libro.

El ritual de una carta manuscrita, cuidar la letra, enviarla por correo, esperar que otro lea nuestras noticias poco frescas, anhelar su respuesta… ya no existe.

No sabremos más qué dicen los escritores a sus amantes, a sus madres, a sus hermanos. No conoceremos si su caligrafía es buena, descuidada o preciosa, si escriben con pluma o bolígrafo, en azul o negro, sobre papel rayado o liso. No veremos la personalidad única de su escritura, la forma de acercarse a los márgenes, los trazos de las tes y las jotas. No descubriremos en la hoja la huella de una lágrima, la evidencia de un borrón, la mancha de una taza de café.

Nunca más podremos soñar con el hallazgo de un puñado de sobres atados por una cinta en el fondo de un cajón o en un cofrecillo cerrado con llave.

Los amantes del género epistolar se han quedado sin futuro. Tesoros como las cartas de Kafka a Milena, las de Marie Curie a su hijas, las de Zweig a los intelectuales de su época o las de Pardo Bazán a Pérez Galdós con su divertido erotismo pertenecen al pasado.

Los escritores que amamos ya solo escribirán mails en calibri, cambria, arial…

Mucho más que una crónica de viajes

Cartas desde Estambul tiene el encanto de presentar la correspondencia de una mujer excepcional y el regalo añadido de ser una crónica de viajes.

Lady Mary Wortley Montagu es una aristócrata inglesa que viaja con su marido en una misión diplomática. El recorrido por Rotterdam, La Haya, Colonia, Nuremberg, Viena, Praga… hasta llegar a Adrianópolis le permite relatar con detalle cuanto conoce. Mientras él se dedica torpemente a hacer su trabajo, ella se ocupa de profundizar en las costumbres de cada lugar que visitan y contárselo por carta a sus amigos y familiares ingleses.

Su visión es la de una mujer curiosa, valiente y, por lo general, políticamente incorrecta. No le importan las incomodidades del viaje, y se preocupa solo por relacionarse con la gente, aunque eso sí, con las clases similares a la suya, como correspondía.

Los mejores momentos

Cartas desde Estambul cuenta con un prefacio interesante y unas valiosas notas de su editor, Víctor Pallejà, profesor de la Universitat Pompeu Fabra, arabista e islamólogo.

Las 58 cartas seleccionadas se disfrutan; algunas especialmente. Como cuando describe a su hermana la libertad amorosa que reina en Viena y la abundancia de amantes que se procuran las señoras; cuando relata prolijamente su visita a un harem; cuando hace una sensual descripción de los baños para mujeres… Lady Montagu, protestante, se ríe de los católicos y ridiculiza su fervor por las imágenes, pero es muy condescendiente con el islam y encuentra gran afinidad con esa religión.

Memorable es cuando escribe a la princesa de Gales las bondades de Bulgaria: «Este clima, por agradable que parezca, jamás puede preferirse al de Inglaterra, con todas sus nieves y heladas, pues allí contamos con la bendición de un gobierno moderado bajo un rey para quien su propia felicidad consiste en la libertad de su pueblo y que prefiere ser considerado como su padre y no como su amo». Para diplomática ella.

En Cartas desde Estambul hay una al poeta inglés Alexander Pope, con quien esta lady coqueteó en unos tiempos, aunque luego terminarían a la greña.

Resulta sorprende cómo cuenta a una amiga el nacimiento de su hija: «La ociosidad es madre de todos los vicios, como usted bien sabe, y no teniendo nada mejor que hacer, he traído al mundo una hija. Sé que va a decirme que he hecho muy mal, pero de haber estado en mi lugar, creo que usted habría traído al mundo dos o tres».

Curiosas son también las cartas que envía a su marido, con un tono bien distinto al que emplea en todas las demás.

Lady Mary Wortley Montagu es brillante escribiendo y describiendo, lo mismo cita a Virgilio que cuenta a su hermana cómo visten las otomanas. Ella se fija en todo y se permite criticar a los «viajeros cuyas estancias son tan breves que luego no son capaces de informar con exactitud de nada de cuanto puedan averiguar».

En un momento dado confiesa: «No puedo abstenerme de escribir». ¡Qué bendición para los lectores!

2 respuestas a Las cartas desde Estambul de una aristócrata

  1. GABRIELA DOMINGO dijo:

    No creas, Ana, con los ciberataques masivos volveremos al papel y al lápiz….

  2. Pingback: María Zambrano, de profesión exiliada. Casi medio siglo de destierro. - El Hedonista

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