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Contar los recuerdos

La publicación de la última novela de Paul Auster inspira al autor de esta noticia, que bucea en su memoria lectora y descubre cómo se cuentan los recuerdos.

Diario de invierno, el último libro de Paul Auster, contiene los recuerdos
-fragmentarios y caprichosos- de la biografía de su autor,convertido en personaje de una ficción verdadera.

Acaba de publicarse en España la última de Paul Auster: Diario de invierno. He estado a punto de escribir “Viaje de invierno”, en lugar de “Diario”. En realidad el propio autor explicaba hace unas semanas en la presentación en la FNAC de la Castellana, en Madrid, el juego y la cercanía de estas dos palabras en inglés: journal (‘diario’) y journey (‘viaje’). Él escogió el primero para el título de su libro, aunque no renunció al valor del segundo, a la idea de viaje, que ya estaba en algún otro de sus relatos (Viaje por el scriptorium). Un viaje en esta ocasión de exploración en su memoria, del que nos ofrece una lista de recuerdos.

Paul Auster sondea y experimenta con la verdad de su vida, más que nunca: las veintiuna casas en que ha vivido, en Francia y en Estados Unidos, sus novias, su familia, sus personajes, sus historias, sus males y sus manías. Aquí no hay trampa ni cartón, el libro es radicalmente autobiográfico. Paul Auster tiene la sensación o la certeza de estar abriendo una nueva puerta a sus sesenta y cuatro años (¡es horrible decir la de la vejez!) y decide hacer recuento. No hay ficción en absoluto. Las entradas de este diario —escrito en el invierno de 2011— constituyen el relato de su vida, visto desde la extrañeza que a veces provoca en uno mismo: «Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quiénes somos, es sólo porque vivimos dentro de la mirada de los demás». En realidad, da igual lo que cuente. Paul Auster nos deja KO desde el primer asalto. Ese es su gran poder, el de la fabulación, y, como decía Pessoa, finge tan completamente que llega a fingir que es dolor el dolor que de veras siente.

Ocurre con los libros como con las cerezas. Mientras leía las páginas de este Diario, me estaba acordando de otro libro I remember / Me acuerdo, de Joe Brainard, muy del gusto de Auster. I remember es una colección de recuerdos congelados, cada uno de los cuales no ocupa más allá de dos o tres líneas y encabezados por la letanía “Me acuerdo de…”. Años después, el libro sirvió de inspiración a Je me souviens / Me acuerdo, de George Perec (aprovecho para recomendar la exposición sobre su obra que se exhibe estos días en el Círculo de Bellas Artes de Madrid). Por cierto que Perec pedía siempre a sus editores que añadieran unas páginas en blanco al final de este libro para que los lectores pudieran anotar sus personales “yomeacuerdos”. No es mala idea, al fin y al cabo esos “yomeacuerdos” personales cierran el círculo al recoger el testimonio de la pulsión que provocó la lectura del libro. Hay también un cómic a partir de esa misma idea, de la libanesa Zeina Abirached.

Para colmo del delirio del azar, Perec escribió su particular Viaje de invierno, una exquisitez publicada en España por editorial Abada. Otro Viaje de invierno es el de Franz Schubert (Winterreise), un ciclo de 24 lieder para piano y voz, a partir de la obra del mismo título de Wilhelm Müller. Es una excelente banda sonora para leer este Diario, que disfrutarán los incondicionales de Paul Auster, que somos legión.

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