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Una novela cargada de referencias culturales y artísticasCósimo de Monroy y ‘El dilema de Paola’

Cósimo de Monroy publica su primera novela. Un divertido relato que propone al lector un papel de voyeur.

No es la primera vez que Cósimo de Monroy visita nuestra casa. La primera vez lo hizo en una Agenda Secreta que, sin pretenderlo, se convirtió en una de las páginas más visitadas de ElHedonista en aquel año 2013. Más tarde, repetimos la experiencia en una famosa coctelería madrileña. La admiración por este personaje frívolo, culto y tremendamente trasgresor continúa viva hoy día y se ha visto reforazada tras la lectura su primera novela ‘El dilema de Paola’, una exquista fábula contemporánea, una breve pieza operística que como todo juego de máscaras ofrece las luces y las sombras entre las que se mueven las pasiones y pulsiones humanas.

Detrás de Cósimo, moviendo los hilos de este vividor, está Bruno Ruiz-Nicoli (Madrid,1971) que un día dejó su carrera en la empresa para estudiar Historia del Arte, dar clases en la universidad y organizar exposiciones. Los genes de los Nicoli, una familia toscana de artistas instalada en Madrid desde el XVIII, habían tomado el poder. No se sabe si como causa o efecto de aquella rebelión, nació Cósimo de Monroy, protagonista de una narrativa fugaz, hedonista y provocadora en la web Los Placeres y los Días. Los Dilemas, serie que inicia esta novela, dan un paso más en un juego que lleva a Cósimo a lanzar a sus personajes contra las cuerdas en tramas divertidas y transgresoras.

Para Bruno los libros son un objeto insustuible, un objeto a guardar y a proteger, por eso, para darle un valor añadido a la entrega, en esta primera novela ha colaborado con el ilustrador Abe the Ape (Abraham Menéndez) dando así una proyección visual al personaje. El resultado es un universo que parte del glamour de los años 50 y 60, inspirando en las obras de Robert McGinnis, uno de los creadores del imaginario del primer James Bond.

Pero queremos saber más, por eso hablamos con Bruno-que-es-Cósimo-que-es-Bruno.

– Tu primera novela, Cósimo,… ¿cuál es el punto de partida?

Cósimo es mi punto de partida. Cuando empecé a publicar online, quería transmitir contenidos sobre arte y cultura. El relato no era más que un pretexto. Buscaba huir de lo académico, así que creé a un personaje sofisticado y transgresor en el que fundí arte y vida. Mi intención era que resultase atractivo al lector. Con el tiempo, me sorprendí al descubrir que lo que enganchaba a mis seguidores eran los propios relatos. Cósimo me convirtió en escritor. La novela es una vuelta de tuerca más en ese proceso.

– Llaman la atención el gran trabajo de los diálogos que, en ocasiones, nos sitúan ante una gran obra de teatro, con decorados casi operísticos

En internet se dispone de un intervalo muy breve para mantener la atención del lector. Mi solución fue hacer mis relatos vivos, visuales, tanto en los diálogos como en la puesta en escena. No hay espacio para divagaciones. Así es como aprendí a narrar. Cuando comencé a escribir El Dilema de Paola me di cuenta de que no estaba creando una novela convencional. Por eso lo llamo “dilema”. Es breve, divertido y su ritmo es dinámico, cinematográfico, como si la protagonista llevase una cámara sobre su cabeza. Creo que el término operístico encaja muy bien con mi estilo.

– ¿Por qué la burguesía madrileña y sus mundos un punto de decadentes?

He crecido en ese ambiente y he aprendido que el éxito, tanto social como económico, esconde sombras que muchas veces no trascienden. Toda familia “bien” madrileña esconde alguna historia bizarra. Pero mi intención no es crítica. Utilizo la trasgresión para llevar al límite a los personajes. Paola, al saltarse las reglas, pierde un control que siempre había asumido como una certeza.

– ¿Nadie se libra de caer en la tentación?

(Risa) En mis novelas, no. Resultaría muy aburrido. En la vida, hay gente que se resiste y no lo hace. Forma parte de nuestra formación cristiana. Yo creo firmemente que hay que caer… al menos de vez en cuando.

– Las personaje se mueven en un juego de máscaras en el que nada parece lo que es y en el que nadie resulta fiable… ¿No se salva nadie?

Todos jugamos. Yo mismo juego a ser Cósimo. En las redes sociales construimos personajes que no son reales. Instagram es como un baile de disfraces. El problema surge cuando se asume ese disfraz y se actúa en función de lo que se espera de él, porque llega un momento en el que se rompe el espejismo. Ese es el punto que me interesa: lo que ocurre cuando caen las máscaras.

– El mundo femenino está magníficamente retratado… en detrimento de los hombres, que no salen bien parados.

La historia se vive desde los ojos de Paola. Es cierto que los hombres asumen, de cierta forma, un papel de comodín. Giran en un carrusel a su alrededor. Pero al margen de este esquema, me ha interesado jugar con la ambigüedad y el juego de roles. Paola cambia tanto en el aspecto sexual como en su actitud dependiendo de su pareja. Le gusta la figura del hombre dominante, pero acaba siendo ella la que domina sus relaciones.

– ¿El museo como refugio contra todo mal? Al menos es así en el caso de Paola.

La verdad es que no había pensado en ello. Supongo que he proyectado mis propios hábitos. Para mí, el museo es un lugar de calma. Me siento a salvo del exterior. En un museo se está a solas, pero las obras de arte siempre ofrecen un diálogo. Es una burbuja de la que siempre salgo relajado, como de una sesión de yoga.

– ¿Qué papel juega el sexo en esta novela?

En la primera versión que le di a leer a mi madre eliminé las escenas más explícitas. Cuando, al cabo de los meses, la leyó completa, me dijo que al fin había entendido la historia. “Para Paola, el sexo es muy importante”, me dijo. El comentario me hizo ver la importancia del sexo en la novela. Al margen del placer, para la protagonista es una vía de expresión y de catarsis. No se conforma con proyectar sus fantasías, las pone en práctica.

– Muy bien jugado el suspense, por cierto….

Como dice David Lynch, para contar una historia se necesitan luces, sombras y confusión. La intriga hace más intensos todos esos elementos. Me gustan las sombras del misterio, las verdades ocultas, los secretos. Es como un hilo que recorre la novela, manteniendo la tensión hasta que al final, arde.

– ¿Quiénes son tus referentes a la hora de escribir?

Mis fuentes de inspiración son más visuales que narrativas. Para esta novela me ha influido mucho imaginario de David Lynch y las películas Caché, de Haneke y Eyes Wide Shut, de Kubrick. Desde lo literario, el juego de perspectivas del El Cuarteto de Alejandría y, por supuesto, el teatro barroco español. No hay literatura sin tradición.

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