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Autora de 'La habitación de Nona'Cristina Fernández de Cubas

“La vida es la guionista más imprevisible” dice la escritora catalana en esta entrevista.

Nueve años después de su último libro de relatos (‘Parientes pobres del diablo’), Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945) regresa a un terreno que domina y que conocen sus numerosos lectores. Ese terreno propio, tejido a lo largo de una obra extensa y sólida –esa casa poblada por niños, mujeres, voces reconocibles, silencios y temores- vuelve a desbordarse en esta entrega, habitada por la inquietud y transitada por la frágil frontera entre la realidad y lo que puede llegar a serlo.

Si la muerte de su marido sumió a la narradora en un silencio prolongado, solo roto por una novela (‘La puerta entreabierta’) con el pseudónimo de Fernanda Kubbs, el lector de cuentos, y el género, celebran hoy la vuelta de esta creadora personal. Fernández Cubas nos abre hoy las puertas, algo inquietantes, de La habitación de Nona’.

El primer relato de su último libro, ‘La habitación de Nona’, provoca enorme sorpresa, una cierta desazón y, sobre todo, nos hace pensar que nada es lo que parece. ¿Nada es lo que parece?
No siempre ni tampoco en todas partes. Pero sí a veces.

¿Puede la vida ser tan sorprendente y cambiante como un relato?
¡Ya lo creo! Cuando a la vida le da por ponerse creativa es inigualable. ¡La guionista más imprevisible!

Un personaje del libro dice: “la vida está llena de espejismos”. ¿Está de acuerdo?
Sí. Pero de nuevo no siempre ni tampoco en todas partes.

El segundo relato, ‘Hablar con viejas’, causa más desazón. ¿O nos asustará diciéndonos que todo es real como la vida misma?
Afortunadamente creo que no. Es decir, lo que ocurre en “Hablar con viejas” es posible. Pero espero que no sea jamás probable.

En muchos de sus relatos los personajes ocultan algo. ¿Siempre hay que ocultar algo?
En el cuento sí. O, dicho de otro modo: el lector de relatos es un lector inteligente. No le gusta que se lo den todo digerido y machacado; entra en la propuesta y saca sus propias conclusiones. En la vida es otro cantar. Y también en algunos de mis personajes. Ocultan algo, pero ni siquiera saben que ocultan algo.

Luego usted, escritora, entra en un relato como personaje. ¿Cuánto de lo que cuenta no son cuentos?
Vida y escritura van de la mano. Muy a menudo un cuento nace de una emoción, de un recuerdo, de una experiencia vivida o soñada… Pero muy pronto se independiza. Toma su propio camino.

Ha dicho en alguna ocasión que el lector de relatos es más activo que el de novelas, pero el relato sigue siendo un género raro, ¿qué dice cuando lo llaman menor?
Pienso: ”!Bendita ignorancia!”. Porque puede ser raro, minoritario y un montón de cosas más… Pero nunca “menor”.

¿Qué autores desdicen esa supuesta pequeñez?
Siéntese porque va para largo. Empecemos por Poe, por Chejov, por Maupassant, por Emilia Pardo Bazán, por Pedro Antonio de Alarcón…. Sigamos con Borges, con Cortázar, con Gombrowicz… Y pasemos ya al aquí y al hoy (ahora, más que sentarse, debería tumbarse en un sofá): Merino, Lázaro Covadlo, Iwasaki, Félix J. Palma, Mercedes Abad, Óscar Sipán. Clara Obligado, Zarraluqui, Flavia Company, Neuman, Esquivias, Patricia Esteban Erlés, Fernando Palazuelos, Sonia Hernández… Y la lista continúa. Creo que el cuento está viviendo un momento excelente.

Se ha convertido en tendencia novelar la propia vida. ¿Se apunta a la moda?
No. Cuando escribí “Cosas que ya no existen” no novelé absolutamente nada . Era un libro de recuerdos, de una vida, si se quiere, contada “a trozos”. No le enmendé ni una coma.

En sus memorias no hay nostalgia. ¿No nos recomienda la nostalgia?
En mi primer libro de memorias, de recuerdos o de lo que fuera, no había nostalgia. No sé lo que ocurrirá con el segundo. En todo caso, jamás se me ocurriría recomendar o desaconsejar nada en algo tan personal como el recuento o evocación de la propia vida.

Desde que escribió sus memorias, ¿ha juntado material para otras?
El material está ahí, flotando en el aire. Pero creo que todavía es pronto. A lo mejor es que soy una optimista rematada y pienso vivir mil años.

¿Se atreve a explicarnos cómo han evolucionado sus relatos o eso se lo dejamos a los críticos?
Supongo que cada vez me complico más y me meto en mayores laberintos. Con una constante, eso sí: que el esfuerzo no se note demasiado y el lector me siga. Pero no me parece que sea yo quien deba valorar los resultados.

¿Le gusta decir que vive del cuento?
Todo lo contrario. El cuento del que viven muchos no tiene nada que ver con el cuento del que estamos hablando. Y si alguien puede vivir de este último, estupendo. Así debería ser para todos.

¿Qué libro nos recomienda?
“Pronto seremos felices”, la última novela de Ignacio Vidal-Folch. Un autor que,   además, es un excelente cuentista. Les recomiendo de paso “Noche sobre noche”.

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