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Una reflexión que nos recuerda que el mundo es, a la vez, alegría y caos.Dolor y belleza en Mario Benedetti

El poeta Carlos Vega reflexiona sobre su relación con el escritor Mario Benedetti.

Cuando leo a Mario Benedetti, me transporta a momentos puros, a veces a su cama, a veces a su oficina, otras a su interior para recordarme que el mundo es, a la vez, alegría y caos.
Quiero contar una historia sobre el dolor y la poesía, sobre la belleza que tímida se esconde en la casualidad y en la sombra de los pequeños detalles. Quiero compartir mi historia con Mario Benedetti.

Conocí a Mario en uno de mis viajes hacia la introspección, no recuerdo la fecha exacta pero recuerdo el frío que trababa mis huesos como si fueran un muñeco de vudú al que siempre le sobran huecos para clavar alfileres. También recuerdo que amanecía tarde y la luz estaba a media jornada, así que la oscuridad era entonces la vigía de mis días. Mario Benedetti actuaba en una película llamada ‘El lado oscuro del corazón’, título que casi vino a llamar a mi puerta. En esta película recitan los actores un poemario bien cuidado y cálido, aunque también destructivo y de herida abierta, en el que uno mismo podía casi oler el humo y la barra de madera húmeda por las copas y las lágrimas de las almas que se pierden en un bar.

Me empecé a encontrar cómodo así que puse mis cinco sentidos en el film, escribiendo y buscando cada poema que se recitaba, hasta que en una escena, un viejecito al que en los ojos le bailaba la vida un tango de alegría y dolor, recitaba en otro idioma un poema, que en la película venía subtitulado. Tuve que parar, algo se congeló en mí, busqué información y era Mario Benedetti, recitando su poema ‘Corazón, Coraza. Terminé la película y noté que mis heridas se metían en su cama de formol, que algo me curaba. La quemazón que entonces me carcomía el pecho era ahora una ola indómita de inspiración que quería desembocar a la orilla de un folio virgen.

Seguramente os preguntéis: ¿Por qué nos cuenta esta historia personal? ¿A quién le importa la anécdota sin sentido de un escritor que, malamente, intenta escribir sobre Benedetti? Incluso yo, mientras escribo me lo he preguntado.

Hay una respuesta.

La poesía es eso, es una historia personal, es una anécdota, a veces sin sentido, que un escritor, malamente, intenta describir como la siente. A veces esta poesía logra vestirse con todos los reflejos del pecho de quién la escribe. La perfección es una anécdota y dura un momento y, en ocasiones, hay quien sabe cogerla a tiempo y ponerla en un papel. Es la mejor manera de mantener a la perfección eterna.

Mario Benedetti tiene ese don.

Tras esa película quise tener una relación íntima con él. Mario me ha contado su vida a través de sus riquísimas novelas, poemas y ensayos. A veces, quedamos a tomar café y me recuerda que el amor verdadero existe, leo en cada coma al amor de su vida, Luz, con la que compartió seis décadas. Otras veces quedamos en una simulación de teatro griego que hay en la ciudad donde muero y hablamos horas y horas sobre las revoluciones populares, los exilios que ha sufrido por el simple hecho de querer proteger a la justicia, que desde siempre ha sido ciega y violada.

Compartimos Uruguay, Cuba, Perú, Madrid…

En ocasiones, después de quedar con él, mientras saboreo el caramelo que deja pegado en mi paladar de vuelta a casa, este se vuelve reversible de sabor, amargo y dulce… Recuerdo las historias que me cuenta de su marcha de Uruguay por sus ideales tras el golpe de estado, dejando allí a Luz a cargo de sus dos madres. Izó las velas y su barco le llevó a Buenos Aires, donde el acento le camuflaba, pero le delataba su revolución interna. Perú le trató como la bacteria trata al virus y, tras ser detenido, fue expulsado y no pudo volver. En Cuba parecía encajar pero de lejos, tras el gran azul, la amante que nunca duerme le llamaba, ¿Quién puede decir que no al abrazo espinoso de Madrid? Le supongo dolorido entonces, tras diez años sin tener mucho contacto con Luz. Al menos, Uruguay le volvió a reconocer como hijo legítimo para dejarle descansar sobre la bandera que le vio nacer y que coció al baño María esa rebeldía por lo humano.

Yo le hablo de admiración y él me responde humildemente con su sencillez, la sencillez de la que involuntariamente presumen en su poemario.

Espero que muchos hayáis leído a Mario Benedetti y estéis de acuerdo conmigo. También soy consciente de que muchos otros podrán reclamarme que debería quitarme las legañas de la idolatría por él, pero dejadme que os muestre la ventana que da a mi punto de vista sobre la poesía.

Leo a muchos poetas por el hecho de querer seguir enriqueciéndome, pues yo también escribo poesía. Cuando la vida se pone caprichosa y, como un niño enrabietado, empieza a tirarme arena a la felicidad, necesito leer y escribir.

Leo a Bukowski cuando quiero que la saliva que trago escueza, cuando quiero mantener vivo el dolor para recordarme que sigo siendo humano, pero este es un camino de una sola salida, árida y destructiva.

Leo a Lorca cuando quiero disfrutar de la estética, cuando se me eriza el pelo porque el sol ha traído el flamenco y las flores a mi balcón y quiero entonces regar al mundo con la belleza explícita de la palabra vestida de punta en blanco.

Pero cuando un amigo me pregunta ¿Quién es tu poeta favorito?, debo responder tres veces Mario Benedetti por infinitas razones. En su poema hay veracidad y hundimiento, dolor y belleza, rebeldía y caricias. Cuando leo a Mario Benedetti, me transporta a momentos puros, a veces a su cama, a veces a su oficina, otras a su interior para recordarme, que el mundo es a la vez alegría y caos y sobre todo

Mucha poesía.

*Carlos Vega es poeta

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