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El escritor no deja científico con cabeza¿Qué diablos es eso del lenguaje?

El último ensayo que escribió Tom Wolfe, titulado «El reino del lenguaje», se lee de un tirón y con la sonrisa en la boca.

Los científicos han conseguido secuenciar el genoma humano, la inteligencia artificial hace mejor que nadie nuestro trabajo, la NASA se pasea por el espacio con más facilidad que un conductor por la M-30… y, sin embargo, seguimos sin saber qué es eso del lenguaje. Una capacidad que, según Tom Wolfe, constituye el 95 % de lo que eleva al ser humano por encima del animal.

La teoría de la evolución de las especies de Darwin cojea en el asunto del lenguaje humano. Muchos animales tienen formas de comunicación vocal y, en algunos casos, bastante complejas, pero no existe nada parecido a la capacidad suprema del lenguaje humano.

Darwin sostenía que el origen de nuestro lenguaje estaba en el canto de los pájaros, un sonido que habíamos empezado a imitar millones de años atrás. Como eso hacía agua por todas partes, al naturalista le llevaron la contraria unos cuantos coetáneos, que se enredaron en tratar de encontrarle al lenguaje una explicación alternativa a su teoría del todo. El asunto ha tenido perplejos a todos los científicos de todas las épocas, al menos a los que han tenido la valentía de no obviarlo.

El reino del lenguaje se lee de un tirón y tiene la ventaja de ser breve, algo siempre digno de elogio. Lo disfrutarán los amantes de la prosa wolfeana, audaz, ocurrente y cargada de buen humor, pero mucho más los apasionados de la lengua.

Wolfe, especialista en meterse en charcos, escribió este interesante ensayo poco antes de morir para reírse de Darwin, hacer un recorrido por las teorías de memorables lingüistas como Morris Swadesh, rebatir a naturalistas, despreciar a genetistas… y acabar machacando al que llama «Noam Carisma», o sea, al mismísimo Chomsky.

A Chomsky no le ha tenido que gustar El reino del lenguaje. Se consolará con que él sigue vivo y Wolfe no, pero seguro que este libro le duele, especialmente cuando el brillante y divertido escritor hace mofa de su «descubrimiento» estrella: el órgano del lenguaje.

Tom Wolfe, el gran provocador

Wolfe era un tipo al que no le importaba lo más mínimo llamar la atención, de lo contrario no habría vestido con sus característicos trajes blancos, y tampoco se habría burlado de un intocable a quien nadie se ha atrevido nunca a tomarse a broma.

La descripción de la personalidad de Chomsky y la refutación de sus teorías lingüísticas es demoledora. En lo personal se basta él solo para ridiculizarle, pero en lo científico se apoya en los estudios del catedrático de lingüística Daniel L. Everett. Este reconocido profesor, con una vida estrambótica, convivió treinta años con una tribu del Amazonas y lo ha contado en un interesantísimo libro, No duermas, hay serpientes. Sus estudios han hecho trizas la gramática universal, la estructura profunda y el dispositivo de adquisición del lenguaje, atributos supuestamente comunes a todas las lenguas, según Chomsky.

La idea final es que el lenguaje humano no es fruto de la evolución de nada. Es decir, al terminar de leer este ensayo nos quedamos con las mismas preguntas que al principio: no tenemos ni idea de qué diablos es eso del lenguaje. Pero aun sin respuestas, el camino se disfruta. Wolfe no era un gran novelista, pero sí fue un brillante periodista que sabía escribir con chispa, divertido, ameno, capaz de hacer malabares con las palabras y jugar con las oraciones. A este maestro del lenguaje ninguna hipótesis sobre su origen le satisfizo. Por eso concluye: «Decir que el hombre ha evolucionado a partir de los animales es como decir que el David de Miguel Ángel ha evolucionado a partir del mármol de Carrara». Puro Wolfe, genial.


Título: El reino del lenguaje
Autor: Tom Wolfe
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Editorial: Anagrama
N.º de páginas: 184
P.V.P. en papel: 17,90 €

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