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Humor, amor y crítica social

Juan Vilá acaba de publicar su tercera novela. 'Señorita google' es imprescindible.

Licenciado en Filosofía y periodista freelance de profesión, Juan Vilá es una de las voces narrativas más prometedoras del actual panorama literario español. Señorita google (ed. Jot Down Books), su tercera novela, es una historia de amor, soledades y empresas tecnológicas con un humor ácido y un trasfondo crítico que no están pensados para complacer.

Admirador de Fogwill y Gordon Lish –“me interesan mucho por su capacidad de ser muy inteligentes, muy bocazas y muy retorcidos”- escribe con intención de que el lector sienta que ha vivido una experiencia que ha valido la pena. Algo que sucede tanto en esta última novela suya como en M o El sí de los perros, ambas editadas por Piel de Zapa.

¿Cómo nace Señorita google?
Quería escribir una historia sobre el amor en la actualidad o sobre lo difícil que resulta. Y quería que el dinero y las cuestiones materiales estuvieran muy presentes, plantear temas cómo hasta qué punto el status social de alguien determina nuestra forma de verle o si es verdad eso de que cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana.

La idea inicial y el resultado final ¿casan bien?
La idea inicial era muy vaga, así que todo lo que surgió después fue una pequeña sorpresa. Al final, lo mejor, lo que más te gusta cuando escribes, son todas esas cosas con las que no contabas y que de repente aparecen.

En la novela hay amor, actualidad, crítica social… ¿Con qué te quedas? ¿Dónde te sientes más cómodo?
Con la mezcla de todas esas cosas. El cóctel yo creo que funciona.

Élites tecnológicas, dinero, status, precariedad, nuevo proletariado del intelecto…  ¿pretendías situarnos ante el modelo social que viene en este siglo XXI…?
Esa es la parte del dinero en la novela. Me interesaba hablar de cómo Internet está contribuyendo a construir un mundo cada vez más desigual: por un lado destruye o precariza millones de empleos y sectores enteros, y por otro crea gigantescas empresas con un poder inmenso sobre nuestras vidas: dependemos de ellas para todo, han modificado nuestra forma de pensar y de relacionarnos, saben hasta el menor detalle sobre nosotros, no pagan a penas impuestos y en muchos sentidos actúan como si estuvieran por encima del bien y del mal. Y esta situación va a ir a peor en los próximos años, cada vez más sectores van a verse afectados. Hay estudios muy citados que aseguran que el 47% de los trabajos actuales podrían desaparecer de aquí a 20 años.

Hablando de ciertos espacios de trabajo de ciertas empresas tecnológicas los calificas como “… mezcla de campo de concentración y parque temático”. ¿Qué te lleva a esta reflexión?
Me refiero a esas oficinas en las que los trabajadores tienen unos privilegios muy extraños y casi infantiles: todo tipos de comida gratis a cualquier hora del día, futbolines, videoconsolas, sofás de colores para descansar, etc. El otro día hablaba con alguien que había estado en la sede central de Google y me decía muy extrañado que a él le había parecido una inmensa guardería. Esa sería la parte del parque temático. La del campo de concentración tendría que ver con todo lo que eso oculta: las jornadas interminables de trabajo, los altísimos niveles de exigencia o los acuerdos entre distintas empresas de este sector para no “robarse” los empleados las unas a las otras. Es un caso similar al de las trabajadoras a las que les ofrecen congelar los óvulos para retrasar la maternidad. Me parece paradógico que los dos espacios que mejor han representado el siglo XX, los campos de concentración y los parques temáticos, hayan acabado fusionándose en las empresas más punteras del XXI.

La entrada de la señora y el señor Brin en la historia del narrador y la Señorita google ¿qué busca?
Todo surgió de un bloqueo: llegó un momento en el que no sabía cómo seguir con Señorita google, y mientras yo intentaba hablar de las dificultades del amor y de las nuevas élites tecnológicas, el cofundador de Google se estaba separando en la vida real. Incluir esa historia en la novela suponía profundizar en esos dos temas y ofrecer una perspectiva distinta de ellos. También tiene algo de venganza o de ajuste de cuentas: permite al bufón, mi desastroso protagonista, burlarse de ese nuevo rey Midas y fantasear con sus miserias.

Alcanzar la inmortalidad… ¿Es real lo que cuentas sobre la isla Musha Cay o ha sido una licencia?
La isla pertenece al ilusionista David Copperfield y, según él, sus aguas garantizan la eterna juventud. O, al menos, ayudan a conseguirla. Cuentan Forbes, Wikipedia y mil fuentes más que Sergey Brin se casó allí. Un dato que encaja muy bien con su obsesión y la de otros magnates tecnológicos por alcanzar la inmortalidad. Google, de hecho, presentó en 2013, mientras yo acababa la novela, una empresa de biotecnología llamada Calico y cuyo objetivo es justo ese: prolongar la vida y luchar contra el envejecimiento.

…Y de trasfondo historias de sentimientos, soledad, de búsqueda… ¿Escriba lo que escriba Juan Vilá siempre hay un filosofo detrás?
Lo de filósofo suena excesivo, pero los libros que a mí más me interesan, y los que aspiro a escribir, son esos que te aportan algo, aunque sólo sea una idea, los que en mitad de todo el ruido y la furia nos cambian y enriquecen nuestra forma de ver el mundo. No hablo de grandes terremotos internos, pero sí de sentir, al terminar el libro, que algo ha pasado, que te ha dejado algún tipo de huella, que la experiencia ha merecido la pena.

¿Dirías que ”todo es una gran mentira”?
La frase se refiere a la insatisfacción del personaje femenino con su vida y con un trabajo muy bien pagado pero que no le aporta nada. Esa es la paradoja: él envidia el status de ella y ella envidia la libertad de él. Supongo que nadie se conforma con lo que tiene y que todos buscamos siempre algo más, pero si nos dieran la oportunidad de cambiar, ¿de verdad estaríamos dispuesto a aceptarla? Ese es otro de los temas que plantea la novela.

Creo que has investigado mucho para entrar en materia ¿no? ¿Hay incluso un artículo tuyo con todo el material hallado para documentarte?
Cuanto más leía sobre internet y desigualdad, las amenazas que suponen las gigantescas empresas tecnológicas o el futuro del trabajo, más cosas iba encontrando. La mayoría de ellas se quedaron fuera de Señorita google pero están ahí, en la base de la novela.  Espero, a lo largo de diciembre, escribir algo con todo eso y que lo publique Jot Down en su web.

Es tu tercera novela. Como escritor ¿Señorita google te ha aportado algo diferente a las dos primeras?
Quizá ésta sea la novela que más me ha costado y eso que es la más corta. Las lecciones pueden ser dos. La primera es que nunca te puedes confiar. La segunda es que quizá, a medida que más avanzas, más difícil resulta todo.

¿Cuál es la última novela que te has leído?
Mi último deslumbramiento ha sido con Los enamorados, de Alfred Hayes, otra novela corta que habla de amor y de dinero pero en este caso en el Nueva York de los años 50. Nunca había leído un libro que fuera tan elegante y tan descarnado al mismo tiempo.

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