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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Sus obras se han traducido a una treintena de idiomas.Isabel Allende y “El amante japonés”

“Mi plato preferido es el que comparto con un enamorado” comenta la autora peruana en esta entrevista.

En 1982 sorprendió al mundo con ‘La casa de los espíritus’. Desde entonces, Isabel Allende (Lima, 1942) no ha dejado de escribir. Una de las autoras más populares en lengua española, sus obras se han traducido a una treintena de idiomas.

Acaba de publicar novela, ‘El amante japonés’, una historia de amor, memoria y vida que transcurre en una residencia de ancianos en California.

– En general su obra surge de experiencias personales, de emociones intensas, de momentos concretos. ¿Y El amante japonés?
Supongo que el tema de amor y de la vejez están muy presentes para mí actualmente. Mis padres tienen 99 y 95 años respectivamente y estoy rodeada de amistades que han cumplido 70. Estoy en el umbral de una nueva etapa de mi vida y la contemplo con curiosidad.

– No escribe guiones ni traza planes para sus novelas, sin embargo, esta obra resulta muy estructurada. ¿Ha cambiado o solo lo parece?
Creo que sólo lo parece, porque en realidad cuando la comencé sólo sabía que sería la historia de amor de una mujer con un jardinero japonés, pero no se me había ocurrido que la mujer sería una anciana en una casa de reposo recordando el pasado. La estructura de mis libros se va dando sola, de acuerdo a las exigencias de la historia. Cada libro tiene su tono, su ritmo, su manera de ser contado, pero para mí no es una decisión consciente; me guía el instinto.

– Su libro nos recuerda, nos lleva, a guetos en Polonia, a campos de concentración para japoneses en Estados Unidos, a mafias de prostitución… cómo es el mundo, ¿no?
En el mundo suceden atrocidades constantemente pero también hay belleza, lealtad, amor e idealismo. Como escritora debo plasmar la luz y la sombra de la existencia. El interés de cada historia está en los contrastes.

– Dice: “Esas historias que los ancianos repetían para acomodar el pasado y crear una imagen aceptable de sí mismos…”. ¿Eso, ese acomodo, es la vida?
La memoria es caprichosa y subjetiva. Un ejemplo. En este momento estoy poniendo en orden cronológico las cartas de mi madre. Nos hemos escrito todos los días por treinta años; tengo un closet lleno de cajas con las cartas separadas por año, pero no están por fechas dentro de esas cajas. Como deseo preservarlas, las estoy ordenando, y ante mi sorpresa, veo que muchas cosas que recuerdo de cierto modo, sucedieron de un modo muy diferente. Hay gente, lugares y situaciones que no recuerdo para nada. He ido acomodando mi memoria para crear la leyenda de mi propia vida y creo que, de una u otra manera, todos hacemos lo mismo, especialmente en las horas ociosas y solitarias de la vejez.

– En la novela se respira la muerte. La atmósfera que crea para contar algo sin hacerlo de forma explícita –del mismo modo que hace en sus libros con el sexo y la violencia- nos lleva esta vez a la despedida, a “despojarse de los adornos y arreos”. ¿Es fácil despojarse?
Tal vez para alguna gente no es fácil despojarse de los arreos, pero resulta inevitable, porque al acercarnos a la muerte es obvio que no podemos llevar nada con nosotros. Venimos al mundo desnudos y así nos vamos. La claridad mental y el trabajo espiritual nos ayudan a comprender y aceptar con alegría el desprendimiento. A lo largo de la vida perdemos todo: lugares, personas, mascotas, recuerdos, objetos y, por último, perdemos el cuerpo para que el espíritu vuele libremente.

– Un personaje: “Mi primera vida terminó, comienza la segunda”. Hace años le escuché a usted un pensamiento parecido, aunque no fue debido a la edad. ¿Cómo es esta segunda vida?
Para mí empieza la tercera vida. La primera terminó cuando murió mi hija Paula, el año en que cumplí 50 años. La segunda terminó hace poco, cuando me separé de mi marido después de 27 años de matrimonio, y ahora comienza la tercera. Contemplo esta etapa con mucha curiosidad, con el corazón abierto y sin temor.

– Luego vino Afrodita. ¿Fue terapia, reacción…?
Reacción. Después que murió mi hija pasé por un período largo completamente seca por dentro, bloqueada, sin inspiración. Entonces me acordé que fui periodista y si me dan una tarea y tiempo para investigar, puedo escribir sobre casi cualquier cosa (menos deporte y política). Comprendí que debía alejarme de la muerte, del duelo y del dolor; me di la tarea de escribir sobre lo opuesto: el placer. Afrodita es un libro sobre la gula y la lujuria.

– No se puede vivir sin placer, ¿o sí?
Mucha gente vive sin placer, algunos porque la vida los golpea demasiado y otros por temperamento o por elección. Conozco personas que teniendo todo lo necesario para una vida placentera andan siempre amargados; también conozco algunos que por razones religiosas, psicológicas o por formación viven castigándose.

– ¿La comida puede salvarnos?
Salvarnos ¿de qué? A nivel primario, la comida es indispensable para sobrevivir. A nivel social y humano puede y debe ser una fiesta. En torno a la comida hacemos amigos, celebramos, nos consolamos.

– ¿Erotismo y cocina son casi sinónimos?
La cocina puede ser muy erótica, como cualquiera que haya partido un tomate maduro y unas hojas de albahaca fresca lo sabe. Y creo que en general el erotismo o la sensualidad incluyen el regalo prodigioso de la comida y el vino.

– ¿Le gusta cocinar o que cocinen para usted?
Me gusta cocinar para los amigos y que los amigos cocinen para mí.

– ¿Ha cambiado su gusto tras tanto tiempo de residencia en Estados Unidos?
Mis gustos se han simplificado con la edad, más que con mi residencia en los Estados Unidos. Antes apreciaba los platos sofisticados, las salsas, los aliños, el picante. Ahora prefiero las verduras y frutas en estado natural, los platos sencillos y la cocina mediterránea.

– ¿Cuál es su plato –confesable- preferido?
¿Confesable? ¡Vaya qué pregunta! Mi plato preferido es siempre el que comparto con un enamorado.

– ¿Qué plato prepararía para un amor perdido?
Ninguno. ¿Por qué voy a cocinar para un tonto que se fue?

– ¿Y para un amor por llegar?
Si ese amor no es vegetariano, prepararía un plato de mariscos frescos surtidos con una ensalada verde y vino blanco.

– ¿Y para un amor eterno?
¡Ay! ¡Cómo quisiera tener un amor eterno! Le prepararía – cantando – todo lo que deseara.

– Hablaba del periodismo. ¿Le queda algo de la periodista que fue?
El periodismo me enseñó a escribir con disciplina, a investigar los temas, a conducir una entrevista, a utilizar el lenguaje en forma efectiva y a tener en cuenta que existen lectores. El periodista no escribe para sí mismo, escribe para comunicar. No olvido esa lección en mi oficio de escritora.

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