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“La literatura nace de la literatura, no de la vida”

Entrevistamos a Pablo d’Ors, autor de ‘Contra la juventud’.

Pablo d’Ors (Madrid, 1963), es autor de novela, relato y ensayo; el más conocido, la Biografía del silencio (Siruela), ha alcanzado su décima segunda edición. Galaxia Gutenberg acaba de presentar su última novela, ‘Contra la juventud’, una obra ambientada en Praga que trata de los errores y frustraciones de Eugen Salmann, o de cualquier persona, en los años que llevan a la madurez.

Antes de viajar a Praga con su última novela me fui a conocer las Andanzas del impresor Zollinger’. Me llama la atención que tanto usted como los críticos hablen de la influencia de Kafka y Kundera y no citen a Bohumil Hrabal y sus Trenes rigurosamente vigilados’, cuyo eco resuena mucho más que esos escritores en la vida del Zollinger ferroviario.
Todo lo que no es tradición es plagio, dijo mi abuelo (Eugenio d’Ors) y yo lo suscribo. Escribir es insertarse en una tradición literaria, nadie nace de la nada, y yo tuve la suerte de beber de la cepa de la literatura centroeuropea. Kafka, Kundera, Hesse, Zweig, Mann… son mi patria literaria. La literatura nace de la literatura, no de la vida; yo he querido ser escritor leyendo a estos autores y la literatura es la otra cara de la lectura.
Detrás de ‘Andanzas…’ está sobre todo Stefan Zweig y ‘Los ojos del hermano eterno’, que es una parábola, una novela de formación. Zollinger no estaba en la literatura y yo lo creé, porque no es una novela picaresca si no de formación, no es una obra donde el hombre bueno sea un tonto, que es lo que suele pasar, sino alguien lúcidamente ingenuo.

– ¿En qué le han influido Kafka y Kundera?
Kafka es para mí el icono del escritor, quien vive la literatura como una religión, se entrega a ella y es sacrificado en ese altar. A Kundera lo descubrí de joven y me ha ayudado muchísimo en el oficio de narrador: él entiende la literatura, más que como un ejercicio de estilo, como un ejercicio de composición, como una estructura, como un juego de espejos; su visión del arte de la novela me ha configurado mucho porque yo también entiendo que la novela es un ejercicio narrativo con un ego imaginario. La novela nace con la modernidad y es la epopeya de un sujeto. Este es el tema de la novela en general y de ‘Contra la juventud’.

– Zollinger es ingenuo, un personaje bondadoso, un carácter que usted ha reivindicado con frecuencia. Sin embargo el joven Eugen Salmann, el protagonista de ‘Contra la juventud’, es una mala persona.
Eugen no es tan ingenuo ni bondadoso pero no es una mala persona sino un hombre joven. Por eso contra la juventud, porque la juventud es época de ensayos: un joven busca y en esas búsquedas juveniles y, por tanto egocéntricas, se cometen errores. Eugen se deja arrastrar por las circunstancias. El noventa y nueve por ciento de la literatura es de la oscuridad y yo soy un escritor de la luz, pero eso no significa que haga caso omiso a las sombras, de otro modo sería una literatura utópica.

– ¿Esto supone una ruptura en su obra?
Tras tres libros muy luminosos, mi alma necesitaba reconocer que las sombras también tienen su espacio. Es justo hablar de ambas cosas. En la novela se habla de cómo, atravesando las sombras, se llega a la luz; es un canto a las bofetadas de la vida y a las caricias. El narrador que ve con profundidad ve ambas cosas, porque la vida no es solo cielo, también es infierno; por eso concibo la literatura como un ejercicio espiritual.

– Perdone la interrupción, ¿existe el infierno?
Existe el mal, sí, es indudable; que a eso lo llamemos infierno o tinieblas es una cuestión terminológica. Volviendo al libro, la novela deja a este personaje en una pista de despegue, muy destruido, pero con la posibilidad de empezar una nueva vida.
Quiero relacionar esto con lo que hablábamos de Kundera. Hoy no hay contraportada de novela en la que no se diga que el autor presenta una visión lúcida y despiadada del hombre contemporáneo, lo que significa que asociamos ser lúcido a ser despiadado, lo que es un error.

– ¿Hay que ser más fiel a los maestros que a los autores de hoy?
Yo soy fiel a mis maestros, pero no una réplica. En mis novelas se ve compasión, que puede ser una característica de mi literatura frente a la de una buena parte de los escritores; yo miro con benevolencia y compasión a los personajes.

– ¿Coetzee, por citar un nombre, no quiere a sus personajes?
Me da esa sensación.

– ¿Se puede escribir sin querer a los personajes?
El odio es una fuerza, la venganza es un motor que moviliza para la acción y puede que también para la creación. Decía Flaubert que con buenos sentimientos no se puede hacer literatura, lo que me parece una solemne estupidez. Hacen falta sentimientos para escribir, buenos o malos.

– ¿Por qué manifestarse contra la juventud?
Es una etapa en la que sufres mucho porque no tienes la identidad clara, la estás buscando; no eres, juegas a ser, y esos juegos con la vida son peligrosos. Puedes llamar amor a una relación con una persona y estarla manipulando, por poner un ejemplo.

– Tal vez la juventud solo sea un camino o, como decía Wilde, esa enfermedad que se cura con el tiempo.
Sí, estoy de acuerdo. Nuestra existencia es errática, forma parte del paisaje de la libertad y la libertad no es sólo la posibilidad de elegir, sino el acto por el que elegimos. En eso hay éxitos y fracasos. Aunque depende del individuo, en la juventud abundan más lo errores que los aciertos. Es igual que la experiencia literaria: la experiencia del escritor es principalmente la del fracaso, casi todo lo que escribes es malo y solo una pequeña parte es decente, y esa es la que publicas.

– Cada vez más la propia vida se cuela en las novelas, o cada vez más se hace sin disimulo. Antes era pecado preguntar si algo escrito era un reflejo de lo vivido. No se lo preguntaré pero esta obra parece más personal que otras suyas.
Todas lo son. Mis libros no son autobiográficos sino autoficticios.

– En este libro, supongo que conscientemente, la estructura en tres partes está a la vista, y cada parte responde a un concepto.
Este libro trata de tres temas: la poética, la erótica y mística, que son los temas de mi obra y de la vida. Con respecto a la poética, toda escritura interesante supone una reflexión sobre la escritura misma y sobre el oficio de escribir. El erotismo y la mística están atravesados por la misma pasión, que es la unidad. En un caso, la unidad de los cuerpos; en el otro, la del espíritu. Toda novela es un canto a la fractura en la que vivimos y a la nostalgia de la unidad.

– ¿Y con respecto a esa estructura tan marcada?
Todos mis libros tienen una estructura, a veces es más visible y a veces, menos.

– ¿La ‘Biografía del silencio’ es su mayor alegría?
Hace 14 años empecé a leer a Hermann Hesse. Mi obra guarda afinidad con la suya, pues en todos sus libros hay también esa dialéctica entre la carne y el espíritu, que yo presento en los míos. Hesse dedicó los últimos años a escribir a sus lectores y a mí me está pasando algo parecido con los míos, en el sentido que muchos lectores de “Biografía del silencio” me escriben para contarme sus problemas y para que les enseñe a meditar. Es maravilloso que la escritura trascienda lo libresco y pase a lo personal; es un milagro; en ese sentido sí que diría que la “Biografía del silencio” ha sido mi mayor alegría literaria.

– En la ‘Biografía…’ dice que se ha enamorado de demasiadas mujeres. Pensaba que los sacerdotes no se dedicaban a esos menesteres.
Un sacerdote, antes de ser sacerdote, es una persona, y todas las personas que tienen el corazón en su sitio, se enamoran.

– Dice también que ha vivido en demasiados países y leído demasiados libros. Pero más tarde escribe que quiere leer más y conocer más países. ¿No es eso es una contradicción?
Las posibilidades para construir nuestra existencia, nuestra identidad, son la suma y la resta. A los 40 se suele pasar por una crisis en la que uno se da cuenta de que la suma es un camino sin fin y, probablemente, poco fructuoso. Comienza entonces la experiencia de la resta, de ir quitando lo anecdótico para llegar a lo esencial. Se comprende entonces que no se trata de construir una identidad, sino de descubrirla.

 – ¿Opta por la vida simple?
La complejidad está sobrevalorada, tiene un prestigio absurdo, se elogian libros que no gustan a nadie. La necesidad primordial del ser humano es la simplicidad.

– De joven quiso triunfar como escritor. ¿Ya no quiere?
Uno escribe para comunicar, no creo en la escritura para uno mismo. El deseo de dar fruto está bien, que un libro llegue a cuantas más personas mejor puede vivirse sin ansiedad. De lo contrario se trata de una carrera sin meta. Yo me encuentro ahora en un momento de plenitud en el que siento que el reconocimiento que mis libros están teniendo es un auténtico regalo.

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