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La revolución gustativa

A la manera de la novela picaresca clásica, el narrador nos cuenta su entretenida existencia.

Jon Courtenay Grimwood, habitual de la literatura fantástica y de ciencia-ficción, firma ahora como Jonathan Grimwood la novela El último banquete, con la que rompe no solo con su género habitual, sino también con algunas de las convenciones que encontramos en la ficción histórica de nuestros días. Por un lado, no asfixia la narración con una investigación minuciosa hasta el más pequeño detalle, con la consabida intención de asombrar al lector ante una puntillista reconstrucción de época –aunque hay un curioso episodio en el que se nos explica cómo se fabricaban los primeros condones–; por otro, el protagonista, el huérfano Jean-Marie, a pesar de su interés por la cocina, digamos, exótica, tampoco nos es presentado como un obseso psicótico –como sucedía con Jean-Baptiste, el protagonista de El perfume de Patrick Süskind, con respecto a su afición a los aromas, por poner un ejemplo.

A la manera de la novela picaresca clásica, asistimos a un recuento en primera persona de la vida de su narrador, aderezado con breves apartes donde comparte sus peculiares recetas culinarias, desde comienzos del siglo XVIII en la ya convulsa Francia prerrevolucionaria: su educación, sus amistades, sus primeros amores, su vida familiar, sus coqueteos con la cocina más experimental, mezclada con un erotismo de lo más científico, y también, sin proponérselo, con la política. Hay lugar también para los personajes históricos: mantiene correspondencia con los enciclopedistas; en sus temidas visitas a Versalles se codea con el futuro Luis XVI; recibe en su castillo la visita de Benjamin Franklin, y vive un desencuentro con el independentista corso Pasquale Paoli.

Bien es cierto que la elegante frialdad con que narra su vida puede hacernos mantener cierta distancia con su protagonista… pero es algo que sucede solo al principio. A medida que vamos adentrándonos en sus páginas nos involucramos más y más en su historia, de manera tal que acabamos hipnotizados sin darnos cuenta. Sus últimas páginas, donde el protagonista demuestra un sentido de la justicia tan asombroso como irrenunciablemente equitativo hacia el gran amor de su vida –como él mismo reconocerá–, son de las que dejan poso, convirtiendo El último banquete en una lectura inolvidable.

Una respuesta a La revolución gustativa

  1. Pablo Peralada dijo:

    Curioso como de la literatura fantástica puede pasar a una novela más ‘ortodoxa’.
    Pero tal y como es la crítica dan ganas de ponerse a leerla ya.

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