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La intensidad de la buena literaturaOrgullo y prejuicio. Parece que no, pero sí

En el bicentenario de la muerte de Jane Austen

En 2017 se han cumplido 200 años de la muerte de Jane Austen, y aunque los clásicos como ella nunca deberían ausentarse de nuestras bibliotecas, el bicentenario es un buen pretexto para leer sus novelas.

O releerlas. Porque Jane Austen ha formado parte de las lecturas de adolescentes, chicas generalmente, que a los chicos de antes no se les permitía más sentimiento que el ardor guerrero. Pero a unos y a otras les sonarán sus novelas más conocidas como Orgullo y prejuicio o Sentido y sensibilidad, de las que se han hecho películas con más o menos azúcar. Es el problema que tiene hablar de amor, que está a un paso de la cursilería. Aunque no es el caso de la escritora. Con Austen no se trata de reivindicar lo cursi, que ya lo hizo antes que nadie Gómez de la Serna, sino la novela romántica de calidad: las suyas están entre esas que tanto bien nos han hecho, junto con las de Goethe, Dumas, Flaubert.

Jane Austen tuvo una buena familia. Se llevaba bien con sus padres y sus siete hermanos; en especial con su única hermana y mejor amiga, Cassandra. Debían de ser personas instruidas y educadas que no dudaron en apoyar la rareza de que una mujer se dedicara a la literatura. Incluso la ayudaron a publicar, sobre todo el padre. Probablemente fue así porque eran grandes lectores de novelas «y no se avergonzaban de serlo», como escribía Austen en 1798.

La literatura de Jane Austen es como presuponemos que fue su vida: reflexiva, observadora, correcta. El bienestar personal también se refleja. No ocurren grandes aventuras. Pero los sentimientos son expuestos con precisión matemática, sin excesos. Austen describe el comportamiento de las personas sin necesidad de adjetivos.

El libro de Orgullo y prejuicio

Visto por fuera, el libro que Alianza Editorial ha publicado, es hermoso: un volumen conmemorativo del bicentenario, con las ilustraciones que hizo Hugh Thomson para la edición de 1894; tapa dura, sobrecubierta, guardas azules, cinta de registro… y, lo mejor, la traducción de Orgullo y prejuicio es del premiado José Luis López Muñoz.

En estos tiempos que corren parece extraño leer una historia en la que sus protagonistas no dan ni golpe, pasan un mes invitados en las propiedades de un amigo rico y otro en la mansión de un familiar de postín, tienen un baile aquí y una cena allá, tocan el piano, bordan, montan a caballo y pasean por hermosos bosques a cualquier hora de la mañana y de la tarde. Más o menos, este es el escenario de Orgullo y prejuicio.

Entre las grandes preocupaciones de la sociedad británica de finales del XVIII y principios del XIX estaba la de casarse. El matrimonio tenía un precio. Las mujeres estaban excluidas de la herencia familiar y se consideraba que debían aportar una dote para compensar su menor valor económico. Las que tenían mejor dotación podían aspirar a conseguirse un marido con más patrimonio.

Por otro lado, los hombres estaban obligados a garantizar el mantenimiento de la mujer y, a menudo, el de sus suegros y otras cuñadas, mediante una renta anual.

Así que la vida no era fácil para nadie, pero mucho menos para las mujeres, empujadas a encontrar un buen partido para casarse y dispuestas a poner la zancadilla a otras mujeres con idénticos objetivos. Esto mismo sigue ocurriendo en países en desarrollo: a quienes no tienen posibilidades de acceder a un trabajo remunerado no les queda otra que buscar un marido y retenerlo como sea. Se llama supervivencia.

Al lector de Orgullo y prejuicio le dará igual que la sociedad de entonces no tenga, por suerte, nada que ver con la de hoy. El amor, la envidia, la avaricia, el rencor… nos siguen conmoviendo igualmente, y así será mientras exista el ser humano. Por eso nos gusta la literatura clásica.

Si uno no ha leído a Jane Austen de pequeño, puede que en las primeras páginas piense: «Y a mí qué me importa todo esto…». Pero eso será solo un momento. Enseguida quedará atrapado por la capacidad de la autora para describir emociones sin un calificativo de más, la ironía, la precisión de los diálogos, la inteligencia… Al principio parece que no, ¡pero sí!


Título: Orgullo y prejuicio
Autora: Jane Austen
Editorial: Alianza, 2017
Páginas: 584
PVP: 22 €

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