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Rosa Regàs, sus memorias

Conversamos con la escritora Rosa Regàs con motivo de su último libro, Una larga adolescencia.

Hablar de Rosa Regàs es hablar de una literatura valiente, sin cortapisas y sin embargo delicada, cuidada, donde cada palabra se llena, si cabe, de más significado. Una larga adolescencia (Ed. Now Book, 2015) es su nuevo libro, la segunda parte de su biografía, gracias a la cual recorre la historia de nuestro país con un pie puesto en la actualidad, un repaso social, económico y político con verdades como puños y reflexiones que no dejan indiferentes. Dardos inteligentes que despiertan consciencias y que reivindican a su autora como un referente, no solo para las mujeres, sino para cualquiera que quiera luchar por un mundo mejor. Porque si algo ha hecho Regàs es luchar, siempre e infatigablemente.

Segunda entrega de tu biografía, ¿cómo surgió la necesidad de escribir sobre tu vida?
Fue la propia editorial la que me dijo que escribiera un libro sobre mi infancia (Entre el sentido común y el desvarío, Now Book, 2014), en principio, y como tuvo tanto éxito me dijeron que por qué no escribía la continuación y así lo hice. Ahora estoy con la tercera entrega.

El título ya deja claro el rol que desempañaba la mujer.
Te consideraban tan pequeña y tan poco adulta que al final alargaban lo más posible tu adolescencia.

En el relato se refleja ese salto de madurez por el que todos pasamos que es el de tomar las riendas de nuestras vidas, paso que en esa época, los años 50, era mucho más difícil que ahora.
Sí, era complicado, pero en la actualidad también hay sus limitaciones, hay mucha influencia social, lo que los padres quieren para sus hijos, también hay una moral social difusa que también se impone. Cuesta todavía mucho a las mujeres, aún no hemos conseguido la igualdad, ni mucho menos, queda mucho por recorrer.

Y con las crisis hemos dado pasos atrás.
Sí, exacto, las mujeres de mi generación ¡claro que lo notamos!, pero también es cierto que se adelanta muy despacio, a pesar del esfuerzo que hacemos todos; yo recibo muchas revistas literarias y en ellas la mayoría son hombres, hay una mujer entre 25 y poco más, los puestos secundarios están todos ocupados por mujeres pero los primeros no, siguen perteneciendo a ellos.

En la novela incides en cómo el dinero público no era considerado como tal por el régimen, una perspectiva que ha perdurado hasta ahora, herencias que seguimos sufriendo desde entonces:
Claro que sí, cuarenta años de historia no pasan en balde, y se quedan grabados en el ADN de la propia sociedad, si en lugar de estar dominados por unas creencias absurdas hubiéramos sido educados en libertad obviamente hubiéramos sido distintos, es evidente.

En materia de educación tampoco se ha avanzado mucho.
La educación que conseguimos en los pocos años de República todavía no la hemos recuperado ni llegado de lejos a su altura. Nuestros políticos no lo entienden, creen que la cultura es un entretenimiento.

En la novela hay una época en la que conoces a Jordi Pujol y reflejas que ya apuntaba maneras.
A mí no me ha extrañado nada de lo que está sucediendo ahora, porque lo que hacía Jordi Pujol lo sabía todo el mundo, todo el mundo, desde la banca, luego encontramos a personas que no lo han querido ver y que se han echado las manos en la cabeza diciendo que con lo mucho que ha trabajado este hombre por Cataluña, bueno habrá trabajado por la Cataluña que él creía que tenía que trabajar, que por otro lado no era nada del otro mundo. Quiero decir que en el Gobierno de Jordi Pujol el dinero público y gastar éste como se quisiera no se consideró nunca un delito, como tampoco lo consideró nunca la Iglesia Católica. No he oído en ninguno de sus sermones, y se ha hinchado de hablarnos de los pecados contra la pureza, que nos hablara de los pecados de la evasión de impuestos, ni tantas otras cosas que se pueden hacer con el dinero público, desde robarlo hasta gastarlo sin criterio, nunca les he oído hablar de esto. Pero así hemos sido educados.

Complicado que terminaras como una mujer sumisa con los padres que tenías, republicanos y muy activistas.
Creo que más que nuestros padres, con los que desgraciadamente no vivimos nunca, fue la situación tan contradictoria que vivíamos, y que nos ponía tan claramente la verdadera estupidez de lo que nos hacían hacer delante de nosotros, lo que lógicamente provocó que desarrolláramos nuestro propio criterio sobre ello, y cuando nos dimos cuenta de que aquello en lo que la gente se apoyaba, y que nos decían inconvertible, fallaba, buscamos la solución a nuestros problemas y eso es lo que hicimos.

En el libro también hablas de la maternidad, con pasajes muy divertidos como el describir los bandazos de la pediatría y también dramáticos como la enfermedad de tu hijo.
Lo de mi hijo por suerte no es lo normal, son desgracias que te ocurren en un momento determinado. Para nosotras la maternidad pertenecía al mundo normal, te tenías que casar muy joven y tener hijos, pero yo lo quería, no era un imposición, quería tener mis hijos y mi marido. Estaría en el ambiente por supuesto, pero yo lo deseaba ardientemente.

Otro pilar importante, y que a lo largo del libro es un remanso intelectual para ti y punto de unión con muchos de tus amigos, es la música, ¿sigue siendo parte tan importante de tu vida?
Sí, sí, a día de hoy sigue siendo muy importante para mí. Le doy la misma importancia que a la lectura, no podría vivir sin ella. En la época en la que yo viví, precisamente porque estudié la carrera de piano y me familiaricé entrando poco a poco en la música, en sus secretos y en su ambiente, a pesar de que había partes de esta enseñanza que me resultaban soporíferas, me convertí en una adicta y así sigo. Hay gente que le gusta la naturaleza, otros el estudio y a otros el deporte y yo estoy por la música. Cuando veo a estos niños de hoy en día que lo único que les hacen los padres es llevarlos a clases de fútbol, de esgrima, de baloncesto o de todo y que lo que no les enseñan es nada de música, ni están en un club de lectura o en alguna actividad de tipo intelectual, me da mucha pena, es privarles a sus hijos de los grandes placeres de la vida. Cuando tengan 30 años no podrán hacer el deporte como lo hacen ahora, mientras que leer o disfrutar de la música lo podrán hacer siempre, lo tienes toda la vida, pero bueno, son las modas, ahora toca hacer todos los deportes del mundo.

Al final de la novela llegas a Cadaqués, tu paraíso personal.
Era otro ambiente, allí encontré gente que buscaba la libertad, la de todos y la suya propia pasando por encima de todas las imposiciones, fuera quien fuera el que lo impusiera, era otro ambiente. Se hablaba no solo de la política o de lo que ocurría, sino también de la súper importancia de la cultura, fue allí donde aprendí, escuchando a todas esa cantidad de gente que venía de todo el mundo, que un país no puede progresar sin cultura por mucho que nuestros ministros les guste hacer recortes en la cultura por venganzas personales; con la economía nos volvemos más ricos pero no progresamos como país ni muchísimo menos. Si horteras éramos cuando éramos pobres, horteras seguiremos siendo cuando somos ricos, por eso estamos tan llenos de nuevos ricos en nuestros días, tan distintos a los de principio del siglo XX que eran personas que aunque no entendieran de arquitectura o de música, patrocinaban y patrocinaban, aquí no, ahora lo único que quieren es coger el dinero y largarse a un paraíso fiscal, que es lo que les permiten hacer por otra parte.

¿Te sientes ejemplo para otras mujeres?
No, de ninguna manera, cada cual tiene su camino y cada cual tiene sus apetencias, lo que he hecho es beber de muchas otras mujeres que han hecho lo que yo tuve que hacer después, luchar por nuestros derechos, por la igualdad, de la misma forma que también lucho por la justicia, e igualdad no solo entre géneros, entre razas y entre ricos y pobres, todos somos iguales en dignidad y derechos como dice Naciones Unidas.

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